Opinión

Planes golpistas en curso: la larga mano de Estados Unidos

Son más de uno los gobiernos que en este momento enfrentan planes desestabilizadores. El denominador común: la participación subversiva estadounidense

Planes golpistas en el Mundo, La larga mano de Estados Unidos
Planes golpistas en el Mundo, La larga mano de Estados Unidos |

Joaquín R. Hernández |

Derrocamiento del gobierno ucraniano y sustitución por otro prooccidental; apertura de nuevos frentes de apoyo a la subversión siria; aliento a las protestas violentas en Venezuela. ¿Cuál será el próximo foco de desestabilización?

La respuesta se puede encontrar en los planificadores de políticas en Estados Unidos. Porque lo único que tienen en común los hechos que suceden en estos tres países es el interés norteamericano, en forma indirecta o enseñando de forma grosera la garra interventora.

Todos, en vinculación con procesos que tienen más que ver con el fortalecimiento de las posiciones geoestratégicas de Estados Unidos, que con los problemas internos que, según aducen sus voceros, generan la inestabilidad.

El caso ucraniano, sobre el cual habrá que volver, es bastante claro.

Lo que está en juego en Ucrania es visible. No se trata de la satisfacción de las ansias de una parte de la población, orientada hacia Europa occidental. 

Lo que se juega en Ucrania es la extensión de la frontera oriental de la Unión Europea, o al menos de su esfera de influencia, hasta el borde mismo de Rusia, para sabotear los proyectos rusos de unificación de varios países de la esfera post soviética en una organización integracionista, que permitiría la apertura de mayores posibilidades a la producción energética conjunta y a su transporte.

Todos vimos cómo las manifestaciones de Kíev contaron con la visita de embajadores yanquis, incluyendo algunos congresistas connotados por su vinculación con la extrema derecha norteamericana. No hubo pudor por ocultar la mano yanqui que se extendía hasta las zonas de conflicto, no para buscar una solución racional, sino para conseguir lo que hasta ahora se ha conseguido: el derrocamiento del gobierno electo del gran país europeo.

El caso venezolano es bastante conocido. La expulsión de tres diplomáticos estadounidenses por el gobierno de Nicolás Maduro no fue un simple gesto político. Fue, además de una demostración de firmeza, una manera de detener de una vez y por todas la actividad subversiva que la embajada yanqui en Caracas realizaba entre la masa de estudiantes universitarios. Acompañada, por supuesto, por la omnipresente Usaid y ciertas ONGs. Más habremos de ver.

La subversión antivenezolana ha contado, además, con una engrasada maquinaria mediática, la misma que ha funcionado en los otros puntos críticos.

Es el caso del reaccionario, pero influyente en el establishment Wall Street Journal, que en un reciente artículo vuelve otra vez sobre mentiras que, desde nuestra ingenuidad, creíamos ya desmentidas: “los secuaces armados del gobierno venezolano habían asesinado a cuatro estudiantes mientras participaban en manifestaciones pacíficas”; “el gobierno de Nicolás Maduro, el sucesor elegido a dedo por Chávez, desató una ola de terror en todo el país”; “la Guardia Nacional y la policía dispararon sus armas en forma indiscriminada, golpearon a civiles, allanaron presuntos escondites de los estudiantes, destruyeron propiedad privada y lanzaron gases lacrimógenos. Milicias civiles en motocicletas se sumaron al pandemónium”.

Burdas tergiversaciones, que hoy circulan en medios de esta envergadura y conforman una realidad falsa, pero asumida como verdadera por un sector importante de la opinión pública norteamericana.

Que no se compensa, se refuerza, en el artículo -uno entre muchos-, con la recriminación a la OEA, en manos del “político socialista chileno José Miguel Insulza”, a los gobiernos latinoamericanos, que no han tomado partido por los violentos (“El resto del hemisferio ni siquiera muestra un interés pasajero en las violaciones a los derechos humanos cuando las comete la izquierda”), y como consecuencia, “las muchedumbres en las calles de Caracas en los últimos días no han sido significativamente mayores que las de manifestaciones de años previos”, y “conseguir el apoyo de los más pobres para un cambio de régimen político no es nada de fácil”.

Ese es el tono, que no deja de tender una sombra de duda sobre la lealtad a la Constitución de las Fuerzas Armadas venezolanas para dejar espacio a la insinuación de un golpe militar.

Políticas todas que encuentran eco en advertencias y declaraciones, de intención similar, del presidente Barack Obama y de su secretario de Estado, John Kerry.

Las mismas que han ayudado al boicot oposicionista a las negociaciones de paz para Siria efectuadas en Ginebra.

Y es una fuente israelí, el influyente diario Haaretz, quien da cuenta de la escalada injerencista promovida por Estados Unidos y sus aliados en el país mesoriental.

Los Estados Unidos, Arabia Saudita y Jordania, están, dice el diario, ayudando a los rebeldes sirios en un plan de ataques que comenzaría en el sur –frontera con Jordania- y se extendería hasta Damasco.

Jordania, que ha reemplazado a Turquía como retaguardia de las fuerzas antigubernamentales sirias, entrenaría cada mes entre 200 y 250 combatientes. Estados Unidos construye pistas para aviones de reconocimiento en esta frontera, y Arabia Saudita aumenta el envío de municiones.

Todo esto, afirma Haaretz, en preparación de una amplia operación militar que tendría como base Jordania e intentaría tomar Damasco.  Estados Unidos y Arabia Saudita ya tendrían precisada la lista de milicias que recibirían el refuerzo de armamento.

Cherchez la femme, decía un adagio francés que intentaba orientar las investigaciones de los viejos detectives. En las aventuras contrarrevolucionarias actuales, no dude, si quiere conocer su verdadero origen y su auténtica intención, busque el rastro profundo de Estados Unidos. 

No se equivocará.

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