Opinión

Latinoamérica y el Caribe más unidos que nunca

La reflexión más profunda sobre los textos aprobados en la Cumbre de la CELAC se hará en los próximos días. Pero las consideraciones iniciales evidencian su éxito

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

En los próximos días se irán conociendo los textos definitivos de los casi treinta documentos fundamentales que aprobaron los presidentes reunidos en la segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

De cualquier forma, el seguimiento a las discusiones sostenidas, a las informaciones de prensa y, sobre todo, a los pronunciamientos públicos de los mandatarios en las sesiones de la magna reunión, bastan para asegurar que la reunión no solamente ha sido exitosa, sino histórica.

Lo que hemos visto es una reunión al más alto nivel donde se han reconocido las urgencias mayores de la región, y se han encaminado acciones para su enfrentamiento.

Parecía un encuentro de realización difícil, donde habría que lograr consensos entre países de variada orientación ideológica y de regímenes de formulación diferentes. 

La consideración de nuestra América como zona de paz, que amplía los límites del Tratado de Tlatelolco y contrasta con la historia de intervenciones extranjeras en nuestros países o con la ocupación británica de las islas Malvinas, rebasó todas las diferencias y obtuvo un apoyo total.

Y otros principios fueron suficientemente valiosos y algunos temas suficientemente apremiantes, para sobrepasar también las diferencias.

El primero es, obviamente, el principio de la integración. En torno a ella se pronunciaron todos los mandatarios y la definieron como una necesidad no solo imperiosa, sino inevitable. 

Sin la integración difícilmente pueden llevarse adelante verdaderos procesos de desarrollo sostenible y al mismo tiempo soberanos, que utilicen en común los considerables recursos naturales y geográficos de nuestros países, los resultados de su propia economía y que, además, compartan el enorme mercado de más de seiscientos millones de habitantes que pueblan nuestra región.

El desarrollo entendido de esta manera permite, además, trascender la actual condición de nuestras economías como productoras de materias primas para dotarlas del valor agregado que genere mayores beneficios.

Pero no puede haber desarrollo sin políticas que favorezcan la salud y la educación de nuestros pueblos, opinaron los participantes en sus intervenciones.

Otro objetivo integrador logrado fue el acercamiento de los países latinoamericanos con los caribeños. Al hacerlo, no solamente nos aproximamos económica y culturalmente, sino que rendimos tributo a la actitud independiente, y hasta desafiante frente a las presiones imperiales, de los países del Caribe.

La presidenta brasileña Dilma Rousseff sintetizó con elocuencia lo aquí logrado: los latinoamericanos nos hemos hecho más caribeños, y los caribeños se han hecho más latinoamericanos.

Posiciones internacionales fortalecidas

El fortalecimiento de las capacidades negociadoras de la región utilizando el frente unido que proporciona la CELAC fue otra de las conclusiones compartidas. El foro de cooperación China-CELAC y las aproximaciones conjuntas, por la vía de la organización, a países como Rusia, los integrantes de la ASEAN o del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, fueron ejemplos al canto de este innegable hecho.

También fueron importantes las coincidencias en la necesidad de emprender políticas conjuntas ante males apremiantes que hoy padecen nuestras poblaciones, y que van de la mano del propio desarrollo de nuestros países.

El hecho de que la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad, fuera tema central de la Cumbre, reveló la urgencia de compartir políticas para enfrentar estos azotes. 

Los datos proporcionados por la CEPAL en la reunión, reiterados por el presidente cubano Raúl Castro, reforzaron la conciencia común de la necesidad de hacer retroceder los índices negativos que predominan hoy en la región.

También el caso cubano-brasileño fue interesante en este sentido. La gigantesca obra del puerto del Mariel  y de la zona especial de desarrollo creada en torno a él, inaugurados el día 27 y resultado de un esfuerzo integrado en los dos países, no solamente representa un aporte a la economía cubana y caribeña. Como explicó la presidenta Rousseff, este emprendimiento significó la creación de 150 mil empleos en Brasil y una oportunidad para cientos de empresas de su país que trabajan para la instalación.

Otros temas también tuvieron coincidencias significativas. De ellos, dos revisten interés particular: el cambio climático y la seguridad ciudadana.

Respecto al primero, la preocupación también fue unánime, en particular de las islas caribeñas, que son ya las más castigadas y que, en un caso extremo, correrían peligros para su integridad territorial. En los foros que para este asunto se convoquen, la CELAC hablará, con fuerza mayor, en nombre de los países de nuestra América.

El enfoque del segundo sobrepasó el ángulo meramente policial para adquirir la connotación social y el vínculo que necesariamente tiene con los niveles de desarrollo -o de subdesarrollo- de los países.  Será la única y definitiva manera, mediante adecuadas políticas económicas y sociales, de enfrentarlo y disminuir su incidencia en la vida de nuestras poblaciones.

Pero quizás los momentos más emocionantes se reservaron para la evocación de los fundadores de la integración, Simón Bolívar y José Martí. Sus nombres, sus citas, sus ideas, estuvieron presentes en la mayor parte de las intervenciones, en particular el primer día, 28 de enero, cuando se conmemoraron los 161 años del natalicio del héroe cubano.

Y fueron recordados también, con la emoción necesaria, los promotores de la nueva oleada integracionista concretada en la CELAC. Evo Morales rindió tributo al líder histórico cubano Fidel Castro y, de modo especial, al inolvidable presidente Hugo Chávez, a quien correspondió el impulso práctico a la idea. Evo apreció también los aportes de Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva.

Dos retos se imponen en el futuro inmediato: la implementación de los acuerdos adoptados en el plan de acción, que permita pasar con rapidez de las formulaciones orales a la aplicación concreta.

Y el rechazo a las reacciones del vecino imperial, el principal perjudicado con la existencia de una Latinoamérica y un Caribe unidos como nunca antes.

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