Opinión

ECHELON: La red de espionaje más amplia que se haya conocido jamás (TERCERA PARTE)

También la mejor oculta, de mayores recursos tecnológicos, financieros y humanos. Un hijo del gobierno de los Estados Unidos

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Espionaje Global |

Redacción Central |

En la entrega anterior hablábamos del uso, por parte de los norteamericanos, de los aviones-espía U2, aquellos pájaros negros gigantescos, de alas alargadas, llenos de aparatos técnicos de alta tecnología. Impunemente sobrevolaban territorios de la Unión Soviética, China, y de los demás países socialistas o progresistas, tomando miles de fotos al día, y enviándolos a sus laboratorios en USA. Hice mención de que conocían el territorio de la URSS palmo a palmo, instalaciones secretas incluidas, y que todo iba a la perfección… hasta un día.

Pues, ¿qué pasó ese día?

Ocurrió que uno de estos aviones de alas gigantescas cayó a tierra, abatido por un misil antiaéreo el primero de mayo de 1960 en la entonces región de Sverdlovsk, en la hoy ciudad de Ekaterinburg, que se encuentra en Rusia central, en la parte oriental de la cordillera de los Urales. El misil, disparado desde una rampa de lanzamiento coheterial tipo Dviná dio en el blanco y el piloto del avión-espía, el capitán Gary Powers, de la US-Air Force, fue capturado por los soviéticos, lo que fue una gran humillación para Washington. La detención del piloto y el posterior  juicio por espionaje a que fue sometido en Moscú, tuvo un gran despliegue en los medios, con la exhibición de los restos del U2 espía –un amasijo de hierros- además de restos de todos los complicados aparatos para el trabajo de espionaje del avión, etc.

Powers había nacido en 1929 en Kentucky, centro sudeste de los Estados Unidos, y enviado a la Guerra de Corea; luego fue reclutado por la CIA gracias a su sobresaliente registro de vuelo en aviones monomotor. Tras recuperarse de una enfermedad, abandonó la Fuerza Aérea con el rango de capitán en 1956, y se unió al programa de U-2 de la CIA. Pues bien, la débil defensa del piloto bajo la implacable acusación del fiscal soviético, fue un duro golpe  para la moral de la NSA. El general-presidente de los Estados Unidos, ‘Ike’ Eisenhower, exjefe supremo de las Fuerzas Aliadas durante la II Guerra Mundial, condenó la operación sobre todo, porque había salido mal. Ordenó el cese inmediato de los vuelos U2 y garantizó a sus amigos soviéticos que tal cosa no volvería a ocurrir, alegando que Gary Powers había perdido el rumbo y se había extraviado por culpa del tiempo reinante. No sabía dónde estaba.

Claro que los vuelos espías continuaron en otros lugares. El 27 de octubre de 1962 es derribado en la zona de Veguitas 3, Banes, Cuba  con un cohete de tierra – aire, el piloto norteamericano Rudolph Anderson cuando piloteaba un U2 sobre Cuba. Fue en plena crisis de Octubre, o como se le conoce, durante la Crisis de los Misiles, protagonizada por los presidentes Nikita Jrushov, John F. Kennedy y Fidel Castro.

Pero volviendo al tema del incidente de 1960 acerca del U2 derribado en territorio soviético, inmediatamente, con carácter urgente y en el mayor de los secretos, el general Eisenhower ordenó la puesta en órbita del primer satélite espía electromagnético. Un mes después se lanzaba el Grab (Galactic Radiation and Background) que se anunció como una nueva arma de la NSA con ayuda de la asociación de radares e interconexión con los satélites. Se convocó a los ingenieros y técnicos especializados salidos de la fuerza aérea, la marina, la CIA y el FBI, y se les puso bajo un mando común. Pronto fueron lanzados sucesivamente, como en racimo, una docena de SSF (subsatélites Ferrets)  entre 1963 y 1986 y luego otros más, con nombres raros.

Actualmente  hay muchos tipos de satélites Sigint (Signal Intelligent) que están en órbita. Representan una amenaza incluso para los aliados de Estados Unidos. Los franceses por su parte, tardaron 20 años en poner en órbita el Zenon. Los británicos estaban furiosos con sus aliados porque durante la guerra de las Islas Malvinas, en 1982, les habían abandonado. Y lanzaron su propio satélite nacional el Zircon.

La NSA se percató de que tenía dificultades para realizar las escuchas terrestres con los satélites que tenía. Entonces inventó una nave que giraba en torno a la Tierra en órbita muy baja (78 km de perigeo y 226 km de apogeo). Esta nave estaba especializada en interceptar las señales emitidas por los radioteléfonos GSM y captaba e interceptaba las de las redes herzianas de las grandes antenas.

La llegada de la señora Margaret Thatcher al poder en Gran Bretaña cambió un poco las cosas porque utilizó todo el sistema de espionaje en provecho propio, cosa que ya desde 1975 había denunciado el talentoso periodista inglés de la televisión David Frost, quien falleció a los 75 años de edad de un ataque al corazón.
La persecución de la Thatcher contra Margaret Trudeau, quien era la esposa del Primer Ministro canadiense Pierre Trudeau, sirviéndose de información de la Policía Montada de Canadá (RCMP) fue de antología.

Afirmaba que la Primera Dama canadiense adquiría determinadas cantidades de marihuana., fumaba lo que podía y distribuía el resto. Se siguieron pesquisas de toda clase al mejor estilo James Bond y Agente 007, que no dieron el menor fruto. Se llegó a la conclusión de que era una mentira calumniosa contra la canadiense por motivos personales o políticos, ya que su esposo Pierre Trudeau hacía campaña por la autonomía de Canadá en relación a Londres, y eso no agradaba a la señora Thatcher.

El ‘Observer’, periódico británico que sale todos los domingos y que desde el punto de vista ideológico tiene una tendencia política socialdemócrata, aunque con una línea editorial ligeramente escorada a la derecha, cayó también en las intrigas de la Thatcher quien ordenó la intercepción de las comunicaciones de la empresa proveedora de servicios del diario. La causa fue, al parecer, que se había sabido por el periódico que el hijo de Margaret Thatcher, Mark, estaba entrampado en la venta de armas por millares de libras esterlinas a traficantes de Arabia Saudí. Pero lo que desagradó a muchos británicos fue que se emplearan los grandes servicios secretos del mundo en operaciones de vaudeville en plena guerra fría.

Un caso de espionaje a los “suyos” que terminara en tragedia fue el del jefe de varias cadenas de periódicos sensacionalistas, Robert Maxwell. Víctima de la caza de brujas de la Primera Ministra por razones que se ignoran, ya cansado, el señor Maxwell se embarcó en su yate en plan de vacaciones, y cerca de las Islas Canarias desapareció misteriosamente. ¿Secuestrado en alta mar o ahogado? Los buzos rescatistas estuvieron tiempo buscando sus restos pero no los encontraron. Y esa fue una de las últimas aventuras de la Primera Ministra utilizando unos medios de espionaje tan importantes.

Gerald Burke, quien era director ejecutivo del Comité Consultivo de Informaciones extranjeras del presidente Nixon, solía recordar que el espionaje comercial había sido aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en 1970 y que ‘las informaciones económicas son parte de la seguridad nacional y que se benefician de una prioridad respecto a las informaciones diplomáticas, militares y tecnológicas’ .

Ronald Reagan, por ejemplo, interceptó las conversaciones de Michael Barnes, representante de Maryland, el cual trataba con el Ministro de Asuntos Extranjeros de Nicaragua los asuntos en relación con la Ley Marcial que se había impuesto en ese país. Barnes se encolerizó cuando se dio cuenta que la NSA y la CIA interceptaban sus escuchas.
Eso fue denunciado por William Casey, director de la CIA, quien resultó implicado en el affaire Iran-Contra que fue muy sonado por esos días. Los esfuerzos del Presidente Ronald Reagan para combatir el comunismo en todo el mundo y de forma especial en América Latina hizo que se encontrara con el problema de Nicaragua. Reagan, la CIA y sus aliados estaban del lado de los Somoza, pero en noviembre de 1982, el Congreso aprobó la enmienda Boland y restringió los fondos para esa lucha.

La gente se pregunta de donde salió aquello del Iran-Gate. En 1985, mientras que Irán e Irak estaban en mortífera guerra, Irán presentó una solicitud para comprar armas secretas de los Estados Unidos. En ese momento el conflicto entre Irán e Irak estaba en su apogeo pero Estados Unidos apoyaba a Irak contra el Ayatolah Jomeini y le vendía armas, municiones y equipo por millones de dólares, aunque había embargo internacional. El tema de los rehenes en poder del Ayatolah lo enturbiaba todo.

Con la aprobación de McFarlane y el director de la CIA William Casey, gran parte de los fondos para armas fueron desviados a Nicaragua, a manos de los ‘Contra‘ de Somoza… El periódico libanés «Al-Shiraa» denunció el hecho en noviembre de 1986, pero Reagan se presentó en la televisión y lo negó categóricamente. El asunto de todas maneras salió a la palestra, y entonces un desconocido teniente coronel Oliver North, del Consejo de Seguridad Nacional explicó que él había estado desviando fondos de la venta de armas a los Contras, con el pleno conocimiento del Consejero de Seguridad Nacional almirante John Poindexter.

Pero quien se aprovechó realmente de una oficina de esas medio fantasma, la llamada “Oficina de Inteligencia y Enlaces’, fue Clinton. Ya a partir del día en que fue investido como presidente elaboró una lista de ‘Sociedades Privilegiadas’ que iban a barrer con la competencia del extranjero.

Para esta barrida de la competencia se valió de la información recopilada por una red, una vieja red, una red que se ha querido mantener a la sombra, y que fue utilizada no sólo por él, sino también por sus predecesores: la red ECHELON. Ya veremos. Asomáte a nuestra página el próximo fin de semana.
Como punto final a este capítulo puedo decir que, la vieja manía de escuchar y ver lo que los demás dicen y hacen, ya sean amigos o enemigos, le ha traído problemas, enredos y sinsabores a los inquilinos de la Casa Blanca y a sus broders de parranda. Seguro no han tenido tiempo de pasearse por el barrio chino o japonés ni nadie les ha hablado u obsequiado las tres emblemáticas figuritas del arte y folklore de este último lejano país: los tres monitos sentados, uno tapándose la boca, otro los ojos, y el tercero los oídos. Los tres monos (en japonés san saru), también conocidos como los «tres monos sabios», que están representados en una escultura de madera de Hidari Jingorō (1594-1634), situada sobre los establos sagrados del santuario de Toshogu, al norte de Tokio.

Los nombres japoneses de los tres monos —Mizaru, Kikazaru, Iwazaru— significan «no ver, no oír, no decir», sin especificar lo que los monos no ven, oyen o dicen.
El significado del tema de los tres monos es diverso. Para la élite intelectual se encontraban relacionados con el código filosófico y moral santai; para el pueblo el significado era «rendirse» al sistema, un código de conducta que recomendaba la prudencia.

Sin embargo, otra interpretación señala que en un principio los monos eran espías enviados por los dioses para enterarse de las malas acciones de los hombres. La representación de los monos ciego, sordo y mudo debió surgir como medio de defensa mágico contra dicho espionaje.

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