Opinión

Europa: ¿en qué se ha convertido su democracia?

El juego democrático europeo no recuerda al de otros tiempos.  El neoliberalismo y la invasión cultural que lo acompaña han transformado el escenario tradicional

Unión europea plegada a los intereses de Estados Unidos
Unión europea plegada a los intereses de Estados Unidos |

Joaquín R. Hernández |

Un filme holandés, subtitulado en francés, aparece para el público de esta última nacionalidad, infinitamente más extraño que un filme norteamericano doblado al idioma local.

Esta golpeante paradoja, destacada por el conocido intelectual hispano francés Ignacio Ramonet, puede ser representativa de la “ocupación” cultural que en las últimas décadas ha sufrido, no solo Francia, sino Europa en general, como resultado de una globalización neoliberal que no ha tenido escrúpulo alguno en invadir la cuna -las cunas- de muchas de nuestras culturas actuales, al mismo tiempo que otros frentes.

Un pesado capital simbólico trasladado por la invasión neoliberal ha acorralado a los personajes tradicionales y a las temáticas, y a veces hasta cierto vocabulario, para presentar o caracterizar o simplemente interpretar obras de gran calado popular, ha sustituido el léxico local y se ha traspasado al habla popular.

El asunto tiene también un importante costado económico que mostrar.  El comercio con los audiovisuales es una de las fuentes más importantes de ingresos de la economía norteamericana.

Y Europa es un enorme mercado. También productor, pero expulsado del mercado mundial de este género comunicativo por la apabullante marcha de la industria norteamericana.

“El déficit en el (comercio del) audiovisual entre Europa y EEUU”, dice Ramonet, “fue de 6 800 millones de dólares en el 1998; las películas norteamericanas exportadas a Europa representaron 1 500 millones y los programas de televisión más de 2 800 millones”.

“Estados Unidos“, recuerda Ramonet, “es aún la primera potencia económica (PIB seis veces mayor que Francia), así como militar y audiovisual: domina las innovaciones tecnológicas, la industria digital; es el país de la web, de las autopistas de la información, de los gigantes de la informática y el audiovisual y de los campeones de internet”.

Y es el reino del neoliberalismo contemporáneo. Si las modificaciones en los patrones culturales europeos han sido en algunos casos avasalladoras, el impacto de una economía globalizada y neoliberal, capitaneada por Estados Unidos, ha impuesto normas ajenas a la tradición europea.

Es el caso del ejercicio democrático en los países de Europa.

Un interesante artículo publicado por Information Clearing House nos relata en detalle la regresión del modelo democrático de la Europa de la posguerra y su acercamiento a la práctica de Estados Unidos.

Una amarga reflexión

En su reflexión “Democracia en retirada en Europa”, Neil Clark nos recuerda: “Solíamos bromear sobre la pequeña diferencia entre republicanos y demócratas, cómo eran solo dos alas del mismo partido favorable al gran dinero y cuán agradecidos debemos estar de que en Europa tengamos más alternativas. No nos imaginábamos que algún día la política europea llegara a ser la misma”.

Es una reflexión amarga de un autor que no oculta su admiración por aquel momento en que los europeos, al votar, debían seleccionar entre un surtido de programas diferentes: entre los socialistas, los gaulistas en Francia, los conservadores de siempre, los partidos socialdemócratas e incluso la democracia cristiana de viejo estilo.

Y entre los comunistas, cuyos representantes europeos -los casos de Italia y Francia son ejemplares- actuaban en la escena pública con el prestigio que les otorgaba su participación en la resistencia contra el fascismo y contra la invasión nazi.

La mayor parte de aquellos partidos han encontrado hoy un mismo espacio de pensamiento donde darse la mano: las políticas neoliberales, que no permiten sino escoger “entre partidos que ofrecen austeridad y privatización de la línea dura, austeridad y privatización ligeramente menos duras y austeridad y privatización ligeramente apartadas de la línea dura”.

Los pequeños partidos que se alejen de este patrón suelen ser, dice Clark, deliberadamente marginados y sus dirigentes difamados y calificados de extremistas.

“La realidad es que solo partidos que aceptan el neoliberalismo pueden ser considerados para gobernar y solo políticos que se inclinan ante el gran dinero y el capital financiero pueden ser considerados como candidatos para primer ministro”, añade.

La manipulación mediática y el oscurantismo cultural acompañante han hecho irreconocible el juego democrático europeo.

Un ejemplo al canto: las vestiduras rasgadas de Europa ante las manifestaciones en la plaza Maidán y el apoyo a la destitución del presidente constitucional ucraniano, a coro con las mismas posiciones y los mismos reclamos de Estados Unidos.

Es decir, ¡el respaldo a un golpe de estado contra un presidente que había sido elegido solo 12 meses antes! 

Sin embargo, el apoyo a los manifestantes en la famosa plaza de Kiev mientras, nos recuerda Clark, contrasta con el desprecio absoluto hacia los dos millones de personas que marcharon en Londres contra la guerra de Iraq y la participación en ella de su gobierno.

Y en esa misma Europa, en Italia, Matteo Renzi se convirtió en el tercer primer ministro sucesivo no elegido (no se elige ninguno desde el 2008).

Al igual que en Grecia, donde desde noviembre del 2011 hasta mayo del 2012 Lucas Papademos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo, fue también primer ministro sin haber sido elegido.

O de Hungría, donde el empresario, tampoco elegido, fue primer ministro desde el 2009 hasta el 2010.

En los hechos, la vieja Europa, cuna también de grandes imperios, pierde a diario personalidad, tradición y lustre al plegarse al predominio de los intereses, los valores y las filosofías políticas oligárquicas de Estados Unidos.

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