Opinión

Golpe a golpe contra el bloqueo a Cuba

Una reciente encuesta reveló un hecho imprevisto: la mayoría de los estadounidenses favorece el levantamiento del bloqueo contra Cuba

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

¿Qué falta para que la élite gobernante de Estados Unidos acabe de acatar el aplastante consenso mundial sobre la inutilidad y el carácter inhumano del bloqueo contra Cuba?

Golpe a golpe, la vieja y desprestigiada política contra la revolución cubana va arrinconando a sus defensores contra la pared.

Hasta ahora los ejemplos han abundado. El más sonado es el que se repite desde 1992 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que de forma creciente y en los últimos años casi en pleno -con la excepción de Estados Unidos y su carnal Israel- ha condenado la cruel política.  El imperio ha respondido a la comunidad internacional cada año con un insensato portazo.

Hay pocos foros internacionales donde el tema no se reproduzca, con los mismos resultados. Quizás uno menos divulgado ocurrió en la pasada conferencia de la Organización Mundial del Comercio en la ciudad de Bali.

Los representantes de Estados Unidos intentaron evitar la inclusión de un párrafo en la declaración final que criticaba las políticas discriminatorias en el comercio internacional. Era una alusión bastante noble al bloqueo anticubano. La reacción de Cuba y de sus hermanos latinoamericanos fue secundada por los participantes, y la propia delegación norteamericana vio aprobarse el documento con el párrafo en cuestión.

Así ocurre cotidianamente. Y la respuesta imperial sigue siendo la misma.

Pero ahora el piso se les ha vuelto a mover en su propio territorio.

Por las altas esferas de gobierno alientan como forma de influir sobre sectores de la población cubana. Con resultados diferentes a los proyectados.

La compañía Friendly Planet Travel encuestó a 423 estadounidenses que visitaron Cuba en diciembre pasado: el 88 por ciento se manifestó por poner fin al “embargo”, es decir, al bloqueo, contra la isla caribeña.

Pero otros hechos han concurrido en la misma dirección.

El antiguo gobernador republicano de Florida Charlie Crist -que volverá a aspirar al mismo cargo en noviembre, esta vez como demócrata y con muchas posibilidades de éxito- afirmó en una entrevista televisada que apoyaba el levantamiento del “embargo”.

Y pocos días antes, un cubano, ya anciano, pero insertado fuertemente en las estructuras de poder norteamericanas, se manifestó en la misma dirección.

Alfonso Fanjul es la cabeza visible de una de las grandes fortunas expropiadas por la revolución cubana a inicios de los años 60. Ahora declara, en un artículo publicado en The New York Times, y luego de haber visitado varias veces la isla y comprender las oportunidades de negocios impedidas por el bloqueo, que ha cambiado totalmente su óptica respecto a las relaciones cubano estadounidenses.

Pero Fanjul no es un simple millonario. Es el barón del azúcar en la Florida y un hombre de la intimidad de los dos demócratas más influyentes en ese partido: William y Hillary Clinton. 

Pudieran ser figuras que han sucumbido al encanto tropical de los carismáticos líderes cubanos. Eso no se puede afirmar de Bob Graham, senador, cuyas posiciones conocidamente reaccionarias no han variado un ápice, quien visitó la isla y se interesó por las perspectivas de la explotación petrolífera en las aguas profundas del Golfo de México. Tanto Graham, como la representante Kathy Castor, y la rival de Crist en las elecciones floridanas, apoyan un cambio de política.

Pero el puntillazo, en esta oleada, lo dio una encuesta organizada por el importante Atlantic Council. Esta institución no partidista alienta, como objetivo, investigaciones que promuevan “el liderazgo constructivo y el compromiso de Estados Unidos en asuntos internacionales”, y su junta directiva incluye varios ex secretarios de Estado y Asesores nacionales de seguridad.

Una firma encuestadora contratada al efecto, dirigida por dos expertos investigadores de opinión pública, uno demócrata y otro republicano, entrevistaron telefónicamente a una muestra aleatoria de 1 024 adultos, que incluye a floridanos y latinos. Los márgenes de error fueron de un 3 por ciento para los norteamericanos y un 4 para los residentes en Florida y los latinos.

Los resultados fueron contundentes, provenientes de públicos expuestos durante cinco décadas a cerradas campañas mediáticas de desprestigio contra Cuba:

•El 56 por ciento favoreció el cambio de la política hacia Cuba.

•En el caso de los floridanos y latinos, la cifra sube a un 63 por ciento y un 62 respectivamente.

•Un 52 por ciento de los republicanos interrogados favorece la normalización de las relaciones.

•Más del 60 por ciento favoreció el establecimiento de inversiones norteamericanas en Cuba y la libertad para viajar a la isla y gastar dinero en ella.

Y el 52 por ciento opina que Cuba debe ser eliminada de la lista de países que protegen el terrorismo, una de las asignaciones más absurdas y agresivas, que restringe también las relaciones entre los ciudadanos de Estados Unidos y Cuba.

¿Qué más hace falta? 

La Unión Europea, que hace diez años se alió a Estados Unidos en su política anticubana, acaba de presentar al gobierno de La Habana una iniciativa para redefinir las relaciones mutuas.

Por supuesto que, en paralelo al honesto reconocimiento de lo que Cuba es en realidad, algunos de estos criterios simplemente pretenden sustituir la decrépita política, por otra, más inteligente, pero igualmente subversiva.

En cualquiera de los dos casos, lo que decidirá, como hasta hoy, es la firme decisión del pueblo cubano a resistir y defender su revolución.

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