Opinión

La violencia de género

¿Está la mujer nicaragüense protegida contra este fenómeno?

Violencia de género
Violencia de género |

Manuel Segovia |

La violencia de género es un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa en su identidad y bienestar social, físico y psicológico.

En sentido general, la violencia contra las mujeres y las niñas, o la violencia doméstica que algunos autores también denominan  “de género” es un problema que puede incluir asaltos o violaciones sexuales, prostitución forzada, explotación laboral, el aborto selectivo, violencia física y sexual contra prostitutas, infanticidio femenino, tráfico de personas, violaciones sexuales durante período de guerra, entre otros y “está basado en la pertenencia al sexo femenino y tiene o puede tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” según la Asamblea General de la ONU en su Resolución 48/104, 20 de diciembre de 1993.

Con el triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, las mujeres nicaragüenses  lograron abrir espacios de participación en todos los campos: político, social, económico, militar… Era un momento de transformaciones y las mujeres salieron del espacio privado para hablar en voz alta y ser escuchadas. Los principales logros fueron la toma de conciencia de género, la conciencia acerca de  los derechos de las mujeres, de sus intereses y capacidades. Ellas se organizaron mejor, y en todos los campos sociales desarrollaron una mayor actividad.

La atención al problema de la violencia contra la mujer tuvo, desde entonces, una importancia de primer orden. Se promulgaron las primeras leyes a su favor. Se instaló la Oficina Gubernamental de la Mujer y la Oficina Legal de la Mujer y, además, los municipios crearon sus propias secciones o secretarias de la mujer para comenzar a combatir hechos que tenían sus bases en arraigos machistas culturales de otras épocas, en un bajo nivel cultural, de instrucción y educación de muchos hombres, en la miseria y en la explotación laboral, en el poco desarrollo del bienestar del individuo, entre otras causas.

En Nicaragua, el Gobierno de Reconciliación Nacional presidido por el Comandante Daniel Ortega, ha tomado y toma medidas y acciones en defensa de las mujeres y de las niñas contra la violencia doméstica. Ataca no sólo al hecho consumado, sino a las causas que lo provocan, que es la mejor medida de protección. El otorgamiento a las mujeres de créditos bancarios, de títulos de propiedad sobre la tierra y la vivienda, de artículos para el hogar, de becas y ayuda económica, de asistencia médica y psicológica especializada es un ejemplo de lo que viene haciendo la Revolución Sandinista al respecto. Las opciones de trabajo, de integración a la vida social, laboral, al deporte y a la cultura de los hombres también ayuda en este proceso.

Se han creado además las Comisarías de la Mujer para la atención de los casos de violencia contra ellas. En todas las unidades de policía hay estructuras para atenderlas físicamente en los casos de agresiones domiciliarias y sexuales. En ellas hay un equipo de trabajo, integrado por psicólogos,  médicos forenses, investigadores, trabajadores sociales y otros especialistas. Se han dictado y se dictan normas, procedimientos, políticas, decretos que estipulan y definen los derechos de la mujer y de las niñas. En enero de 2012 se promulgó la ”Ley integral contra la violencia hacia las mujeres”, y se incluyeron una serie de reformas al Código Penal. Se han tipificado los delitos de violencia intrafamiliar y delito sexual y se ha redefinido el alcance de la ley al ámbito público y al privado, en casos puntuales y en casos reiterados.

El asunto de la violencia de género es de alcance global. Por ejemplo, tras la tendencia a la baja registrada en el último lustro, se ha registrado un repunte de la violencia contra la mujer en España. Por esta causa, se han identificado 24 casos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas sentimentales en lo que va de 2014.

En México, el sometimiento, dominio, control, abuso y manipulación son parte de la fisonomía de la violencia hacia la mujer. Las cifras son cifras, pero no por ello dejan de reflejar un preocupante pendiente para la sociedad. Por cada 100 mujeres de 15 años y más que han tenido pareja o esposo, 47 ha vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual durante su actual o última relación. Cerca de la mitad de todas las mujeres actualmente casadas o unidas ha sido agredida por su pareja o esposo al menos una vez a lo largo de su vida en común (44.8%). Cada día cerca de 30 mujeres habrán muerto en México por causas violentas.

El diario El Heraldo publica diariamente reportes acerca del asesinato de mujeres en Colombia, víctimas de la violencia doméstica. La violencia de género es un problema generalizado en Colombia. La falta de capacitación y la implementación deficiente de protocolos generan obstáculos para las mujeres y niñas que procuran recibir atención médica luego de hechos de violencia, y como resultado las víctimas pueden enfrentar demoras en el acceso a servicios médicos básicos. Los responsables de delitos de violencia de género pocas veces son llevados ante la justicia.

Son titulares en la prensa mundial de hoy el caso de las cerca de 300 estudiantes adolescentes secuestradas en Nigeria; el de una mujer paquistaní embarazada asesinada a pedradas por su familia debido a que se casó con el hombre al que amaba; las violaciones sexuales generalizadas en muchas zonas de guerra;  en California, una serie de homicidios cometidos por un joven que tenía como blanco principal a mujeres de una hermandad estudiantil; en India apenas la semana pasada dos primas adolescentes fueron violadas y asesinadas por atacantes que colgaron sus cadáveres de un árbol de mango.

Semana tras semana surgen en todo el mundo reportes alarmantes de violencia contra las mujeres. La Organización Mundial de la Salud ha calificado el problema como una epidemia y calcula que una de cada tres mujeres en el planeta sufrirá violencia sexual o física, la mayor parte proveniente de su esposo o pareja varón.

En Estados Unidos, las fuerzas militares afirmaron que están incrementando los esfuerzos para combatir la agresión sexual en sus filas y el gobierno del presidente Obama está haciendo campaña contra la violencia sexual en las universidades.

En el Reino Unido cada 6 minutos los servicios de emergencia en Londres reciben una llamada relacionada con violencia doméstica. Anualmente, más de 900 mujeres y niños en la capital británica están calificadas como potenciales víctimas de muerte violenta en sus propios hogares. Según los datos oficiales, a lo largo de Gran Bretaña hay más de 10 mil personas en este grupo de muy alto riesgo. Pero muchas víctimas no llegan a denunciar los casos de violencia intrafamiliar, lo que impulsa a una subestimación en las estadísticas. Una de las razones: la coerción y la agresión psicológica dentro de las familias.

En Nicaragua se han incrementado las denuncias de los casos de violencia doméstica y contra la mujer y las niñas. Esto puede parecer, a los ojos de los inexpertos, o en manos de inescrupulosas agencias manipuladoras de la información, como un aumento de la violencia familiar o sexual. Pero no es así. Resulta que antes, en la mayoría de los casos no se denunciaba la agresión por temor a represalias por parte del agresor y por el sentimiento de desamparo por parte de las autoridades competentes. Ese sentimiento se ha ido cambiando, y hoy la mujer nicaragüense se siente segura, protegida, denuncia los hechos sabiendo que siempre se tomarán medidas para preservar su integridad física y mental. No es objetivo de la Policía ni del Gobierno Sandinista privar a una familia del sustento que pueda brindar un padre o un esposo, ni de de separarla o destruirla, sino orientar, prevenir, educar a las parejas en el respeto y en la no violencia;  apoyar al buen y normal desarrollo de las niñas y preservar la integridad física y psicológica de las mujeres en general.

Nicaragua también avanza en este sentido, y mucho, aunque a algunos les duela.

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