Opinión

Cuba y Estados Unidos rompen el hielo

Tras más de medio siglo de estancamiento, los dos países vecinos iniciaron el proceso para restablecer sus relaciones diplomáticas y abrir un nuevo capítulo en la accidentada historia que los une

Cuba y Estados Unidos
Banderas de Cuba y Estados Unidos | EFE

Alexander Guerra |

Para dos países vecinos que carecen de relaciones diplomáticas desde hace más de medio siglo, el simple hecho de compartir una mesa y debatir en términos civilizados constituye un acontecimiento extraordinario.

Y eso fue exactamente lo que sucedió durante el miércoles y el jueves de la semana pasada en La Habana, donde Cuba y Estados Unidos sostuvieron las primeras conversaciones formales para trazar una hoja de ruta para la apertura de embajadas en sus respectivas capitales.

La delegación norteamericana estuvo presidida por la secretaria asistente de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, la funcionaria de más alto rango que visita la Isla en casi cuatro décadas.

Jacobson cuenta con más de 25 años de carrera en el Departamento de Estado y es la primera mujer que ocupa su cargo actual, desde el que supervisa a más de 10 mil personas en una treintena de países.

Otra mujer encabezó la delegación cubana. Josefina Vidal, directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, es una fina, certera e inteligente diplomática que domina a la perfección los idiomas inglés, francés y ruso. Hoy por hoy es considera una de las principales artífices de las políticas hacia Estados Unidos, país donde vivió por cuatro años de 1999 a 2003.

La reunión que sostuvieron ambas damas el jueves marca el inicio formal del deshielo en el Estrecho de la Florida. Para llegar a ese punto, ambos gobiernos estuvieron 18 meses en contacto mediante canales secretos y reuniones en Canadá, que contaron con el impulso del Papa Francisco.

Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron simultáneamente el pasado 17 de diciembre que habían acordado restablecer relaciones y abrir un nuevo capítulo en la accidentada historia que une a Cuba y Estados Unidos.

Sin embargo, ahora le toca el turno a la burocracia de implementar cómo y cuándo se izarán las banderas en las misiones diplomáticas de La Habana y Washington.

Un primer paso muy importante

La reunión del jueves tenía precisamente el objetivo de abordar los principios generales sobre los que se sostendrán los futuros nexos y establecer un calendario para llegar a ese punto.

Ambas partes coincidieron en que el ambiente fue “positivo” y el diálogo “provechoso”, dos palabras muy comunes en la diplomacia pero que no se escuchaban hacía mucho tiempo entre Cuba y Estados Unidos.

La ocasión sirvió para abordar cara a cara las posiciones de cada parte y reconocer los indiscutibles retos que presenta superar más de 50 años de desconfianza.

Para Cuba, lo más importante fue dejar claro que los futuros lazos deben estar basados en los principios del derecho internacional refrendados en la Carta de las Naciones Unidas y las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares.

Lo anterior lleva una traducción muy simple. Estados Unidos tiene que respetar el sistema político, económico y social que han escogido los cubanos y evitar cualquier forma de injerencia en los asuntos internos o amenaza a los elementos políticos, económicos y culturales de la nación. Eso incluye que una futura embajada no se convierta en un centro de operaciones para actividades subversivas.

La secretaria de Estado norteamericana estuvo de acuerdo en aceptar el marco de las Convenciones de Viena, que al menos en teoría guía las relaciones de Washington con el resto del mundo.

Además, para La Habana hay otros puntos esenciales en el proceso hacia la normalización, como son el fin del bloqueo económico, comercial y financiero que sufre hace más de medio siglo y la revisión de su injusta inclusión en la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional.

Aunque Obama ha dicho que espera que el Congreso inicie los debates para eliminar el bloqueo y ordenó al Secretario de Estado, John Kerry, que revise la lista unilateral respecto al terrorismo, lo cierto es que ambas cuestiones se mantienen como una daga en el cuello de la Isla.

La parte estadounidense, entretanto, centró sus reclamos en su interpretación de los derechos humanos y las libertades políticas.

De hecho, el enfoque con que lo presentaron generó el roce más notorio entre las partes. Un comunicado de Jacobson que fue distribuido a la prensa, pero que ella no leyó ante las cámaras, dice textualmente: “Como elemento central de nuestra política, presionamos al gobierno cubano para que mejore las condiciones de los derechos humanos, incluida la libertad de expresión y de reunión”.

La palabra “presionamos” no se usó en el encuentro. No es algo común en este tipo de conversación, respondió Josefina Vidal pocos minutos después, dejando en evidencia que el comunicado estaba más dirigido a un público específico en Estados Unidos que a reflejar el tipo de debate que realmente estaba ocurriendo a puertas cerradas.

“Cuba ha demostrado a lo largo de su historia que nunca ha respondido ni responderá a presiones de ninguna parte que provengan”, añadió la diplomática.

Además, reiteró la propuesta que había hecho hace un año al gobierno de Obama de sostener un diálogo respetuoso y recíproco para abordar posiciones sobre derechos humanos y democracia, a partir de que Cuba también tiene preocupaciones sobre lo que sucede en Estados Unidos.

Esta confrontación de opiniones era de esperar, pero lo que marcó el cambio fue la posición expresada por Jacobson durante su último día en La Habana: “las diferencias entre Estados Unidos y Cuba no deben ser motivo para que ambos países carezcan de nexos diplomáticos”.

En ese “acordamos que no estamos de acuerdo” está la clave para continuar avanzando. Además, Jacobson dejó claro que no existen condicionamientos en ningún tema para restablecer relaciones.

Cambio de estrategia, no de fines

El mensaje más claro que dejó Estados Unidos en la cita fue que su país está cambiando la táctica pero no ha abandonado sus fines.

Jacobson se reunió con la llamada disidencia cubana, muchos de los cuales han recibido dinero de su país para subvertir el orden interno cubano, y la funcionaria del Departamento de Estado no escondió su esperanza de contar con un vecino que se pareciera más a Estados Unidos.

Pero para los cubanos saber que Washington busca un cambio de régimen en el país no es una noticia nueva.

Tras medio siglo de amenazas de invasión directa, sabotajes y proyectos subversivos, La Habana tiene bajas esperanzas en este sentido, y se conformaría con una convivencia más civilizada.

Además, Cuba tiene mucho que ganar en el terreno económico con un posible relajamiento del bloqueo.

Obama ya empezó a recorrer ese camino pero muchos consideran que los cambios han sido tímidos, y el presidente podría ir mucho más lejos.

“Cuba espera que el presidente, en uso de sus prerrogativas ejecutivas, continúe modificando aspectos adicionales del bloqueo de manera significativa de modo que pueda vaciar bastante de contenido esa política que permanece”, dijo Vidal.

A pesar de que las regulaciones que entraron en vigor el 16 de enero pasado —que dan cumplimiento a las medidas anunciadas el 17 de diciembre de 2014— modifican la aplicación de algunos aspectos del bloqueo, no fueron abordados asuntos medulares. Entre ellos, el uso del dólar por parte de Cuba en sus transacciones financieras internacionales, la adquisición en otros mercados de equipos y tecnología que contengan más de 10 por ciento de componentes norteamericanos, la posibilidad de comerciar con subsidiarias de empresas estadounidenses en terceros países y las importaciones por Estados Unidos de mercancías que contengan materias primas cubanas.

La Isla está en plena actualización de su modelo económico y le vendría bien el impulso de una mejor relación comercial con el norte y el flujo de nuevos turistas.

Ambas partes dejaron claro que lo que se está debatiendo por el momento es el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas. Pero el proceso de normalización plena será “largo y complejo”.

Entretanto, se mostraron convencidos de que deben identificar áreas de interés común en las que puedan desarrollar la cooperación en beneficio de ambos países, la región y el mundo.

Para empezar, no está nada mal.

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