Opinión

Guatemala ¿más de lo mismo?

La inesperada victoria en primera ronda de uno de los candidatos del “establishment”, aunque el menos esperado, y su posible triunfo en la segunda, sumen al país en la incertidumbre respecto de su futuro político y social

Elecciones en Guatemala
Elecciones en Guatemala | Getty Images

Mauricio García |

Pese al reclamo popular, Guatemala fue este domingo 6 a las urnas sin la aprobación de las reformas largamente reclamadas por la ciudadanía a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, y en medio de una fuerte crisis política tras varios casos de corrupción, entre ellos el denominado “La Línea”, que llevó a la renuncia y posterior encarcelamiento provisional del expresidente Otto Pérez Molina y de la exvicepresidenta Roxana Baldetti.

La participación ciudadana en los comicios batió una marca histórica, al alcanzar el 70,38 por ciento, según el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Rudy Pineda, y el voto privilegió al actor y productor de televisión Jimmy Morales, de 46 años, candidato del Frente Convergencia Nacional (FCN).

Como ninguno de los binomios presidenciales -candidatos a presidente y vicepresidente- obtuvo más de la mitad de los votos válidos, los dos con mayor número de sufragios -Morales y la exprimera dama Sandra Torres, de Unidad Nacional de la Esperanza (UNE)- disputarán la segunda ronda electoral el 25 de octubre. En las elecciones generales del domingo, los guatemaltecos votaron, además de presidente y vicepresidente, por 338 alcaldes y asambleas municipales, 158 diputados al Congreso unicameral, y 20 al Parlamento Centroamericano.

El triunfo del candidato del FCN, interpretan algunos analistas, constituyó un castigo a los políticos tradicionales, pero implica riesgos sociales futuros, en un país que se ve sacudido en sus cimientos políticos por un movimiento ciudadano anticorrupción, que en la segunda ronda electoral del 25 de octubre decidirán si Morales, cuyo compañero de fórmula es Édgar Ovalle, un exmilitar, podrá ser el nuevo presidente de la República.

Ovalle integra la derechista Asociación de Veteranos Militares de Guatemala (Avemilgua) y encabeza el listado del FCN al Congreso Nacional. De acuerdo con el Centro de Medios Independientes, fue oficial de operaciones en el área ixil donde, de 1981 a 1982, se llevaron a cabo 77 masacres en los municipios de Nebaj, Cotzal y Chajuls. Además, documentos desclasificados lo vinculan con comandos que participaron en asesinatos y desapariciones de personas en esos años, aunque él lo niega, precisó la fuente.

El sitio digital In SightCrime, indica que si Morales logra la Presidencia, no necesariamente implicará una expresión electoral de rechazo al status quo, como sostienen círculos de la derecha, sino el reemplazo de los intereses de un turbio grupo militar por otros, advirtió esa fundación dedicada al estudio del crimen organizado en Latinoamérica y el Caribe.

Morales se proclama como un nacionalista convencido de que la participación política de todo guatemalteco es la única solución para los problemas que afronta el país.

La decisión que tomó el electorado es arriesgada: es un castigo a la clase a política tradicional, pero a la vez es arriesgado entregar la responsabilidad de dirigir el destino del país a una persona de la que se conoce poco, no sólo de él sino del equipo que le acompaña, expuso Rubén Hidalgo, director del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (INCEP).

En Madrid, en tanto, la activista guatemalteca de derechos humanos Alba Cecilia Morales calificó de “tragedia” que Jimmy Morales resultara el más votado en la primera ronda electoral. Su ascenso inesperado “sólo se explica a partir de la idea de la antipolítica”: una tendencia que en Guatemala busca “dar la oportunidad a gente que no tiene historia de gobernanza” ya que la política tradicional se asocia con “ladrones y corruptos”.

Jorge de León, Procurador de los Derechos Humanos, dijo que los comicios fueron importantes y “un paso más”, pero advirtió que éstos no solucionan los problemas del país. Hay que seguir en la búsqueda de las reformas de fondo en el sistema político y en el sistema de Justicia que eviten la continuidad del esquema perverso de corrupción imperante en Guatemala.

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