Opinión

Estados Unidos dejó que surgiera el Estado Islámico

Ex jefe de inteligencia norteamericano explica que desde 2012 conocían del potencial peligro contenido en esa organización terrorista. ¿Por qué no se hizo nada entonces?

Michael Flynn, ex director de la Agencia de Inteligencia de Defensa
Michael Flynn, ex director de la Agencia de Inteligencia de Defensa |

Alejandro Guevara |

Estados Unidos sabía al menos desde 2012 que el Estado Islámico podía convertirse en una organización terrorista con el alcance que hoy ostenta, pero tomó la decisión “deliberada” de no interferir, reveló Michael Flynn, ex director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés).

Por ese entonces se fortalecieron los grupos mercenarios y opositores al gobierno del presidente sirio, Bashar al Assad, los que desembocaron en la creación del Frente Al Nusra y el Estado Islámico (EI).

El primero es hoy leal a Al Qaeda, una de las organizaciones terroristas más notorias, con la que ya se compara al otro, el autodenominado EI, que tiene sus raíces en el todavía caótico Irak.

Pese a las advertencias de los servicios secretos militares, Washington hizo oídos sordos, afirmó Flynn en una entrevista con Al Jazeera.

Un informe de la DIA dado a conocer por Judicial Watch, presentado en agosto de 2012, aseveraba que «los salafistas, los Hermanos Musulmanes y Al Qaeda en Irak son las principales fuerzas que impulsan la insurgencia en Siria», apoyados por «Occidente, los países del Golfo y Turquía».

El documento, desclasificado en mayo pasado, analiza la situación siria en el verano de 2012 y lanza una predicción sobre «la posibilidad del establecimiento de un principado salafista declarado o no declarado en el este de Siria».

Advierte el informe de las «graves consecuencias» asociadas a este escenario, que permitiría a Al Qaeda recuperar sus posiciones en Irak y unificar las fuerzas sunitas yihadistas en ese país, Siria, y el resto de los sunitas del mundo árabe, para enfrentarlos contra las demás minorías musulmanas que ellos consideran “disidentes”.

«El Estado Islámico de Irak también podría declarar un estado islámico a través de su unión con otras organizaciones terroristas en Irak y Siria, lo que creará un grave peligro respeto a la unificación de Irak y la protección de su territorio», predecía entonces el informe de DIA lo que hoy ya es un hecho.

Quizá Washington viró sus espaldas al asunto pues confiaba en que estas fuerzas, alimentadas con su propio armamento, pondrían fin al Gobierno de Al Assad, lo que no ha sucedido y ni siquiera está cerca de ocurrir.

Contrario a esas expectativas imperialistas, el Estado Islámico se fortaleció, especialmente con una campaña de terror que le hace parecer más poderoso de lo que realmente es, y hoy es un problema de seguridad para todo el planeta.

Los del EI han perpetrado atentados incontables en Irak y Siria, donde han destruido también numerosas obras y ciudades consideradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Al mismo tiempo, extienden sus tentáculos con golpes de efecto, como el brutal ataque contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo o la difusión de videos terribles con decapitaciones y otras ejecuciones a personas que han sido hechas prisioneras en la zona donde operan.

La situación ha desembocado en que Turquía, preocupada por el EI, ha autorizado a Estados Unidos a utilizar sus bases militares para atacar posiciones de los extremistas en Irak y Siria, donde han establecido su “califato”.

La medida, si bien puede verse como una ofensiva contra el EI, podría ser también una estratagema de los halcones de Washington. Analicémoslo por un minuto: ahora Estados Unidos, con su presencia en Turquía, puede concentrar más personal militar cerca de Damasco. ¿Buscarán invadir Siria de una vez por todas?

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