Opinión

El petroterrorismo y el surgimiento de un nuevo Estado en apenas una semana

La creación de nuevos estados es un oficio peligroso

Territorio que el ISIS afirma tener bajo su control en junio de 2014
Territorio que el ISIS afirma tener bajo su control en junio de 2014 | Wikipedia

Manuel Segovia |

Casi siempre los estados nacen en medio de sangre y violencia. Pero el país que está naciendo en estos días al sur de Turquía, atravesando sus viejas colonias, está batiendo todos los récords, publica el diario Russia Today.

Este territorio, conocido como el Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS), o también como el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), no necesita ningún reconocimiento internacional, ni la membresía de Naciones Unidas, ni un lugar apropiado en el mapa político mundial. La gente allí tiene objetivos muy distintos.

Ellos quieren “complacer” a la humanidad combinando dos famosos guiones del mundo islámico: los petrodólares de Oriente Medio mezclados con el fanatismo irresistible de los talibanes, y todo esto a la escala internacional de Al Qaeda, indica el politóligo Maxim Samorúkov en el portal ruso Slon.

Bancos, petróleo y armas

El éxito sin precedentes del Estado Islámico de Irak y el Levante no se dio de la nada, fue producto no solo del terrorismo sino también de la capacidad de sacar provecho de los crímenes. Los cabecillas de la organización no solo explotaban y asesinaban, también con diligencia construyeron en los territorios conquistados una especie de país, primitivo pero organizado: recaudan impuestos, administran justicia, proporcionan a la población algunos de los servicios sociales básicos, organizan un adoctrinamiento (tanto en primera persona como a través de las redes sociales) y reclutan voluntarios para su Ejército, cuyo número en los últimos días ha aumentado varias veces.

Y lo más importante, crean constantemente su califato con una base económica sólida. Los líderes de los radicales islámicos han pasado de los simples crímenes al sólido y lucrativo negocio del petróleo. En el este de Siria, no controlado por el poder central del país, se apoderaron de varios yacimientos de petróleo y plantas de energía, y procedieron a vender el crudo y la electricidad al Gobierno de Bashar al Assad. Este lo compraba encantado ya que los islamistas iraquíes lucharon en contra de los rebeldes sirios. Tal operación permitió al Estado Islámico de Irak y el Levante ahorrar hasta el inicio de este verano más de 800 millones de dólares.

Y con este dinero pudieron “ganar” mucho más. Los islamistas resultaron bastante ricos para organizar una brillante operación de captura del norte de Irak y especialmente de Mosul, la segunda ciudad en importancia del país. El desmotivado Ejército iraquí no pudo resistir ante los fanáticos. Como resultado, los islamistas capturaron una enorme cantidad de activos financieros: solo en el Banco Central de Mosul encontraron oro y otros objetos por valor de más de 400 millones de dólares, y su presupuesto total se estima ahora en 2.000 millones.

Este no es el límite porque estos días se libran combates por la mayor refinería de petróleo de Irak, que produce 150.000 barriles de petróleo por día. Naturalmente, los islamistas tienen pocas probabilidades de llegar a utilizarlo a plena capacidad e incluso vender los productos a precios mundiales, pero incluso una pequeña parte de esta producción les garantizará ingresos estables y altos.

Otras organizaciones terroristas no pueden ni siquiera soñar con esos ingresos. Por ejemplo, Al Qaeda en sus “mejores años” tuvo ingresos anuales de decenas de millones de dólares. Incluso los ingresos estimados de los talibanes, con sus campos de opio en Afganistán, no superan los 400 millones de dólares anuales.

Las perspectivas son tristes. Entre Alepo y Bagdad surge un territorio “petroterrorista”, lleno de montañas de armas estadounidenses abandonadas por el desmoralizado Ejército nacional. A la cabeza de este califato se ponen los fanáticos religiosos, bastantes más crueles que los talibanes. Pero a diferencia de estos, no tendrán que meterse en el negocio del opio, ya que tendrán cantidad de crudo suficiente para hacer realidad sus sueños.

Y no hay fuerzas capaces de derrotar a este país islamista, porque el Ejército iraquí no sirve de mucho y porque para Barack Obama sería una humillación volver a introducir tropas en Irak, tras retirarlas recientemente con total solemnidad y promesas de que el nuevo Gobierno iraquí podría controlar el país.

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