Opinión

El nuevo episodio subversivo anticubano

Una nueva revelación periodística desnuda otra operación clandestina contra Cuba

Cuartel General de la USAID en Estados Unidos
Cuartel General de la USAID en Estados Unidos |

Joaquín R. Hernández |

Primero fue Zunzuneo, un proyecto donde se mezclaban la maldad y la chapucería.  Intentaba crear una especie de Twitter cubano, en torno al cual se reunieran cientos de miles de afiliados que, suerte mediante, se transformarían de intercambiadores de fotos y chismes, en activistas políticos contra la Revolución cubana.

Develado el programa por la agencia Associated Press (AP), probablemente la mayor del mundo y -más allá de sus políticas- una de las de más reputación profesional, salieron a relucir sus animadores: la célebre USAID y una extraña compañía contratada, CreativeAssociates, de la que hasta hoy solo se conoce su probada ineficiencia.

De cualquier modo, fue un alerta: los métodos de agresión yanqui contra Cuba, que habían recorrido infructuosamente un amplio espectro, desde agresiones armadas a la escala de la invasión de Playa Girón, hasta los más brutales intentos de aislamiento internacional, intentaban adaptarse a los nuevos tiempos.

Y fue un alerta en otra dirección: ahora se trataba de socavar el patriotismo de la juventud cubana, la que por fuerza natural estará a cargo de la dirección del país en pocas décadas.

Por supuesto que las refutaciones al documentado informe de AP se repitieron, y lo peor, se llegó a asumir que semejante acción subversiva era perfectamente legal.  Que, a pesar de haber actuado a ocultas, no había nada que esconder.

No quedaba nada que esconder. El informe periodístico había puesto todo al desnudo.

Ahora se ha puesto también al desnudo otro proyecto probablemente más maquiavélico, igualmente injerencista y altamente irresponsable.

Jóvenes reclutados en Venezuela, Costa Rica y Perú fueron enviados con fachada de turistas a Cuba para infiltrarse en medios estudiantiles y promover movimientos de rebelión contrarrevolucionaria en sus ámbitos de acción.

Como en el caso de Zunzuneo, el amateurismo se dio la mano con la mala intención y la irresponsabilidad: el proyecto decursaba en el mismo momento en que las autoridades cubanas detenían a otro agente de la subversión, el contratista Alan Gross. Los jóvenes, sin saberlo, eran dejados a la incierta suerte de quien obra en la ilegalidad contra la estabilidad interna de un país extranjero.

La preparación fue ridícula. Yajaira Andrade, una de las venezolanas reclutadas, explicó: “Nos dieron una semana de cursos para decirnos qué era lo que íbamos a hacer, y cómo lo íbamos a hacer”.

Enseñanzas innecesarias

Los métodos también lo fueron. El más notorio de los reclutados, el costarricense Fernando Murillo, ideó introducirse en los colectivos mediante una de las actividades más innecesarias en Cuba: talleres de educación sexual y de prevención del VIH.

Desde hace muchos años, varias instituciones cubanas se han sucedido en esta tarea con un apoyo permanente de todos los medios de difusión y con un reconocido éxito. Cuba hoy tiene un alto índice al nivel internacional en la atención, el control y sobre todo en la prevención del SIDA entre los jóvenes.

Algunos de los objetivos del taller no tienen desperdicio. Dice AP: “Por ejemplo, se les iba a enseñar cómo usar apropiadamente un condón”.

Pero no eran muy creativos los funcionarios de CreativeAssociates.  Informa AP:

“Recientemente, la CIA dejó de usar programas de vacunación de personas para reunir información de inteligencia, como el que montó en Pakistán y que tenía como objetivo dar con Osama bin Laden.”

CreativeAssociates informó que los talleres habían sido “un éxito” y que se utilizarían como “modelo a aplicar en toda la isla”.

No es extraño que se sobrestimara la pírrica experiencia –Fernando Murillo afirma que en el taller participó un agente de la contrainteligencia cubana-, pues la compañía contratada contaba con el presupuesto asignado a la operación: 18 millones de dólares.

El escándalo está en marcha, y las reacciones son similares a las que respondieron al de Zunzuneo. Con plena arrogancia, el Departamento de Estado se atribuyó el derecho de realizar estas actividades con el fin de “promover la democracia y los derechos humanos”.

Y un veterano de la USAID de origen cubano, “exhumado” a los efectos de la réplica, saludó que la administración del presidente Barack Obama hubiera proseguido estos proyectos, nacidos durante el mandato de George W. Bush. Ileana Ross Lehtinen, que no requiere presentación, también arguyó que se trataba de un programa público y abierto.

Pero el proyecto no tuvo nada de público ni de abierto ni de inocente.

La documentada investigación de AP nos da algunas claves:

-Fernando Murillo tenía la misión de “reclutar a jóvenes cubanos para que hicieran activismo en contra del gobierno comunista de la isla, cuya misión ejecutó organizando programas que estaban disfrazados de actividades cívicas… tenía instrucciones de comunicarse cada 48 horas y lo podría hacer usando una serie de códigos de seguridad acordados.”

-“Los jóvenes viajeros de USAID se hicieron pasar por turistas cuando estaban en los campus universitarios cubanos…”

-“En otro aparte del reporte, Murillo revela otro de los objetivos del programa: “la generación de una red de voluntarios para la transformación social”.

Solo un tonto o un malintencionado pueden tomar medianamente en serio las reacciones oficiales estadounidenses.

Faltaría otro no pequeño detalle: la acción violatoria de la soberanía de terceros países, al proceder la USAID al reclutamiento de sus nacionales para desarrollar acciones subversivas contra una nación latinoamericana.

El tema no ha desaparecido de los principales titulares. Seguramente, en próximos días, conoceremos más detalles de esta truculenta aventura.

también te puede interesar