Opinión

¿Hacia un recambio político en la India?

El electorado más numeroso del mundo puede cambiar la tradicional distribución del poder en el segundo país más poblado del planeta

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Las venideras elecciones en la India son esperadas con expectación por el resto del mundo. 

Sus magnitudes son inéditas. 700 millones de sus 1 200 millones de habitantes podrán ejercer el derecho al voto en más de 800 mil colegios electorales, que utilizarán 1 millón 300 mil máquinas de votar, en una contienda en la que participan 1 300 partidos políticos. Elegirán a 543 miembros del parlamento.

Cifras que solamente son comprensibles si se tiene en cuenta la extraordinaria complejidad del inmenso país, sus divisiones en estados y los diferentes niveles en que se desarrollan las elecciones y a los que pertenecen los partidos. 

Desde su nacimiento como país independiente, la India adoptó un sistema democrático parlamentario e intentó que este diera solución a su multiplicidad regional, religiosa y al complejo sistema de castas sociales.

La Constitución, que la proclamó como “república soberana, socialista, secular y democrática”, favoreció la autoridad central en un esquema federal de 48 estados y cinco territorios. No obstante, los estados han ido adquiriendo cada vez más fuerza propia.

La Constitución también intentó allanar otros obstáculos al proclamar su laicidad. Pero los enfrentamientos entre las religiones tradicionales y la religión musulmana -que produjeron la fractura territorial de que surgió el actual Pakistán en 1947- siguen siendo un problema mayor para la estabilidad del país.

El mapa religioso presenta una gran mayoría hinduista -el 80 por ciento de la población- y una comunidad musulmana, que es una de las mayores del mundo, además de una considerable población cristiana y una exigua minoría budista.

A pesar de que no han cesado sus dificultades con el terrorismo, las tendencias separatistas, y los conflictos con sus vecinos cercanos  -China y Pakistán, todos, como India, poseedores del arma nuclear-,  desde inicios de la década del 90 las reformas económicas elevaron sus resultados económicos hasta el sitio que ocupan hoy: es la duodécima economía del mundo en términos absolutos y la cuarta considerando la paridad de poder adquisitivo.

Pero todavía la India alberga la mayor concentración de pobres del planeta y una de las mayores tasas de malnutrición de niños menores de tres años (el 46 por ciento en el año 2007). Las personas que viven por debajo de la línea internacional de pobreza, aunque eran un 60 por ciento en 1981, son todavía un 42 por ciento de la población.

Lo cual, dadas las proporciones demográficas indias, representa una cantidad descomunal de seres humanos.

Desde la independencia hasta las próximas elecciones

La India, uno de los más antiguos asientos de la civilización, fue un símbolo esperanzador cuando Mahatma Gandhi condujo al país, tras una exitosa resistencia pacífica, a la independencia del imperio británico en 1947. 

Bajo el gobierno de Jawaharlal Nehru, el primero de sus primeros ministros, el país se convirtió en un referente para las naciones del tercer mundo. Su papel en la fundación y el funcionamiento del Movimiento de los Países No Alineados fue esencial para la consolidación de esta agrupación en los momentos más brillantes de su existencia.

Su vida política ha sido azarosa y varios de sus dirigentes más carismáticos han muerto asesinados en pleno ejercicio de gobierno. 

No obstante, el partido Congreso Nacional Indio, heredero de las formaciones que hicieron posible la independencia, marcado por el predominio de la familia Nehru-Gandhi (sin nexo con Mahatma Gandhi), ha controlado el parlamento indio con muy pocos altibajos.

Esto podría cambiar en las próximas elecciones. 

La fragmentación regional y el poder de los estados locales, y una pérdida de liderazgo, han erosionado su popularidad y le han ocasionado serios contratiempos en las elecciones regionales efectuadas a fines del pasado año.

En Nueva Dehli y en tres estados más, por ejemplo, el veterano partido fue literalmente apabullado por fuerzas emergentes, en especial el Bharatiya Janata Party (BJP), de grandes perspectivas en las próximas elecciones generales, y hasta por una nueva formación, el Partido Aam Admi (Partido del Hombre Común).

Se culpa del descalabro a la disminución del ritmo económico logrado en las décadas anteriores, al incremento del costo de la vida y a sucesivos escándalos de corrupción que han erosionado su prestigio.

Aunque la actual presidenta del Partido, Sonia Gandhi, destacó que en las elecciones generales las figuras individuales pesarán más que las cuestiones locales, también en este sentido su partido marcha en desventaja.

El candidato probable, Rahul Gandhi, hijo, nieto y bisnieto de primeros ministros, carece del atractivo político de sus antecesores. 

Frente a él se alza la poderosa figura del derechista Narendra Modi, líder del partido Bharatiya Janata (BJP), actual gobernador del estado de Gujarat, donde han tenido éxito sus políticas neoliberales, y a quien se considera hoy como el político más carismático de la India. 

Contra él se esgrimirá la acusación de complicidad con el progrom anticristiano de Dangs, en 1999, y con las persecuciones antimusulmanas en su estado en 2002, que cobraron la vida de mil personas.

De confirmarse estos pronósticos, la India, tras sus elecciones de abril, habrá dado vuelta a una importante página de su historia: la escrita por líderes que desbordaron sus fronteras para convertirse en referencias obligadas para las naciones que, en otros lugares del mundo, lucharon y vencieron como ella al colonialismo.

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