Opinión

Una lucha por la vida

Todos debemos participar en el enfrentamiento a las disímiles enfermedades que se levantan como un reto a la salud de los ciudadanos

Lucha contra el zancudo
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Nivaldo Cantero Sardiñas |

El mundo está lleno de tantas enfermedades que puede uno no acabar de conocerlas en su verdadera dimensión, si intenta recopilar todo lo que se conoce y daña la vida de los seres humanos.

Epidemias de cólera, la amenaza del chikungunya, el ébola matando a miles de personas, el virus del Mers que castiga sin piedad en países de Asia, la leptospirosis azotando hogares indefensos, infecciones respiratorias, cuadros diarreicos agudos, en fin, múltiples padecimientos que hoy recorren el planeta con una estela fatal de muerte y desolación.

Nicaragua no está exenta a la influencia de muchas de esas enfermedades. De hecho, algunas tienen incidencia y han causado daños en sectores de la población del país. No vivimos en una urna de cristal, pues en esta era de la globalización mundial, las interconexiones entre las diferentes regiones de la Tierra son cada vez más intensas. Estamos rodeados de naciones que pueden tenerlas, hay una amplia afluencia de personas al país y que pueden ser portadoras de virus u otras enfermedades y, como nunca antes, existe una amenaza permanente.

¿Qué hacer entonces para reducir al mínimo cualquier brote de alguna de esas u otras enfermedades? ¿Cómo lograr que no sucedan lamentables acontecimientos como la muerte hace unos días de una niña como consecuencia del dengue?

Pudiéramos hacer muchas otras interrogantes, pero lo primero es tener conciencia de que podemos cambiar el panorama. Las autoridades del país, en los recientes años, han desarrollado intensas campañas para eliminar de nuestro entorno el mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue y enemigo número uno de quienes deben impulsar las campañas para su erradicación.

El Gobierno Sandinista, con el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario en su conducción, ha prestado y presta especial atención a esta situación y emprende la campaña de enfrentamiento desde varias posiciones, pero hay una fundamental, que está relacionada con la creación de la percepción de riesgo entre la ciudadanía.

Al zancudo podemos fumigarlo intensamente y abatirlo en un lugar, pero si al lado de donde se eliminó se mantienen las condiciones propicias para su reproducción, el Gobierno gastó dinero, las familias siguen en riesgo y no se logró el efecto de eliminación que se busca con la fumigación extra e intradomiciliaria.

La batalla para la erradicación de muchas de la enfermedades transmisibles por vectores, como el propio mosquito Aedes aegypti, pasa, en primer lugar, por la conciencia que tengamos todos en la lucha por enfrentarlo y erradicarlo.

No es posible sin la participación ciudadana lograr el objetivo fijado. La familia y la comunidad deben fortalecer las medidas preventivas, y seguir las recomendaciones de las autoridades de salud, apoyando el proceso de abatización, limpiar canaletas y techos de los hogares, las áreas interiores de los hogares, evitar que el agua de lluvia se acumule en zonas indebidas y provoque la generación de criaderos de mosquitos, así como conservar tapados los recipientes donde se almacena agua o alimentos y lavarse las manos de manera frecuente.

El personal de salud en todo el país realiza labores sanitarias en los hogares, pero es una responsabilidad ciudadana respaldarlos y participar responsablemente en estas acciones. Es una lucha por la vida y en ella nos va la vida. Todos debemos participar, siendo conscientes de que cada acción que hagamos en favor de la salud, es también una respuesta a la disminución de las enfermedades que podemos evitar, y que son, a final de cuentas, las que ponen en peligro la vida nuestra y de nuestros seres más queridos. Responsabilidad compartida, enfrentamiento certero, deben ser las respuestas de toda la sociedad ante tales desafíos.

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