Opinión

Putin en China: los lazos más estrechos en la historia

La visita del presidente ruso Vladimir Putin a China tiene varias lecturas

Vladimir Putin y Xi Jinping
Vladimir Putin y Xi Jinping |

Joaquín R. Hernández |

El presidente de Rusia Vladimir Putin vuelve a ocupar a la prensa mundial, que sigue de cerca la visita que realiza a China.

Aunque existen diversas especulaciones sobre la real trascendencia de la visita, algunas lecturas parecen destacarse sobre otras.

La visita tiene una clara dimensión geopolítica.  Ocurre en los momentos en que Rusia enfrenta a Occidente por su política hacia la convulsa Ucrania.  Aunque el gobierno de Moscú ha jugado un delicado ajedrez, combinando firmeza con elasticidad, y con ello ha descolocado a sus adversarios, el frente abierto presenta varias complejidades.

Algunas de ellas son una Europa dividida, con Alemania desempeñando el papel de negociador con Rusia;  Estados Unidos, con una retórica más intensa que sus acciones reales, y un cúmulo de sanciones de efectividad dudosa, pero que sin duda ejercen algún tipo de presión sobre la economía rusa.
En medio del debate, la dependencia energética de Europa occidental y de la misma Ucrania, suponen un statu quo que los europeos desearían cambiar.

La situación de la economía de Rusia es otra de las variables que dan sentido al viaje de Putin a Beijing.
Tras una recuperación a inicios del siglo actual, en el 2009 la economía retrocedió y experimentó una severa recesión (-7,9 por ciento).  Tras una rápida recuperación, el crecimiento volvió a estancarse y fue solamente de un 1,3 por ciento en el 2013.

Hoy, la economía rusa continúa su tendencia al estancamiento, y para el año en curso el crecimiento se estima entre un 0,2 por ciento y 0 por ciento. La fuga de capitales, la inestabilidad en el mercado cambiario y en las bolsas, y tendencias negativas en los precios del petróleo, ponen el pie sobre el freno de cualquier recuperación económica.

Lo cual otorga además alguna significación a sanciones que, en otro momento de la economía de Rusia, serían irrelevantes.

La visita tiene una significación nítidamente económica.  Entre China y Rusia corre un comercio bilateral por 90 mil millones de dólares, que ambas partes intentan llevar a 100 mil millones en el 2015, y a 200 mil en el 2020.

Un megaconvenio de suministro energético

Y el plato fuerte de la visita es la negociación de un megaconvenio de exportación de gas ruso a China, de claras consecuencias geopolíticas.

De una parte, este convenio, cuya firma debe concluirse durante su visita, permitirá una diversificación considerable de las exportaciones energéticas de Rusia, que representan el 70 por ciento de todas sus exportaciones y el 50 por ciento de los ingresos gubernamentales.

Al firmarse el convenio, la compañía rusa Gazprom suministraría, a través de la entidad china  National Petroleum Corporation (CNPC), 38 mil metros cúbicos de gas durante 30 años.  Gazprom vería así abiertas las puertas no solamente hacia China, sino a todo el Lejano Oriente, incluyendo Japón y Corea.
El convenio supone además la participación china en la exploración en Rusia  de una amplísima zona, rica en gas, a lo largo de la frontera entre ambos países.

El convenio sobre suministro de gas es doblemente conveniente: para Rusia, representaría la diversificación de exportaciones.  Para China, gigantesco consumidor de energía, significaría satisfacer las necesidades crecientes para su desarrollo, y sustituir por energía más limpia la que hoy produce utilizando carbón, con consecuencias insoportablemente negativas para sus ciudades: se asume que en un día de denso smog, cada ciudadano de Beijing, al finalizar el día, ha respirado contaminantes equivalentes a 21 cigarrillos.

Aun cuando el volumen que se propone convenir no es mayor que la mitad de lo que hoy se exporta a Europa, sin duda permitirá a Rusia orillar la dependencia de doble filo que hoy representa el mercado europeo.

Que si bien le posibilita tener la mano más alta en el debate sobre Ucrania, puede, al mediano y largo plazo, cambiar su situación, al ir desapareciendo cuando estos países armen una nueva estructura de abastecimiento energético. Y ya esto no sería solamente economía, sino política.

Como es política la conformación entre ambos países de una suerte de asociación que tendría un peso poderoso no solo en el manejo de las relaciones con Occidente, sino en el propio espacio asiático, hoy ya relevante, y de importancia decisiva para la política mundial futura.

A ello tributan los ejercicios navales conjuntos chino rusos que se desarrollan en el marco de la visita, y que envían un poderoso mensaje a los aliados occidentales.

“Rusia y China”, afirmó Putin en una reciente entrevista, “han abogado activamente por establecer una nueva arquitectura para el desarrollo, segura y sostenible, en Asa Pacífico.  Esta debe estar basada en principios de igualdad, respeto por la ley internacional, indivisibilidad de la seguridad, no uso de la fuerza o de amenazas de fuerza.  Hoy esta tarea es crecientemente importante.”

Y la consolidación también por esta vía de una aproximación que desde hace ya tiempo se manifiesta en el terreno diplomático, ya por coincidencia en opiniones, ya por el respeto a las opiniones discrepantes.
“Ahora la cooperación ruso china avanza hacia un nuevo estado de comprensión mutua y de interacción estratégica”, afirma Putin, y agrega:

“No sería erróneo decir que ha alcanzado el más alto nivel en toda una historia que data de siglos”.

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