Opinión

La conducta patriótica de un maestro

Emmanuel Mongalo Rubio al incendiar un establecimiento en Rivas dio una lección de heroísmo a los invasores y a la población

Emmanuel Mongalo Rubio
Emmanuel Mongalo Rubio |

Aurora Rondón |

Toda Nicaragua recuerda hoy el día glorioso del incendio en una ciudad, el 29 de junio de 1855, lección protagonizada por un maestro frente a las pretensiones hegemónicas de los filibusteros, página heroica de la historia de nuestra querida patria que tuvo ese día:

Un escenario: El Mesón de Rivas.

Un héroe: Emmanuel Mongalo Rubio.

Un propósito: Derrotar a las tropas de William Walker.

Hace más de un siglo -generación tras generación- los nicaragüenses mantenemos en alto, el mechón encendido por aquel educador. Hijo de un matrimonio bien acreditado, Emmanuel Mongalo Rubio, había nacido el 21 de junio de 1834, en la ciudad de Rivas.

Tuvo una infancia sin preocupaciones, pero con el tiempo, su espíritu emprendedor y su inteligencia requirieron horizontes más amplios, por lo que al concluir los estudios que ofrecían las escuelas de su departamento, emigró a los Estados Unidos.

En esa época, por el Istmo de Rivas viajaban constantemente del Atlántico a California, muchos norteamericanos y europeos, en un movimiento que animó a Mongalo a emprender una vida nueva en la ciudad de San Francisco, California.

La urbe no era como la había imaginado, al estar habitada por ciudadanos de todas las categorías. Allí reinaban el desorden, el vicio y la violencia, caracteres que distaban de la conducta de Mongalo, quien rechazó tal ambiente.

 Decepcionado regresa a Nicaragua, y con el propósito de apoyar el desarrollo social del país, decide que el modo de servir mejor a su  patria es educar a las nuevas generaciones. Para  alejarlas de las conductas negativas que vio en San Francisco, decide enseñar.

Incendio contra la ocupación

Mongalo se dedica al magisterio, cultiva la mente de los niños nicaragüenses y los prepara para servir mejor a la patria. En tanto combina la enseñanza con el estudio y escribe textos de Geografía e Historia de Nicaragua.

Se hallaba en esa humana labor cuando es sorprendido por el desembarco de los filibusteros -esclavistas del sur- en el puerto de San Juan del Sur. Él,  que los conoce, alerta a su pueblo sobre el enemigo agresivo, violento y discriminador.

La plática del maestro infunde en sus conciudadanos, la voluntad de resistir hasta la muerte, y hombres de todos los grupos sociales acuden voluntariamente al llamado, para empuñar las armas contra el enemigo.

Mientras el joven educador organiza las fuerzas, los invasores se mueven de San Juan del Sur a Rivas, donde se apoderan de la casona de Don Máximo Espinoza, llamada El Mesón, la convierten en una fortaleza y desde allí, disparan contra la población.

Los filibusteros son más numerosos y están mejor armados, hay que evitar la carnicería. Los jefes de las tropas patriotas deciden incendiar el inmueble, una arriesgada decisión por la que se ofrece una recompensa monetaria.

Al llamado de la patria en riesgo, acuden Emmanuel Mongalo Rubio y Felipe Neri Fajardo, pero es el joven maestro quien desafiará al destino. Rechaza la recompensa e incendia El Mesón.

La lumbre se convirtió en largas lengüetas de fuego que al inundar el establecimiento hicieron temblar a los ocupantes, quienes presurosos, después de sufrir grandes pérdidas lo abandonaron todo y huyeron perseguidos, por las fuerzas patrióticas nicaragüenses.

 Ese hecho histórico victorioso, protagonizado por el maestro Emmanuel Mongalo Rubio fue  la Primera Batalla de Rivas contra los filibusteros de William Walker, durante la Guerra Nacional de Nicaragua.

Homenaje de Nicaragua a su maestro

Vencidos los filibusteros, el maestro vuelve al aula donde continúa las tareas escolares. No habla de su hazaña, no reclama honores ni privilegios.

Continúa su vida sencilla, preparando a los niños y jóvenes de Nicaragua,  en los más altos principios humanos y patrióticos, hasta su muerte el 1º de febrero de 1872, a los 38 años de edad, en Granada.

La gesta heroica del educador  motivó que en 1977, las autoridades del Gobierno de Nicaragua, en su honor, declararan el 29 de junio de cada año, “Día del Maestro Nicaragüense”, también fue distinguido como Héroe Nacional de Nicaragua, en 1982, y una calle de su terruño se nombra Mongalo.

Pero para que Emmanuel Mongalo Rubio siga siempre junto a nosotros, y su ejemplo se multiplique en cada momento que vive nuestra nación, los maestros de hoy tienen que forjar en las nuevas generaciones, los valores que nos legó.

Si el Gobierno Sandinista restituye el derecho a la educación, casi toda de forma gratuita para todos los ciudadanos, toca a los maestros enfrentar el reto de cultivar las semillas, para que florezcan los árboles del desarrollo, que necesita nuestra nación.

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