Opinión

Dr. Fiallos, dos elecciones y un solo himno a la Democracia

Extremandamente oportunista admiración que dicen tener los ultraconservadores por Mariano Fiallos Oyanguren

Mariano Fiallos Oyanguren
Mariano Fiallos Oyanguren |

Edwin Sanchez |

Cuando los sectores ultraconservadores recuerdan el nombre de Mariano Fiallos Oyanguren, sus referencias, a simple vista, son altamente positivas, pero esa admiración no es del todo sincera, sino extremadamente oportunista.

Si realmente se exaltara con el corazón al finado académico, no se le reduciría únicamente al proceso electoral que condujo en 1990. En todo esto, no deja de haber una doble moral.

El trabajo tan minucioso que significa vertebrar un Poder del Estado, bajo el mandato del Consejo de Estado, que por primera vez funcionaría con honradez en la historia de Nicaragua, y organizar el sistema electoral, que va desde las garantías para los sujetos protagonistas de la justa, los mecanismos de participación, la fluidez del proceso, incluso, fijarse hasta en detalles como el diámetro y longitud de la ranura de la urna, no es, sin restarle méritos al notable educador, obra de una sola persona: es el fruto de la voluntad del FSLN, del trabajo diligente de los magistrados, funcionarios y empleados a cargo de preservar, a toda costa, la decisión del soberano.

El doctor Fiallos respondió al reto de la historia y llevó adelante, sin menoscabo de su magistratura, dos emblemáticos procesos electorales, y no uno. Demostró que el partido acusado de autoritario, comunista, “ñángara”, antidemocrático, responsable del cambio climático y de por lo menos siete de los 22 capítulos del Apocalipsis, nunca le mandó “resultados” por debajo de la mesa de las Juntas Receptoras de Votos.

En medio de la agresión militar financiada por los halcones de Estados Unidos, decididos a tumbar el gobierno revolucionario, el Frente Sandinista abrió dos abanicos para traer los nuevos vientos que jamás habían soplado en Nicaragua: la tolerancia y el pluralismo.

Obviar el terrible trauma a la democracia naciente, provocado por la primera potencia económica y bélica del mundo, sería no comprender el fenómeno social y político de una Revolución que, asediada y todo, escogió a un militante probado y de profundas convicciones sandinistas, que es lo mismo que decir democráticas, para encargarse de desarrollar los sufragios con pulcritud y transparencia.

Tal es el patrón que ha caracterizado al sandinismo desde las primeras elecciones diáfanas que este año cumplirán 30 años. ¡Más de un cuarto de siglo de democracia!, aunque en la narrativa de la Restauración Conservadora, la historia empieza y gira solo alrededor de sus herederos.

El Año de la Democracia

No se relata toda la historia cuando se “desaparece” al doctor Mariano Fiallos, presidente del Consejo Supremo Electoral de 1984, y, por arte de magia, solo “surge” en 1990. Nadie de la derecha fundamentalista quiere recordar al insigne nicaragüense que dirigió el inaugural proceso comicial de la Democracia, porque entonces el candidato, Daniel Ortega Saavedra, se alzó con una apabullante victoria del 62.89% de los votos.

El más cercano adversario, el Partido Conservador Demócrata de Nicaragua (PCDN), liderado por el doctor Clemente Guido (q.e.p.d.), obtuvo el 13.18%. El inclaudicable luchador antisomocista como gran demócrata, reconoció el triunfo sandinista. El PLI generó el 9.02%.

Los extremistas de la época, algunos de los cuales hoy alaban al doctor Fiallos, se retiraron de la contienda porque sabían que el pueblo no les iba a respaldar sus programas, y sacaron el injurioso pretexto, hoy desgastado por los años, de que no había “garantías para el voto”.

Si ahora admiran al doctor Fiallos es porque el 26 de febrero de 1990 declaró ganadora a la candidata de la Unión Nacional Opositora, Violeta Chamorro, y lo que hizo el Presidente Magistrado, al frente del tribunal electoral, fue transmitir la realidad condensada en los votos con la misma eficiencia y diafanidad de 1984.

¿Por qué, pues, se pone en el altar de la democracia al doctor Fiallos por las elecciones de 1990 y no también por las anteriores? Simple, el radicalismo conservador no está dispuesto a tolerar a nada ni nadie que no lleve la marca de su vetusto fierro que hundió al país en el atraso secular en todos los órdenes, desde la ganadería extensiva, la agricultura con espeque, una industria chapada a la antigua, un pensamiento inspirado en el ocaso y un concepto primitivo de la democracia que obedece a un modelo dependiente. ¡Mencionarles el Canal Interoceánico es como hacerle la cruz a Drácula!

El sofisma

Cada vez que se evoca la figura del doctor Fiallos, se trata, desde el fundamentalismo derechista, de fabricar una verdad, en este caso, una dicotomía entre el sandinista y su praxis. Quieren causar la impresión, entre la población, de que un sandinista al frente de una institución es un “peligro”.

Mientras, este mismo sector excluyente se autoconstruye una falsa armonía con el pueblo, usurpando su representación, en el que sus correligionarios son la “democracia” y los demás bandoleros, como Somoza difamaba al Ejército del general Sandino.

Por eso, la derecha conservadora trató de dejar este “inocente” mensaje, aprovechando para sus objetivos hasta un duelo: “a pesar de que era miembro del FSLN, antes que su militancia, privilegió el respeto a la voluntad del pueblo”.

La perversidad en todo esto es que si el FSLN pierde, el CSE que organice esas elecciones va directo al “Credo”, pues “la democracia ha ganado”, pero si el pueblo decide lo contrario, el viciado guión del “fraude” y el “asalto a la democracia” sonarán también con todos los fierros.

El sandinismo no se contradice con el espíritu republicano. El recordado presidente del CSE, precisamente por ser militante sandinista y no “a pesar de”, cumplió con excelentes notas el gran encargo de inaugurar el sistema político de Nicaragua.

Después de 45 años de dictadura somocista y 146 años de independencia formal, Nicaragua logró ser una verdadera República. Su segundo arbitraje, en 1990, confirmó el talante del Rector Magnífico y la vocación democrática del FSLN.

La actual gobernabilidad democrática se sostiene en esa honrosa historia, aunque toda obra humana siempre es digna de perfeccionarse.

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