Opinión

La revolución venezolana es un ejemplo de firmeza y de inteligencia

Las sangrientas provocaciones fascistas no hacen sino consolidar, más aún, la solidez y  la resistencia de la causa bolivariana. Es necesario multiplicar la solidaridad y romper el cerco mediático

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Bandera venezolana |

Joaquín R. Hernández |

Los sucesos ocurridos en Venezuela, aún en evolución, traen otra vez a la mente el viejo aserto leninista: una revolución solo vale en la medida en que sea capaz de defenderse.

La revolución bolivariana ha confirmado esa máxima ante cada agresión.  El acoso al proceso bolivariano no ha cesado, y las previsiones indican que a cada victoria de las fuerzas revolucionarias, sobrevendrán nuevos intentos por apartarla del camino de reivindicaciones populares que caracteriza su profunda obra.

La victoria de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales y la derrota de la arremetida propagandística contrarrevolucionaria que la siguió, fue un golpe difícil de asimilar por la extrema derecha.  Intentaron convertir luego las elecciones municipales de diciembre, como dijeron, en un “referendo” antigubernamental.

Y fue verdaderamente un referendo, pero de signo distinto al que deseaban. La resonante victoria bolivariana volvió a asestarles otro revés.

Lo sucedido ahora es un renuevo de sus viejas intenciones. Solo que esta vez la apelación ha sido, impúdicamente, a la violencia contra las instituciones y contra el propio pueblo bolivariano, y no se han disimulado las intenciones golpistas.

Sin temor al desprestigio, los grupos violentos apelaron a recursos típicamente fascistas, al introducirse en movilizaciones estudiantiles opositoras que, dado el respeto del gobierno de Nicolás Maduro por los derechos constitucionales, marchaban pacíficamente –en paralelo a otras de las fuerzas bolivarianas- en el día dedicado a la juventud en Venezuela.

200 años antes, en 1814, el joven independentista José Félix Ribas venció a las tropas realistas en la Batalla de la Victoria, con la participación de estudiantes de colegios, seminarios y de la Universidad de Caracas.

Había mucho que celebrar. La revolución bolivariana ha garantizado el libre acceso a la educación pública y a las universidades. La matrícula universitaria es hoy la quinta del mundo y la segunda en América Latina, según confirmación de la UNESCO. A 2 millones 600 mil estudiantes, cifra que supone un crecimiento de un 216 por ciento en la última década, se unirán los beneficiarios de 200 mil nuevas becas.

No eran estos los temas que interesaban a la oposición.

Del orden a la violencia

Las manifestaciones opositoras comenzaron con respeto a la legalidad y al orden público.

Pero al llegar a la Fiscalía General de la República, de sus filas se desprendió un grupo, que algunos calculan en 200, que desencadenaron acciones evidentemente concertadas de antemano contra la policía, contra los automóviles estacionados, contra la propia institución pública.

Su animador principal, Leopoldo López, quien ha hecho del llamado a la subversión una auténtica carrera muy cercana al terrorismo -y que por supuesto no estaba en el lugar de los hechos-  lanzaba junto con la diputada María Corina Machado un llamado a manifestar hasta que se derrocara al presidente Nicolás Maduro.

Entonces, para utilizar una frase de la filmografía, entró en su apoyo la caballería. La caballería mediática, nacional e internacional, que no ha dejado un solo día de agredir de una manera u otra al gobierno legítimo de Venezuela y a su presidente. Cargó a paso de distorsiones y francas mentiras, en apoyo a los complotados.

Circulan por internet fotos de la policía, casco y fusil en ristre, contra manifestantes que huyen. Solo que la foto es vieja, tomada de una acción represiva durante la desprestigiada cuarta república venezolana.

O vistas aéreas de una enorme manifestación supuestamente estudiantil, que en realidad corresponden a una reciente procesión religiosa.

El diario El País, que ha hecho suya la causa anti venezolana, hizo de las suyas. Sin el menor pudor, describe idílicamente la manifestación y culpa a la policía del enfrentamiento: “Los disturbios comenzaron cuando una manifestación de estudiantes, que se apostó frente a la sede de la Fiscalía General, en el centro de la capital, se enfrentó a la policía que trataba de disolver la protesta”.

Pero más adelante traiciona su versión: “Había personas con piedras en la mano y con el torso desnudo. Utilizaban sus camisetas para cubrirse el rostro. Otros portaban máscaras para evitar la asfixia que provocan los gases lacrimógenos que usa la policía para reprimir manifestaciones”.

¿Estudiantes pacíficos? La realidad es que en la manifestación iban hasta encapuchados, con radios para su coordinación operativa, cocteles molotov. Una provocación criminal y organizada en toda la línea.

La respuesta de la revolución bolivariana ha sido una clara combinación de firmeza, inteligencia, constitucionalidad y voluntad de paz.

“Juro que va haber justicia por la sangre derramada hoy en Venezuela. Lo juro frente a mi pueblo, frente al recuerdo de Chávez, va a haber paz”, dijo el presidente Maduro.

“Queremos paz, pero con justicia, con respeto”, añadió. “Hago un llamado a los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe; estamos enfrentando un golpe de estado en Venezuela en desarrollo, y la Revolución Bolivariana va a triunfar por el camino de la Constitución”.

El mensaje solidario comenzó a recibirse de los países hermanos inmediatamente. 

Venezuela sigue en pie de lucha. Ha vencido frente a las otras intentonas. Su gobierno legítimo y revolucionario se ha legitimado con la victoria en 18 de las 19 elecciones y referendos de todo tipo efectuados.

Ahora lo hace también adueñándose de las calles, que definitivamente pertenecen al pueblo.

Una vieja frase popular nos explica gráficamente lo que está sucediendo: las revoluciones son como las estacas: mientras más se las golpea, más profundamente se enraízan en la voluntad del pueblo.

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