Opinión

La derecha en malas compañías

Algunos nombres identifican los intentos de regreso de la derecha en Ecuador y Venezuela. No resisten un viejo análisis: Dime con quién andas...

Ecuador y Venezuela
Ecuador y Venezuela |

Joaquín R. Hernández |

Los venezolanos y los ecuatorianos conocían a Leopoldo López y a Mauricio Rodas. Pero sus nombres trascendieron a la arena internacional a raíz de la violencia contrarrevolucionaria en Venezuela y de la última pugna electoral en Ecuador.

Leopoldo López arrastraba una densa hoja de servicios a cuenta de la reacción antichavista. Fue alcalde del municipio caraqueño del Chacao, escenario de la mayor parte de las revueltas en la capital venezolana.  Participante en el golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez en el 2002, respaldó al fugaz “presidente” Pedro Carmona.

Posteriormente se distanció de su compañero de aventuras, Henrique Capriles y de su organización Primero Justicia, para fundar la suya propia, Voluntad Popular.

Mauricio Rodas, recién electo alcalde de Quito, presenta un perfil más académico, pero igualmente elocuente. Asesor económico de varios gobiernos neoliberales, dirigió la fundación Ethos, en México, para promover “la igualdad de oportunidades, la libertad y los derechos humanos en América Latina”.

Desde allí, elaboró el índice Ethos para medir la pobreza continental: situó a Ecuador en penúltimo lugar. De inmediato, la secretaría de Comunicación ecuatoriana denunció la manipulación de los indicadores utilizados y su uso irregular.

Ethos funcionó con un presupuesto que incluía el aporte de numerosas instituciones internacionales. Entre ellas, la bien conocida NED (National Endowment for Democracy), instrumento clásico de expansión de la influencia estadounidense.

Y te diré quién eres

Ethos tiene en su consejo asesor al periodista y escritor venezolano Moisés Naim, miembro de la dirección de la NED y antiguo ministro de Comercio del gobierno de Carlos Andrés Pérez. También incluye al conocido intelectual Enrique Krauze, opositor férreo de los procesos populares latinoamericanos y pensador de rancia estirpe reaccionaria.

Por su amistad con Henrique Capriles, la trayectoria de Rodas llega hasta la figura tenebrosa de Álvaro Uribe, quien a su vez otorgó la nacionalidad colombiana a otro prominente miembro del equipo de Rodas, Ricardo Hausman, de estrechos vínculos con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial. Y con Jorge Quiroga, ex presidente de Bolivia, acusado de hechos de corrupción en beneficio de empresas extranjeras, una de las máximas figuras de la oposición al presidente Evo Morales.

Los peligrosos amigos de la derecha venezolana

A mitad de camino entre la tragedia y la farsa, la campaña de violencia de Leopoldo López goza de un poco recomendable apoyo en Miami.

El incansable periodista canadiense Jean Guy Allard, buen conocedor de la fauna mafiosa multinacional que se asienta en esa ciudad floridana, acaba de denunciar la incorporación a la ofensiva contra el gobierno bolivariano de conspicuos personajes.

Un extraño sitio, llamado Nuevo Acción –la falta de concordancia gramatical es obra de sus creadores- anunció la celebración de una también extraña reunión convocada por un personaje venezolano, Robert Alonso, conocido como el “rey de la Guarimba”, en la que participaron nombres vinculados al terrorismo y algunos de ellos con un pasado siniestro en la misma Venezuela.

El Rey de la Guarimba no obtuvo gratuitamente este sobrenombre. En una de sus fincas fueron arrestados, en el 2004, 153 militares procedentes de Colombia, ataviados con uniformes de las fuerzas armadas de Venezuela, como parte de un plan para asesinar al presidente Hugo Chávez.

Ya Alonso, participante con Henrique Capriles en el inhumano sitio a la embajada cubana durante el golpe de estado del 2002, había acumulado un abultado expediente por sus acciones de violencia callejera –de ahí su apodo- y su oposición feroz a la presidencia de Hugo Chávez.

Huyó con documentos falsos por la frontera con Colombia y fue a dar a Miami.

En la reunión que denuncia Allard, Alonso pidió “la ayuda y la solidaridad de los combatientes irreductibles del exilio cubano a su campaña para incrementar la resistencia al desgobierno de Maduro”. El extraño sitio que publicó la información añade que “Robert explicó cómo funciona la “guarimba” y otras formas de lucha que él y un grupo de patriotas venezolanos están alentando”.

Los asistentes al encuentro conforman una verdadera colección de vestigios del más cruel terrorismo continental: 

Reinold Rodríguez, quien ha vivido a la sombra de las organizaciones terroristas, como la CORU, con la cual las dictaduras latinoamericanas y las agencias estadounidenses organizaron el siniestro Plan Cóndor.  Vinculado a Luis Posada Carriles, asesinó al joven emigrado cubano Carlos Muñiz Varela, radicado en Puerto Rico, en 1979, quien organizaba visitas familiares de cubanos residentes en Estados Unidos a su país de origen.

O Dionisio “Charco de Sangre” Súarez Esquivel, “condenado”, explica Allard, “por el asesinato del ex ministro chileno Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976. Arrestado en 1990, confesó su culpabilidad. Fue indultado por George W. Bush en el 2001”.

Y Armando Valladares, ex policía de la dictadura batistiana, uno de los 17 terroristas detenidos el 24 de diciembre de 1960, en La Habana, como autores de atentados orientados por la CIA en cines y almacenes. Protagonista de una pintoresca campaña por su liberación -simulaba una parálisis que se reveló como inexistente- al salir lavó su descrédito con su reincorporación al terrorismo. En el 2009 aparece entre los conspiradores que, en Santa Cruz, Bolivia, que organizaban un atentado contra el presidente Evo Morales.

Sin comentarios. Otro refrán se encarga de las conclusiones: “Dios los cría, y el diablo los junta”.

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