Opinión

Integración latinoamericana: testimonio de un periodista

Beto Almeida, conocido periodista brasileño, presenció en La Habana las reuniones de la Cumbre de la CELAC. Nos trasladó sus primeras reflexiones

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Redacción Central |

Los ecos de la segunda cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños siguen ocupando las conversaciones entre participantes y espectadores.

El periodista brasileño Beto Almeida, conocido profesional en su país, integrante de la dirección de Telesur y defensor constante de las políticas promovidas por los presidentes Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, conversó con nosotros sobre los antecedentes, la problemática y el futuro de la integración latinoamericana y caribeña, en los términos planteados en la CELAC.

La integración latinoamericana tiene raíces históricas siempre recordadas en el siglo XIX. Sin embargo, ha habido otros momentos en el siglo XX donde otros gobiernos avanzaron también proyectos en esta dirección.

Martí y Bolívar plantearon los elementos centrales para un movimiento de integración. Por las armas construyeron países y libertades. Pero hubo luego otros momentos, adulterados por la hegemonía de una prensa destructiva, que consideraban a los gobiernos con tendencias populares y nacionalistas como si fueran simplemente populistas.

Estos gobiernos plantearon elementos importantísimos de integración.  Getulio Vargas y Juan Domíngo Perón, por ejemplo, adelantaron la idea de los ABC, Argentina, Brasil y Chile. Era una idea de integración económica y cultural. En el caso de Vargas llegó a publicar una revista cuyo mensaje era exactamente la integración cultural, América del Sur, con textos de intelectuales de toda Sudamérica, publicada dentro de los diarios brasileños y distribuida por las embajadas brasileñas. No solo intentaba proyectar la cultura brasileña, sino promover un diálogo de culturas.

Vargas previó medidas políticas de integración. Cuando decidió hacer una auditoría a la deuda externa de Brasil, llena de fraudes, papeles falsos y trampas, que disminuyó la deuda real a menos de la mitad, convocó a siete países para hacerla. 

Hubo la idea de crear medios de comunicación, como la Radio Nacional en Brasil, y en Argentina la Agencia Latina, donde el Che llegó a trabajar. La idea era la misma, la integración informativa. Perón decía estar cansado de tantas mentiras contra nosotros. Ya habían superado el analfabetismo, tenían un proyecto tecnológico importantísimo, un proyecto nuclear, industrias automovilística y naval. Lo mismo en Brasil.

Pero la prensa internacional los calificaba de populistas, nazis, mussolinistas, franquistas. Decían que Vargas había copiado la Carta del Trabajo de Mussolini, cuando en realidad la redactó un socialista, simpatizante de la revolución rusa. Mucho antes que en Francia, estableció el voto femenino, la jornada de ocho horas, las vacaciones, lo mismo que Europa está destruyendo ahora parcialmente.

La Radio Nacional era el medio para enfrentar estas campañas, y en ella participaron los más importantes intelectuales de Brasil.  Tenía  emisiones en cuatro idiomas y era entonces la más potente del mundo. 

Estos movimientos fueron degollados. Después Goulart, o Allende, quien también estableció una radio nacional y un consejo nacional de cultura, donde fue central Víctor Jara, quien tenía un claro pensamiento latinoamericanista y de promoción de las culturas auténticas, incluyendo las originarias, integrándolas a una visión latinoamericana. Todo eso se cortó dramática y sangrientamente.

O Velasco Alvarado, que estatizó algunos periódicos y radios y los entregó a sectores del movimiento sindical.

Efectivamente, son antecedentes que han sido constantemente desvirtuados por la prensa que usted llama desintegradora. Y ante esta Cumbre, ¿cuál es su reflexión? 

Lo más importante es la propia realización acá en La Habana, en un país que ha hecho tanto por la integración, que fue víctima de tantos sabotajes y agresiones.  Un país que promovió durante su presidencia un foco muy interesante de combate a la pobreza, en el que se ha avanzado. Los países priorizan este objetivo, pese a sus diferencias: un 46 por ciento de reducción es fantástico.

Y se da la Cumbre con la inauguración de Mariel. Es como si se dijera a la CELAC y al mundo, que se está creando otro camino de integración y desarrollo. No es solo un hecho de operación comercial, sino una nueva etapa de cooperación. 

Hay un discurso del periodismo de desintegración que dice que la integración expresada aquí es apenas retórica.  No es cierto. Ahí está Mariel. ¿Es concreto o no? Hay un gasoducto que están haciendo Brasil y Argentina. ¿Es concreto o no? Llegaron a decir que la idea del comandante Chávez de un gasoducto del sur era una utopía.  Es un proyecto.  Cabe entonces preguntar cuánto tiempo ha durado la construcción del gasoducto de la Siberia hasta Europa. ¿Son utopías o realidades?

Mucho se puede hacer en el área de salud, como las vacunas entre Cuba y laboratorios brasileños, para África y Haití. Más planificadamente las podemos hacer para acá. 

El mensaje de CELAC es que la posibilidad de aprovechar mucho más los factores de cooperación depende de que se consolide la política de integración de forma amplificada, incluyendo la cultura y la comunicación, de la cual Telesur forma parte como importante legado de Chávez. Agréguele Petrosur o el Banco del Sur. O el acercamiento de CELAC con China y los BRICS.

No es retórica.  s una gran posibilidad histórica. 

Los países capitalistas no han resuelto su crisis y la quieren descargar en su periferia, e impedirnos nuestra integración.  Cuanto más avancemos, mayor debe ser nuestra alerta ante los sabotajes que puedan venir. No fue casual entonces el espionaje contra la propia Dilma Rousseff.

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