Opinión

Migración, sin voluntad política para un desenlace en EE.UU.

Por una razón u otra, se boicotea la búsqueda de una solución para los 12 millones de indocumentados

Almacenes niños migrantes
Los niños se encuentra recluidos en almacenes |

Redacción Central |

El presidente Barack Obama decidió obrar por su cuenta en el tema migratorio y anunció  que tomará medidas ejecutivas (aunque no dijo cuáles) para reformar el sistema migratorio en Estados Unidos por la  parálisis que ha tenido la iniciativa legislativa  en el Congreso,  una prueba más de que no hay voluntad política de hallar soluciones a esta grave situación.

No se puede olvidar que en su  primera administración (2009-2012)  Obama  hubo más deportaciones a Centroamérica que en las dos previas consecutivas de George W. Bush (2001-2009).

Un año más tarde, el Senado aprobó  una propuesta de  reforma migratoria integral que, con respaldo bipartidista, dio la esperanza a millones de personas de poder regularizar su situación legal en el país, donde llevan muchos años trabajando y construyendo su vida.

El proyecto de ley estaba muy lejos de ser perfecto, pero representaba la mejor oportunidad en décadas para actualizar un antiguo marco legal migratorio, que ya no corresponde a las necesidades económicas estadounidenses ni a la tranquilidad de la fuerza laboral inmigrante.

Lamentablemente, hoy esa reforma está moribunda en la Cámara de Representantes y, como dijo ayer el propio Obama, “no podrán salir de la sombra”  sin esa reforma los cerca de 12 millones de indocumentados que viven en EE.UU (un número mayor que la población total de muchos países del mundo) y que están entre los que más aportan en áreas productivas y de servicios.

Por lo pronto, presiona la gran crisis humanitaria que se vive en la frontera con México, particularmente en Texas.

Aproximadamente 52,000 menores de edad han sido detenidos en ese Estado cuando cruzaban solos la frontera desde octubre pasado. En la actualidad, la mayoría de ellos viven en bodegas adecuadas para albergarlos, en espera de ver a un juez de inmigración que determine su destino.

De manera oportunista los republicanos en Estados Unidos  aprovechan esa crisis para darle la estocada final a la moribunda reforma migratoria y  atacar al presidente Obama por la medida administrativa de acción diferida dictada en 2012 a favor de los denominados «dreamers” (soñadores),  personas que viven en Estados Unidos sin documentación legal, a menudo llamados en forma peyorativa ilegales, aunque llegaron al país durante su infancia y, en algunos casos, cuando eran bebés.

Como tema de campaña electoral en junio de 2012, Obama  dijo en un mitin en el  estadio Rose Garden: “Esta mañana la Secretaria Napolitano anunció las nuevas medidas que mi gobierno tomará para mejorar la política de inmigración de nuestro país, para hacerla más equitativa, más eficiente y más justa, en particular para ciertos jóvenes en ocasiones llamados soñadores”.

El mandatario los caracterizó  entonces  como “jóvenes que estudian en nuestras escuelas, que juegan en nuestros barrios, son amigos de nuestros hijos, juran lealtad a nuestra bandera. Son estadounidenses de mente y alma, de todos los modos posibles, excepto uno: en los papeles”.

Desde hace diez años existe una campaña para que se apruebe una ley en el Congreso que le dé a estos jóvenes el estatus de ciudadanos legales a través de un proyecto de ley denominado DREAM, siglas de Ley de desarrollo, ayuda y educación para los menores extranjeros, pero siempre es torpedeada por alguna u otra razón.

Las imágenes de los menores de edad indocumentados en albergues temporales en Texas y Arizona son escandalosas. Pero el drama no está sólo en el hacinamiento de los niños y adolescentes tras cercas alambradas. El verdadero drama es que, a su corta edad, tuvieran tan pocas esperanzas en su país que decidieron exponerse a los peligros de emigrar sin documentos.

Un informe del Comité sobre Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de los EE.UU., de noviembre de 2013, titulado “Viaje a Estados Unidos de Menores no Acompañados”, concluyó que “no hay respuestas simples” sino “una serie de factores interrelacionados”.

Una encuesta del Comité sobre Migración entre 140 menores de edad migrantes de México, Honduras, Guatemala y El Salvador  reveló que el 74 por ciento de ellos emigró para reunirse con familiares o amigos en EE.UU. Entre ellos, cuatro de cada diez también quisieron escapar de la violencia y tres de cada diez buscar trabajo para ayudar a sus familias. La conferencia episcopal estadounidense concluyó también que la emigración del cabeza de familia, o hasta de ambos padres, deja a los niños desprotegidos.

Lo razonable ante este fenómeno angustioso sería buscar las causas de esta ola migratoria de menores de edad desde Centroamérica y ayudar a los países involucrados a resolver sus problemas estructurales para evitar estas salidas masivas.

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