Opinión

Elecciones en la India: ¿una nueva era?

La victoria aplastante de Narendra Modi en el proceso electoral más largo del mundo podría llevar al gran país asiático a una época nueva en su extensa historia

Victoria aplastante del hinduista Narendra Modi en las elecciones de la India
Victoria aplastante del hinduista Narendra Modi en las elecciones de la India |

Joaquín R. Hernández |

Las elecciones que se acaban de celebrar en la India a lo largo de más de un mes están fuera de toda medida. El análisis de sus resultados difícilmente pasa de algunas generalizaciones cuya realidad, todos lo sabemos, es extraordinariamente más compleja.

Como se conoce, 550 millones de los 813 millones de votantes inscritos tomaron parte en la elección a lo largo de los 28 estados y seis territorios que componen el país.  Con más de 3 millones de kilómetros cuadrados, la India alberga la segunda población más grande del mundo: mil 240 millones de personas.

Es uno de los nueve países que poseen el arma nuclear, pero también su producto interno bruto, al distribuirse, representa solo un dólar y centavos por día de ingresos por cada poblador.

Aún así, las reformas económicas liberalizadoras de los años 90 la llevaron al estrellato de las economías emergentes.  Hoy se le considera como la oncena economía más grande del mundo y ostenta el cuarto PIB mundial, en términos de paridad de poder adquisitivo.

Es un caso ejemplar de alto crecimiento sostenido –5,8 por ciento como promedio en las últimas décadas–, pero también una triste muestra de pobreza, analfabetismo, enfermedades y desnutrición.

Fue una de las joyas del imperio británico, hasta que en la década de 1940 las luchas populares se exacerbaron, y un movimiento independentista cobró cuerpo en torno a una estrategia de resistencia pacífica, y de unidad alrededor de Mahatma Gandhi. En 1947 Inglaterra se retiró del gobierno del país y el 15 de agosto se fundó la República de la India.

Desde entonces, con el prestigio que le confirió su lucha anticolonial y su extraordinario líder, y en medio de las complejidades propias de una nación superpoblada, pluriétnica, plurilingüística, multireligiosa, la India se alzó como uno de los países faros de lo que aún no se conocía como Tercer Mundo.

Fundadora del Movimiento de Países No Alineados, su voz fue un referente para los restantes países aún colonizados o en proceso de descolonización, fueran cuales fueran las diferencias de orden ideológico o táctico.

Hoy integra los llamados BRICS, lo que da al proceso que acaba de concluir un particular interés para los países emergentes y sus reivindicaciones.

¿Un parteaguas?

Estas elecciones representaron también la gran derrota del que ha sido durante décadas partido de gobierno, el llamado Partido del Congreso. Íntimamente asociado a Jawaharlal Nehru, compañero de Gandhi, primero en ocupar el cargo de primer ministro e iniciador de la que sería conocida como la dinastía Gandhi (no relacionada con el fundador de la nación):  Indira, Rajiv, Sonia y ahora Rahul, perdedor en estas elecciones.
Y significó, por otra parte, el ascenso de una figura bien conocida en el país y virtualmente ignorada internacionalmente, Narendra Modi, quien desde el 2001 se desempeñaba como jefe del estado de Gurajat.

La caracterización de Modi, de 63 años, es aún incompleta.  Pero se conoce que durante su ejercicio en Gurajat se caracterizó por sus ideas conservadoras en política y en costumbres, y por el contrario, por su visión de la necesidad de modernizar el funcionamiento del estado indio y por el fortalecimiento económico que logró en su estado.

Puede ser la razón que explica el arrollador triunfo de Modi y de su partido Barathiya Janata (BJP en inglés).  Como también fue una de las claves de su éxito su discurso en contra de la corrupción de alto nivel que asola al país y su crítica a la ralentización del crecimiento económico, acompañada de altos índices inflacionarios, que golpea a la población.

Modi también podría suponer el ascenso de una nueva generación política al poder de la India, y sobrepasar el estancamiento que se derivaba de la presencia durante treinta años de un mismo partido en los escaños fundamentales del poder.

Lo cierto es que no se conocía un fenómeno de masas semejante desde los tiempos de la muy popular Indira Gandhi, y que le ha permitido obtener por lo menos 272 escaños de los 543 posibles en el parlamento.  Tendrá la rara posibilidad de gobernar sin necesidad de hacer coalición con otro partido: la posición política más fuerte desde 1984, y la primera en todas las épocas sin la presencia del Partido del Congreso.

Durante su campaña, Modi atravesó el país prometiendo resolver los problemas que aquejan a la India, particularmente el relanzamiento de la economía y la creación de cifras millonarias de puestos de trabajo.
Para ello tendrá que enfrentar intereses creados de todo orden.  Pese a su aplastante mayoría en la cámara baja del parlamento, no la tiene en la cámara alta.  Por otra parte, la estructura federal india y la descentralización del poder en los estados, señaladamente autónomos y en detrimento de la influencia de Nueva Dehli, convertirá el control de estos en un extraordinario reto.

De lograr que la juventud y la creciente población urbana  –sectores mal trabajados por el Partido del Congreso–  se integren a su labor de gobierno, y de cumplir con sus promesas de alcanzar adelantos significativos en el bienestar social y sobre todo en la economía, podrá hablarse de una verdadera nueva era en la vida del gran país asiático.

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