Opinión

Las verdades movilizan, las mentiras ni a quien las dice

El discurso derechista de confrontación no cala en la ciudadanía. Esta no quiere nada de bochinches, de protestas, de “guerras” como algunos promueven en ciertos medios

Edwin Sanchez |

Después del desastroso papel (periódico) de los partidos de extrema derecha en las elecciones de 2011, hace dos años y tres meses, los líderes del fracaso no han hallado cómo explicar, por un lado, la ausencia del pueblo que padecen y, por otro, la abundancia de siglas y fracciones pomposas, autoproclamadas, cada una por su lado, “la gran unidad”.

Al tercer año del nuevo periodo del presidente Daniel Ortega, los extremistas con tal de no someterse a la voluntad popular, han ampliado su repertorio de pretextos: primero, que fue por el Consejo Supremo Electoral, segundo, “fuimos divididos”, después el “clientelismo”, luego, “el miedo”, el cambio climático, etc.   

En estos días no se aguantaron más y empezaron ya no tanto a criticar la fragmentación de la oposición, sino a atacar a la misma gente que produce los liderazgos, los votos y que lleva a quien quiere al poder, si Dios está en el asunto: el soberano.

En una televisora, una periodista parecía decepcionada y más que periodismo, lloraba la bandera política del canal con voz de telenovela: “¿Por qué la gente no reacciona, por qué está dormida?”.

Lo mismo sucede con el partido impreso. Han llegado al fondo del barril y no aceptan la realidad: el discurso derechista de confrontación no cala en la ciudadanía. Esta no quiere nada de bochinches, de protestas, de “guerras” como algunos promueven en ciertos medios, donde paradójicamente reclaman “no hay libertad de expresión”.

Solidaridad y Democracia

Han pasado todo este tiempo con el mismo plan de que “no hay democracia”, desconociendo la decisión del soberano. El principio fundamental de la democracia, así como de la Constitución, es que sometidos al escrutinio y aceptando las reglas del juego, un partido gana al obtener la mayoría de los sufragios. Y los que pierden, admiten su derrota. Pero la arrogancia de los que se consideran nacidos para mandar los lleva a no respetar el mandato del soberano.

Se habla de dictadura y tantas falacias que los mismos voceros de esa derecha terminan contradiciéndose. ¿Por qué el pueblo está “adormecido”? La poeta Gioconda Belli respondió: “Aquí no hay represión, hay regalos”. Vaya, la “terrible dictadura” no reprime y a cambio da “regalos”.

En realidad, hay formas de no reconocer la gestión solidaria de una Administración: la entrega de hojas de zinc y de paquetes alimenticios es para sectores muy vulnerables, por lo general a personas mayores o desvalidas. Doña Hilda Esther Bustos, que ronda los 80 años, ¿cómo podría pagar una silla de ruedas, de las 20 que entregó la alcaldía de El Crucero a ciudadanos con discapacidad motora? ¿Es pecado que el Gobierno de Sandino vele por la calidad de vida de esta ancianita como de tantas otras?

En la Biblia, los profetas mandan solidarizarse con viudas y huérfanos, así como extranjeros. En esos tiempos, las guerras y plagas dejaban a muchas familias sin el sostén del hombre. Hoy, gracias a Dios no hay guerras como quisieran algunos, pero la “peste” de la irresponsabilidad paterna deja secuelas. Y en vez de viudas, hay “madres solteras”.

Tenderles la mano a quienes pasan necesidades no está reñido con los grandes preceptos judeocristianos que han sostenido al Mundo Occidental. Si se quiere menospreciar con palabras inadecuadas un hecho que define al Gobierno Sandinista es por lo que cada quien carga en su corazón, porque de su abundancia habla la boca, advierte Jesús.

Publicidad engañosa

Belli asume que “el pueblo está dormido”, solo porque no les hace caso. Su lamento público debe merecer muchos desvelos para decirlo en voz alta: “Creo que pasará un tiempo para que haya un movimiento importante de oposición. Estoy desilusionada con la oposición”.

La derecha con sus príncipes y princesas, está triste. Si realmente hubiesen ganado en 2011, su fuerza, su presencia, su músculo se sintiera, pero todo es una falsedad envuelta en papel periódico. ¿Quién vendió la idea de una “súper oposición”? ¿Y quién es el ingenuo que compró semejante fraude? En comunicación, eso se llama “publicidad engañosa”.

En las últimas encuestas sobre las reformas constitucionales, la ciudadanía opina en la esquina opuesta de la extrema derecha. Siempre buscando la excepción y no la regla, el partido impreso dice que un “aspirante a jurista”, “señaló con franqueza y certeza la indiferencia y la pasividad de la ciudadanía nicaragüense ante un problema de tanta trascendencia nacional, como es el de la reelección presidencial indefinida”.

Como la gente no levanta barricadas, ni anda en alborotos para que Nicaragua salga en los titulares del mundo como un terrible lugar, entonces la derecha descalifica al pueblo por “indiferente”, “pasivo”  y “dormido”.  

De nuevo, el abuso del lenguaje. Lo que la ciudadanía quiere es estabilidad, y por eso fortalece la paz. Está cansada de enfrentamientos. Al no prestar oídos a los que no duermen para que ruja la voz del cañón, el soberano demuestra su naturaleza: es amable y cálido, y no se embarca en odios, peor si son ajenos y con resentimientos de larga data.

A confesión de parte…

El partido impreso se desesperó: “No se puede movilizar a una ciudadanía que no quiere movilizarse…”. Vaya, ¿desde cuándo los propietarios de La Prensa S.A. son los patrones de la sociedad para ordenarle adonde debe ir? El pueblo no es mozo de nadie.

En los comicios de 2011, el Frente Sandinista, como lo hizo durante la campaña electoral, llamó a movilizarse al soberano y este llenó avenidas y plazas, y después desbordó las urnas. De ahí la victoria del presidente Daniel Ortega y la composición actual de la Asamblea Nacional que aprobó las Reformas. La Democracia habló y decidió.

¿Qué pasó con la “gran oposición”? Hay tres PLI distintos y una sola derrota verdadera. ¿Y la “sociedad civil” en ese año, en 2012, 2013 y lo que va del calendario? ¿De dónde gavilán si no sos ni paloma?

El editorial de La Prensa del 11 de febrero de 2014 es una patética confesión del fiasco: “La realidad es que organizaciones de la sociedad civil convocan una y otra vez a la gente, para ir a la calle a luchar por la libertad y la democracia, pero son muy pocos los que atienden esos llamados”.

Las verdades movilizan, las mentiras ni al empleado que las dice.

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