Opinión

El Salvador ante retos mayores

Ratificado por las autoridades electorales, el gobierno de Salvador Sánchez Cerén se dispone a una compleja pero prometedora tarea de gobierno

FMLN
Militantes del Frente y numerosos pobladores celebraron en las calles el triunfo popular | Reuters

Joaquín R. Hernández |

La tensión comienza a disminuir en El Salvador.  Las reclamaciones de ARENA sobre los resultados electorales no solamente han sido desestimadas por las autoridades electorales, sino que comienzan a retirarse de los temas principales que ocupan las preocupaciones de los salvadoreños, electores y elegidos.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional tiene en lo adelante, entre otras pruebas, la de superarse a sí mismo.  Durante su ejercicio de poder, Mauricio Funes inició el programa que lo llevó a la victoria, donde las políticas sociales ocuparon un lugar prominente.

Funes dio beneficios a la población en sectores tan vitales como la salud y la educación.  En este último caso, las matrículas se elevaron a niveles sin precedentes, y la ayuda material a los estudiantes garantizó su mayor permanencia en el sistema educacional, particularmente los más pobres.

Igualmente, desarrolló un amplio plan de recuperación de las infraestructuras escolares, con una inversión neta de cien millones de dólares.

Los programas en la educación fueron acompañados de medidas a favor de las mujeres, de los ancianos, de las madres solteras y, en general, de la juventud.

En materia de seguridad, uno de los problemas que más preocupan a los salvadoreños, debió emprender polémicos arreglos con los poderes reales tras la actividad delictiva y, en la práctica, hizo disminuir los índices de intranquilidad ciudadana.

En el ámbito económico, el gobierno de Funes tuvo éxito en impedir que la economía salvadoreña se hundiera en una profunda crisis, mediante medidas que estimularon la agricultura y la creación de cien mil nuevos empleos.

Fue un gobierno que respaldó, a diferencia de sus opositores, la participación activa del estado en la conducción de la economía nacional.

El gobierno de Sánchez Cerén deberá asumir lo hecho y marchar hacia una profundización de estas políticas.

Los resultados electorales aparentemente comprometen a su gobierno ante una oposición técnicamente empatada con los resultados obtenidos por el FMLN en las elecciones.

Pero un examen más detenido arroja importantes asteriscos a esta conclusión.

La votación por el FMLN, por Sánchez Cerén y su compañero de fórmula, el antiguo alcalde de Santa Tecla Óscar Ortiz, fue la mayor que haya obtenido candidato alguno en elecciones en El Salvador.  La votación recibida por el candidato de ARENA es el resultado de la suma de los votos de esta organización y de los recibidos de otras entidades derechistas que fueron minoritarias en la primera vuelta electoral.

El voto de la derecha fue también resultado del miedo.  El Salvador no es ajeno al bloque cerrado de los medios representantes de los intereses oligárquicos, que dieron su alarmante versión, en los días previos al voto, de lo que estaba ocurriendo en Venezuela. 

Los paralelismos fueron bien explotados, como en su momento, en épocas pasadas, se hizo con el fantasma de una Cuba falseada por la intriga mediática, para impugnar las política sociales del Frente.

El voto por el FMLN fue, sin lugar a duda, más cohesionado, más militante, más sólido.

Sánchez Cerén tiene otra condicionante a su favor.  Mauricio Funes fue un candidato independiente que recibió el apoyo del Frente, y de este modo ascendió a la presidencia, y el Frente fue la fuerza política principal representada por su gobierno.

Ahora el nuevo presidente salvadoreño es un respetado representante orgánico del FMLN, un veterano comandante guerrillero, más cercano a los fundamentos originarios de su organización política: factor indispensable para que su gobierno entre en una nueva fase de profundización de lo emprendido durante el período anterior.

A ello deben sumarse otros retos definitorios.  La transparencia del proceso electoral, pese a las impugnaciones de ARENA  –lógicas como parte de su imagen política—nunca fue puesta en duda por lo mejor del pueblo salvadoreño, ni por las numerosas organizaciones que participaron en el evento en calidad de observadoras.

Las elecciones salvadoreñas y su transparencia recibieron el aval de instituciones sacrosantas como las Naciones Unidas, o de la regional Organización de Estados Americanos.

Es la misma limpieza con que el Frente acometerá  la tarea de gobierno, opuesta a los escándalos de corrupción que proliferaron en los mandatos derechistas en El Salvador.

Y un frente aun abierto es el de la mayor integración con el resto de Latinoamérica y el Caribe.  Forma parte principal del programa del Frente la aceleración y profundización de la integración regional y latinoamericana.  Miembro de la CELAC, El Salvador puede aún recorrer un largo camino de conjunto con sus hermanos del continente en los disímiles proyectos integracionistas hoy vinculados a su desarrollo económico y social.

La integración, entendida así, ayudará al éxito de sus políticas económicas, encaminadas a proporcionar mejores condiciones de vida a la población salvadoreña.

El Frente enfrentará otro momento de prueba en el 2015, cuando se efectúen elecciones legislativas y municipales. 

La veterana organización, fundada en 1980 por las cinco organizaciones que se enfrentaban a las numerosas dictaduras militares que oprimieron al pequeño país a lo largo del pasado siglo, tuvo siempre como divisa  la lucha por satisfacer los anhelos de las grandes e irredentas mayorías del país.

Tras su primer mandato, demostrativo de la posibilidad de hacer realidad ese propósito original, el FMLN se adentra en otra fase, compleja, pero prometedora, de cumplimiento de su compromiso histórico con el pueblo salvadoreño.

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