Opinión

Convivencia, palabra clave

Las autoridades emprenden una cruzada contra el acoso escolar o el bullying y para ello hay que conjugar los esfuerzos de varias instituciones, la familia y la comunidad

Bullying
Los casos de bullying revelan un abuso de poder. Es una de las principales preocupaciones que tienen los padres respecto a sus hijos |

Nivaldo Cantero Sardiñas |

En los últimos días, ha resonado con mucha fuerza en los medios de comunicación una palabra hasta ahora no tan común en el vocabulario cotidiano.

En intervenciones de la compañera Rosario, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, en conferencias de autoridades del Ministerio de Educación y en otros escenarios se habla insistentemente de emprender una cruzada contra el bullying o acoso escolar.

Primeramente debemos decir que bullying es un anglicismo que no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE), pero cuya utilización es cada vez más habitual en nuestro país.

El concepto se refiere al acoso escolar y a toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre escolares, de forma reiterada y a lo largo del tiempo, según la definición que ofrecen múltiples plataformas en Internet.

Ante esa realidad, las autoridades de Nicaragua han decidido emprender algunas acciones a favor de la prevención y en la promoción de valores en los centros educaciones donde puede generarse ese fenómeno.

Cuando se «rastrean» por Internet algunas características del fenómeno se encuentran disímiles definiciones y conceptos que lo explican, algunos de los cuales es saludable reiterar en la búsqueda de un mayor conocimiento y una superior comprensión de una situación que puede llegar a agravarse con el paso de los días y las semanas.

Existen incluso casos de frustración escolar debido al bullying, que al final dejan en una gran desprotección al afectado, a la familia y la sociedad en general.

Por ello, esta campaña impulsada por el Ejecutivo nacional cobra una importancia mayor en estos momentos de desarrollo del actual periodo lectivo, pues no solo las instituciones educacionales tienen una alta responsabilidad en su enfrentamiento. Desde mi punto de vista, es esencial que la familia comprenda la repercusión que en el futuro tendrá una actitud asumida desde las edades más tempranas.

De acuerdo con estudios, el bullying suele tener lugar en el aula y en el patio de la escuela y es un tipo de violencia que por lo general afecta a niños y niñas de entre 12 y 15 años, aunque puede extenderse a otras edades.

Hurgando en la Wikipedia llegamos a conocer que cuando se habla de bullying se definen muy bien los perfiles que tienen el acosador y el acosado. Así, en el primer caso, estas son las principales señas de identidad que le definen: el acosador es alguien que necesita tener el dominio sobre otro para sentirse poderoso y así ser reconocido, carece de habilidades sociales y no muestra ningún tipo de capacidad de empatía, por regla general, es alguien que suele tener problemas de violencia en su propio hogar y no tiene capacidad de autocrítica y manipula a su antojo la realidad.

El acosado se presenta como alguien sumiso, tiene baja autoestima y además no posee una personalidad segura, presenta una incapacidad absoluta para defenderse por sí mismo, es muy apegado a su familia y suele presentar algún tipo de diferencia con el resto de sus compañeros de clase.

Los casos de bullying revelan un abuso de poder y se ha convertido en una de las principales preocupaciones que tienen los padres respecto a sus hijos.

Con las nuevas tecnologías, el bullying se ha extendido al hogar de las víctimas, en lo que se conoce como ciberbullying, pues los acosadores se encargan de molestar a través de Internet, con correos electrónicos intimidatorios, la difusión de fotografías retocadas, la difamación en redes sociales y hasta la creación de páginas web con contenidos agresivos.

Podrían ser muchas más las explicaciones a partir de lo que se ha estudiado sobre este fenómeno, que no solo ocurre en la sociedad nicaragüense, sino que se ha extendido a todas las regiones del planeta.

Por ello, esta campaña en Nicaragua cobra mucha vigencia, ante las señales apreciadas en los colegios y otras instituciones educacionales. Visto el panorama, es saludable todo cuanto se haga en la escuela, en la familia, en la comunidad, en la búsqueda de una convivencia entre todos los actores sociales y pensando que quienes más sufren son los propios muchachos. Las víctimas y sus secuelas pueden ser para toda la vida. Los victimarios se apropian de conductas que pueden arrastrar el resto de sus días, convirtiéndose en otro problema social cuando alcanzan una edad adulta. Todos tenemos responsabilidad y alcanzar los mejores resultados en esta campaña nacional, diseñada por la Comisión Nacional de Educación de Nicaragua, además de un reto, es una necesidad para lograr el modelo de sociedad cristiana, socialista y solidaria que hoy deseamos la mayoría de los nicaragüenses. No cejar en el empeño es también nuestra responsabilidad.

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