Opinión

Homenaje a un medio de perpetua vitalidad

La radio nos ha acompañado durante casi un siglo. La UNESCO ha decidido honrarla y dedicar el homenaje a la importante misión que puede cumplir en defensa de la mujer

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

El próximo 13 de febrero, a instancias de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que todos conocemos como UNESCO, se efectuará en el Día Mundial de la Radio.

La radio, tal como la conocemos, es una invención de las primeras décadas del pasado siglo XX. En su origen no fue el resultado de quienes deseaban transmitir señales inalámbricas con fines noticiosos, culturales o simplemente publicitarios. 

Fue necesario un desarrollo propio, uno más entre incesantes investigaciones que procuraban extender las posibilidades abiertas por el telégrafo: de esas búsquedas aparecieron, una tras otra, la telefonía, la emisión de ondas radiales y hasta la transmisión de imágenes.

Las emisiones radiales originales estuvieron destinadas a las comunicaciones a larga distancia, especialmente con los buques que navegaban el océano Atlántico.

Pronto, y en varios países simultáneamente, se advirtió que de ese hallazgo técnico podía surgir una nueva posibilidad comunicativa, que si alcanzaba el éxito, tendría amplias posibilidades sobre la prensa impresa. La más importante: permitiría sobrepasar la barrera del analfabetismo.

Como sucedió luego -casi cuarenta años después- con la televisión, la radio tomó dos rumbos diferentes, acordes con los entornos sociales en los que se desarrolló.

Europa, donde se privilegiaba entonces el papel del estado en la atención a actividades básicas para la población, el nuevo medio adoptó el régimen de servicio público. Sufragado por impuestos y otras contribuciones de la ciudadanía, adquirió un robusto desarrollo y, sin imperativos comerciales para su supervivencia, desarrolló contenidos vinculados a la satisfacción de las necesidades culturales de sus públicos.

En Estados Unidos, país también pionero en el surgimiento del nuevo medio, la radio se adaptó inmediatamente a las características del capitalismo norteamericano. Al descubrir que aquellas transmisiones, unidas por un cordón umbilical con la dinámica del mercado, podían ser una verdadera máquina de hacer dinero -¡y no conocían todavía la televisión!- la radio norteamericana fue desde siempre esencialmente comercial. El esquema fue trasladado inmediatamente a América Latina.

Desde entonces, no se buscaban comerciales para poder hacer radio: se hacía radio para obtener el dinero que proporcionaban los anuncios comerciales.

Los contenidos, por lo tanto, tuvieron una orientación diferente, y muchas calidades se sacrificaron en la captación de audiencias.

No faltaron las voces que proclamaron la desaparición de los medios escritos. Esta es una tendencia inevitable: el cine debía haber acabado con el teatro, y la televisión con el cine. Lo cierto es que ningún medio hace desaparecer a sus predecesores, y solamente se produce un reacomodo en sus audiencias y sus lenguajes. Así sucederá con internet.

La tecnología, sin embargo, hizo de las suyas. La radio se convirtió en una actividad relativamente barata -mucho más en comparación con la televisión-, y de los aparatosos receptores iniciales se llegó con el tiempo a aparatos menores y más pequeños, de electricidad o de baterías, y más baratos.

El medio más democrático

La radio se convirtió en el medio más democrático y se creó una tradición de intercambio con sus públicos, participantes en sus transmisiones, que hasta hoy y solamente con internet, no pudieron lograr los restantes.

Es cierto que la televisión ha logrado un desarrollo de orden geométrico y las tecnologías han multiplicado sus lenguajes posibles y el acceso también se ha diversificado y abaratado.

Pero la radio y su inmenso y fiel público han resistido el embate. Y mucho más. Ante el dominio oligárquico de los grandes medios de todo tipo, las fuerzas sociales alternativas han encontrado en ella, particularmente en las radios comunitarias, un asidero accesible, eficaz y poderoso. 

Las redes de radio comunitaria, incluidos los Estados Unidos, son un importante vector de difusión de preocupaciones populares y de expresiones culturales alternativas a las hegemónicas, que no habrían encontrado espacio en el gran mundo mediático.

La radio también formó un cuerpo de trabajadores muy diversos de una fidelidad legendaria.

El mensaje que la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, ha dirigido para orientar la conmemoración, recuerda que “la radio es especialmente importante para promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de las mujeres”, tanto de las que participan en su confección, como de sus oyentes.

No obstante, este campo de trabajo sigue planteando exigencias: “Menos de una cuarta parte de las informaciones radiofónicas versan sobre mujeres, y las mujeres ocupan menos de una tercera parte de todos los puestos administrativos y directivos de mayor responsabilidad en los medios de comunicación”.

Y se pregunta con toda razón: “¿Cómo es posible entender completamente la realidad, sin las voces de más de la mitad de la población mundial?”

La integración mayor entre géneros y la creciente participación femenina en la dirección y programación de este masivo y popular medio es inevitable para el futuro que se avizora. 

O que ya está presente entre nosotros: el de la transmisión de emisoras especialmente diseñadas para la difusión satelital y el de la participación de la radio, es decir, del mensaje sonoro, en internet.

Tanto del que nos alerta, con una inmediatez insuperable, sobre los últimos acontecimientos del mundo, como del que ensancha nuestros horizontes musicales. O del que excita nuestra imaginación para crear entornos infinitos a los personajes –algunos ya míticos entre nuestros pueblos- que pueblan sus dramatizados.

también te puede interesar