Opinión

Integración y comunicación: agresiones y urgencias

La reacción contra los avances de la integración no ha tardado. Los grandes medios, desde la celebración de la propia Cumbre de la CELAC, abrieron fuego contra ella

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Todos sabíamos que una reunión con las características de la reciente Cumbre de la CELAC no tardaría en provocar una violenta reacción de los enemigos de la integración latinoamericana y caribeña, tanto por parte de Estados Unidos, como de sus aliados en el continente.

Hubo, se ha afirmado, acciones diplomáticas entorpecedoras. 

Y otras de las que no vale la pena hablar, como una llamada contra-cumbre en la Florida, porque pertenece al reino de la farsa y del ridículo.

Lo que sí ha sido público es el desprecio y la adulteración de lo ocurrido por parte de la prensa cómplice, la que responde al pensamiento de las oligarquías, para las cuales la integración y la independencia política y económica son una amenaza para sus intereses. O el uso del arma generalmente recurrida por estos medios ante eventos y causas similares: el silencio.

Ha habido muchos ejemplos. El New York Times fue muy precavido en mencionar la Cumbre hasta después de comenzada. Tanto, que incurrieron en el error de comentar que Cristina Fernández “ha permanecido ausente durante mucho tiempo de la vista pública”, en el momento en que la presidenta argentina llegaba a La Habana tempranamente para la reunión, ante la mirada de los casi 700 periodistas que cubrieron el evento.

O el Wall Street Journal, que calificó a la Cumbre como “una reunión de líderes latinoamericanos invitados por el presidente cubano Raúl Castro”.

Tampoco faltaron los medios oligárquicos latinoamericanos. 

El periodista Juan Manuel Karg, en un artículo – “Los medios y la II Cumbre de la CELAC” –publicado en el sitio Rebelion.org expone el caso de ABC, de Paraguay y La Nación, de Argentina.

“En su editorial del 29 de enero, ABC denunció que por propuesta de Cuba la cumbre evitaba hablar de democracia y derechos humanos. Sin embargo, este medio privado prefirió luego no citar la “Declaración de La Habana”, donde -¡antes del punto número uno!- se afirma la necesidad de fortalecer “nuestras democracias y todos los derechos humanos para todos”.

No muy diferente fue el caso de La Nación -por cierto, el diario donde en el siglo XIX José Martí, en sus colaboraciones desde Estados Unidos, describió no solo su experiencia general sobre la vida en el país norteamericano, sino las vivencias profundas que luego le hicieron afirmar: “viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

La Nación es hoy un diario conservador, que ante el fenómeno de la cumbre se limitó a afirmar que «se limitó a la retórica”.

Es decir, que retórica sería luchar contra la pobreza de más de 50 millones de latinoamericanos y caribeños, o la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, o el apoyo a Ecuador en su enfrentamiento contra la acción depredadora de Chevron, afirma Karg.

Una comunicación que acompañe a la integración

Todo esto era de esperarse, y nuevos ejemplos se agregarán, en la medida en que las acciones integradoras, que fortalecen la unidad latinoamericana y caribeña, se desarrollen y se conviertan en alternativa al orden imperial que ha dominado durante más de un siglo en el continente.

Pero llama la atención también sobre la necesidad de que el esfuerzo integrador, tenga también compañía en las políticas de integración que se creen como apoyo o como parte de este proceso, de la comunicación.

Es decir, que las agendas de los mecanismos integradores deben ir de la mano con proyectos comunicativos, que refuercen su funcionamiento, amplifiquen sus alcances y sus objetivos y, sobre todo, que contribuya a crear y a difundir una necesaria cultura de la integración.

La comunicación, asociada así a la integración, no solamente será un espejo al lado del camino, donde se reflejen los nuevos rumbos, sino que debe adelantarse a ellos y proponer políticas nuevas, que desarrollen y superen los espacios y experiencias de trabajo actuales.

En los movimientos sociales hay un rico inventario de tareas y objetivos en este campo.

Es el caso de sus luchas por la democratización de la información, aprovechando las nuevas tecnologías y fortaleciendo los medios alternativos. Pero también promoviendo políticas por parte de los gobiernos, de mayor aprovechamiento de los medios públicos. Ya en estos movimientos hay un caudal de experiencias acumuladas que pueden ser de extrema utilidad para impulsar la integración de Latinoamérica y el Caribe.

Al esfuerzo debe sumarse lo que es hoy un tema urgente y actual: la recuperación de la soberanía tecnológica en el terreno de la información. El ejemplo más evidente son las propuestas de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, para cambiar el esquema que hoy somete nuestras comunicaciones a los grandes centros establecidos en Estados Unidos.

De lo cual, como se conoce, se han aprovechado libremente y a su arbitrio, los servicios de espionaje estadounidenses -incluso contra la propia presidenta brasileña y contra los gobiernos progresistas latinoamericanos.

No serían pocas las dificultades. Pero una comunicación –de la que por supuesto hay múltiples ejemplos- que siga los pasos trazados por nuestros países en su búsqueda de la integración económica y social, se convertiría no solo en un medio de rechazo a las agresiones externas e internas, sino en un instrumento de gran eficacia en la promoción de la verdadera emancipación de nuestras naciones.

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