Opinión

La inscripción de la existencia

La política de registro desarrollada por el gobierno sandinista, hace justicia a miles de niños y niñas que antaño no aparecían en ningún documento

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Nivaldo Cantero Sardiñas |

De las políticas inclusivas emprendidas por el gobierno sandinista en los últimos ocho años hemos escrito algunas notas anteriores. Muchas de ellas han estado dirigidas a las familias más desfavorecidas durante los gobiernos neoliberales, en la búsqueda de ofrecer oportunidades a los núcleos que hoy confían en la redención, gracias a las autoridades que gobiernan el país, encabezadas por Daniel y Rosario.

Hoy quiero profundizar en una de las campañas más humanas que ha impulsado el actual ejecutivo nacional y que ha tenido su expresión más sincera en algunas de las zonas antes olvidadas del Caribe nicaragüense. Se trata de la campaña Yo existo, que promueve el registro civil entre niñas y niños de 0 a 12 años de edad.

¿Qué sucedía antes de esta acción del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional? ¿En qué estadísticas aparecían quienes nacían y no eran reconocidos como tal? ¿Cómo implementar políticas de beneficio económico, cultural, deportivo y social, sin tener el conocimiento de quiénes deben ser los beneficiarios? ¿A dónde irían a parar quienes no estaban registrados en ningún documento y por lo tanto no había fe de su existencia sobre la tierra? ¿Cómo mejorar la vida de personas que estaban vivas, pero a los efectos legales, no constaban en lugar alguno?

Estas y muchas otras interrogantes saltan cuando se analiza el fenómeno que ocurría en muchas regiones de la geografía nacional y que por suerte para los implicados, tiene hoy una respuesta coherente de quienes dirigen los destinos de la nación.

Porque la inscripción de los menores no solo es para su reconocimiento legal. Significa mucho más que eso, es una medida fundamental para proteger a la infancia contra los malos tratos y la explotación, además de ser reconocida por el Código de la Familia, que entró en vigor en abril del actual año y que defiende el derecho a la identidad de todos los niños y niñas nicaragüenses.

Cada pequeño o pequeña registrado es una garantía para ellos y sus familias de poder recibir educación gratuita, atención de salud y otros beneficios sociales que hoy el gobierno sandinista brinda a todos los ciudadanos, bajo el principio de asegurarles una infancia feliz y un crecimiento acorde con las aspiraciones de lograr una sociedad cada vez más inclusiva y participativa, donde no estar inscrito en los documentos establecidos, se convierte de hecho en otra forma de discriminación.

Con este tipo de programas los niños y niñas que llegan al mundo tienen el derecho a tener nombre y nacionalidad. Algunos pudieran pensar que en pleno siglo XXI, con tanto desarrollo, es obvio un paso como este; sin embargo, aún queda mucho por hacer en este campo en algunos lugares de Nicaragua, donde las políticas discriminatorias de antaño sembraron en esas comunidades tal nivel de inercia y anarquía, que se convirtió en una costumbre discriminatoria con la cual convivir.

La última de las iniciativas, impulsada por el Registro Central del Estado Civil de las Personas, el Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos, la Alcaldía de Puerto Cabezas y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), benefició a miles de niños de los lugares mencionados.

Entonces reinó la alegría en los menores y sus familiares más allegados, quienes hoy ya disfrutan de la identidad que le negaban en otros momentos. Podríamos decir que la inscripción de la existencia es también otro paso más en el rescate de los derechos mancillados durante tantos años. Y ahí está, como lo percibimos en otros muchos programas, la mano del gobierno sandinista, que sigue apostando por una Nicaragua Cristiana, Socialista y Solidaria. Otra expresión del buen gobierno que hoy disfruta el pueblo de la tierra de los lagos y volcanes, otro apuesta por el futuro de esta Patria de Sandino y Fonseca, de Daniel y Rosario.

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