Opinión

¿Qué lugar del mundo acogerá a los que parten?

Diversos son los motivos que obligan a los seres humanos a emprender largas travesías por inhóspitos territorios hasta encontrar la tierra prometida donde establecerse y echar raíces

Migrantes hacia Europa
Migrantes hacia Europa |

Ana Patricia García |

El hombre siempre ha sido una criatura nómada. Desde los albores de la humanidad, el viaje, el desplazamiento en busca de mejor clima, alimento, han estado entre los principales motivos para que las personas no permanezcan demasiado tiempo en un lugar, y decidan fundar su casa allí donde las condiciones de vida son más propicias.

Avanzando en el tiempo otros fueron los motivos que obligaron a los seres humanos a emprender largas travesías por inhóspitos territorios hasta encontrar la tierra prometida donde establecerse y echar raíces.

Entre esas causas tienen hoy un lugar privilegiado las crisis económicas y las guerras. Pero el caso se complejiza aun más cuando estos dos elementos se complementan y se convierten en la realidad que viven miles de personas en distintos lugares del mundo, principalmente en países de África o del Medio Oriente como Eritrea, Nigeria, Siria o Afganistán.

En este sentido, el mundo mira con alarma la ola de migraciones que está sucediendo, fundamentalmente de estos países hacia la seguridad de las naciones de Europa occidental, en su huida de la pobreza, de los conflictos armados, de los grupos radicales como el Estado Islámico o Boko Haram.

El caso es que tal movilidad y sus consecuencias no habían sido previstas por las naciones receptoras, las cuales en el mejor de los casos, implementan sistemas de ayuda a los inmigrantes, otras optan por “combatir” a los traficantes de personas y los más reaccionarios, cierran sus fronteras o servicios de transportes para impedir el tránsito de los migrantes en su camino hacia otros países.

Aunque sabemos que las cifras a veces no ilustran con la necesaria contundencia las experiencias humanas, en ocasiones hay que valerse de ellas para describir los avatares que ciertos grupos humanos están padeciendo en su lucha por la sobrevivencia.

De acuerdo con datos difundidos este martes por la Organización Internacional para las Migraciones más de 350 mil migrantes han cruzado el Mediterráneo en lo que va de año hacia Italia o Grecia, lo que representa el 60% de la cantidad registrada en todo 2014, al tiempo que el número de personas muertas intentando la travesía superan las 2.600.

Por otra parte medios de prensa resaltaron también que Hungría cerró la principal estación de tren de Budapest, Keleti, donde llegaron más de tres mil refugiados procedentes de Siria y Afganistán con el objetivo de tomar los trenes que se dirigen rumbo a Austria y Alemania.

Algunos califican que esta es la peor crisis de refugiados que se recuerde desde la gran estampida humana provocada por la Segunda Guerra Mundial en esta región, pues solo en agosto se registraron 50 mil migrantes entrando a los países de la Unión Europea a través de Hungría.

Y eso es solo los números que se han recogido en esta jornada, cifras que no tienen rostros, que no cuentan las historias de los seres humanos que pretender representar, cuyos dilemas existenciales solo podremos imaginar un poco, pero nunca sentirlos en su terrible profundidad.

En mayo de este año la región asiática también fue removida por un movimiento de refugiados similar, cuando mil 500 inmigrantes procedentes de Myanmar y Bangladesh llegaron a las costas de Malasia e Indonesia al ser abandonados a su suerte por traficantes de personas y tuvieron que permanecer en las barcazas varias jornadas a la espera de que la burocracia cediera ante la inminente necesidad de salvar sus vidas.

Ante situaciones de estas características los países involucrados, principalmente los receptores, desarrollados, explotadores, financiadores muchas veces de los conflictos armados que en las naciones más pobres encuentran el caldo de cultivo propicio para germinar, fortalecerse y extenderse en el tiempo, solo ofrecen paliativos y nunca van a las causas profundas de este trasiego humano.

Del 2015 va quedando poco, apenas unos meses. En ese lapso de tiempo veremos cuánto se avanza en la resolución de estas circunstancias.

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