Opinión

La oposición antisandinista y el triángulo de las Bermudas

La derecha nicaragüense ya tiene trazado su destino histórico, su sentencia ya ha sido redactada, promulgada y firmada con sangre, la sangre santa del noble y heroico pueblo nicaragüense

Carlos Escorcia Polanco |

A muchos “ideólogos” de la cavernaria, fanática, provinciana y parroquial derecha nicaragüense, les encanta decir que en Nicaragua el plomo flota y el corcho se hunde. Que en Nicaragua no funcionan las leyes de la física, tal como sucede en el triángulo de las Bermudas.

Tienen razón, porque siguen creyendo que para las elecciones municipales de Noviembre de 2008, un oscuro y desconocido banquero, Eduardo Montealegre, quien había pasado la mayor parte de su vida adulta en Miami, la capital del crimen organizado de las oligarquías desplazadas de América Latina, en realidad era más popular que nuestra máxima gloria deportiva, el tricampeón mundial de boxeo, Alexis Argüello. Una novelita de política ficción que ni ellos creen.

La oposición antisandinista representada por una minoría ínfima de ciudadanos extraordinariamente ricos, de familias de abolengo, de sangre azul, conocidos como Oligarquía y sus sirvientes ejecutivos, la burguesía criolla, ya no enfrentan el dilema Shakespeareano de ser o no ser, porque ya no son nada.

A lo que verdaderamente se enfrenta la derecha nicaragüense es al triángulo de las Bermudas. Su destino histórico ya está trazado, su sentencia ya ha sido redactada, promulgada y firmada con sangre, la sangre santa del noble y heroico pueblo nicaragüense. Una generación atrás, este cuerpo social cancerígeno sobrevivió al naufragio de la tiranía somocista, pero la realidad política actual indica que no podrán evadir la sentencia de la historia.

Aunque Timbucos y Calandracas son antagónicos por conflictos interburgueses, en el fondo están unidos por el mismo cordón umbilical que los vinculaba a la misma potencia extranjera que asesinó a Sandino, impuso a Somoza y ha tratado por más de tres décadas de ahogar en sangre los sueños del pueblo de Nicaragua. Son los oligarcas de ayer, los vendepatrias de hoy.

La oposición antisandinista de las paralelas históricas libero-conservadoras se dirigen inexorable e irremediablemente al abismo del triángulo de las Bermudas. Se trata del hoyo negro planetario que se traga barcos, aviones, dirigibles, donde las brújulas no marcan el norte, donde el plomo flota y el corcho se hunde, donde se pierde la noción del tiempo y la realidad, no por un drama pasional, sino por la misma obsesión patológica, que hace una generación le costó la vida a Anastasio Somoza Debayle.

Su fanática y esquizofrénica visión histórica de la realidad no les permite articular ningún discurso político coherente que suene atractivo ante las clases populares que se agitan con desesperación, empobrecidas por la misma oligarquía, luego de la inmoral e ilegal guerra de agresión mercenaria y la ridícula “economía social de Mercado” que a sangre y fuego le impusieron por 17 años al sufrido pueblo nicaragüense.

La oposición Timbuco-Calandraca de las paralelas históricas libero-conservadoras, auto apodadas con el disparatado y absurdo adjetivo de “sectores democráticos”, no solo carecen de un discurso que no sea el escarnio, la ironía y la satanización de Daniel Ortega, sino carecen de norte, carecen de brújula y si la tienen, esta no les funciona, porque se encuentran en el triángulo de las Bermudas.

“Algunas personas, creen que las leyes de la física no se aplican en el Triángulo de las Bermudas, y es uno de los únicos dos lugares del mundo donde una brújula no indicará el verdadero norte magnético” nos explica una nota introductoria al tema del triángulo de las Bermudas del “Discovery Channel”.

Tampoco a la oposición antisandinista se le puede aplicar ningún parámetro de lógica de ninguna clase porque son un enjambre de contradicciones. Dicho en buen nicaragüense, “en cuanto doblan repican”. Así los acuerdos de la chanchera hotelera parlamentaria de Metrocentro II eran la ilegal consigna política y hoy la consigna es diametralmente lo opuesto. Lo que era correcto hace 2 años, hoy es un crimen organizado.

De esta forma, estafando al pueblo al cobrar sus cheques por no trabajar, se auto prohibieron elegir a los magistrados con período vencido, para hoy repetir hasta el cansancio, exactamente lo contrario, que hay que elegir a los magistrados con período vencido, cuando ellos fueron los primeros que se auto-maniataron para no hacerlo.

El triángulo de las Bermudas es una trama tejida por ellos mismos, la cual les está resultando fatal, dolorosa y vergonzosa. Es un laberinto ético, moral y político en el cual pululan como fiera enjaulada dentro de dicho triángulo, el cual desafía todas las leyes de la física ya no digamos la lógica, la decencia y la dignidad humanas.

El primer vértice de este triángulo es el amargo grito de “Fraude electoral” que ha constituido el grito de combate del discurso de una oposición que carece de discurso. La acusación de fraude parece ser el mensaje emblemático de su campaña, su plataforma política y su legado histórico.

Pero, como lo han descubierto antes, Albert Gore en Estados Unidos,  Andrés Manuel Lopez Obrador en México, Enrique Capriles en Venezuela y más recientemente Xiomara Castro en Honduras, probar un fraude electoral es una harto difícil carrera cuesta arriba, por no decir una misión imposible.

Incapaces de defender el ignominioso expediente de 17 años de ridícula “economía social de mercado” de los tres gobiernos títeres de la misma potencia que asesinó a Sandino y nos impuso a la tiranía somocista, los operadores políticos de la oligarquía blancoide se han aferrado al discurso del fraude con la desesperación de un condenado a muerte a quien se le terminaron todas las opciones.

Si la propia conferencia episcopal nicaragüense les dio la estocada mortal, dias antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 2011, con su carta pastoral contra el aborto, le correspondió a Dante Caputo, jefe de la Misión de Observadores de la OEA, darles el tiro de gracia con el informe final presentado en Washington ante el Consejo Permanente de la OEA.

Las palabras de Caputo, ex-canciller argentino en Washington, cayeron como un balde de agua fría sobre un paciente con fiebre alta, cuando, en alusión al conteo paralelo hecho por la Misión de Observación Electoral, declaró que los propios conteos de la OEA: “…resultan semejantes con los emitidos por el Consejo Supremo Electoral”. (La OEA avaló todo, El Nuevo Diario, 16 de Noviembre de 2011).

El segundo vértice del fatal triángulo de las Bermudas lo constituyen las encuestas de opinión las cuales a lo largo de los últimos 7 años favorecen cada dia más al gobierno del presidente Daniel Ortega y la primera dama Rosario Murillo.

Todas las empresas encuestadoras de opinión existentes en el país han coincidido plenamente en dos aspectos fundamentales, uno, que la popularidad del presidente y la primera dama no cesan de crecer y dos, el desplome total de los niveles de simpatía de los partidos de oposición. Las encuestas de opinión han desbaratado la pretensión de supuestamente tener la mayoría en su favor.

Tanto M & R Consultores como Víctor Borge y Asociados han verificado la sentencia lapidaria anunciando la virtual muerte política de la oposición. Pero la cereza en el pastel fue cuando la encuestadora contratada por la pareja presidencial “Siglo XXI” dio al mandatario elevados índices de aprobación de alrededor del 80%, los cuales fueron vigorosamente cuestionados y satanizados por la oposición. Al día siguiente la estadounidense CID-GALLUP le daba a la pareja presidencial, índices de aprobación aún mayores que Siglo XXI.

Completando la fatal geometría del tenebroso triángulo de las Bermudas de la comatosa oposición antisandinista, este se “engaza”, se cierra y se consolida con el tercer vértice de las marchas callejeras. La oposición ha sido totalmente incapaz de demostrar, vez tras vez, la supuesta veracidad de su discurso, al no poder sacar a las calles las “amplias mayorías” que dicen representar.

Desprestigiando la distinguida imagen del mártir de las libertades públicas, Pedro Joaquín Chamorro, las paralelas históricas, intentaron una vez más sacar a la mayoría que alegan está contra Ortega, el 10 de enero, aniversario de su muerte, pero fracasaron, dando un vergonzoso espectáculo, indigno del heroico periodista. Anunciaron en las redes sociales que llegarían 20 mil personas, pero solo se presentaron 200.

Los datos del Consejo Supremo Electoral, pese a las irregularidades alegadas por la oposición, fueron avalados por Dante Caputo, el sepulturero de la Oposición. Las encuestas confirman repetidas veces lo que dijo el CSE y la OEA. Las raquíticas y vergonzosas marchas opositoras, realizadas con mucha pena y ninguna gloria constituyen el último clavo en el ataúd de una oligarquía que decidió navegar en una zona en la cual no existen las leyes de la física.

La oligarquía explotadora, fanática, parroquial, provinciana y títere de la única potencia que históricamente nos ha ultrajado, se adentró a ese triángulo fatal, cuyos vértices coinciden geométricamente entre sí a la perfección. Incapaces de probar su legitimidad, ni con elecciones, ni con encuestas, ni con marchas callejeras, el barco de la oposición navega hacia su tumba política, al “hoyo negro” del océano Atlántico por donde aterrizan los objetos voladores no identificados, OVNIS.

Cuando Somoza huyó de Estados Unidos para evitar ser arrestado y entregado por el FBI a la justicia revolucionaria, anduvo como judío errante por el mar Caribe, donde está ubicado precisamente el triángulo de las Bermudas. Más temprano que tarde, la oligarquía y sus aliados, irán a hacerle compañía a su compañero político, el verdugo del pueblo de Nicaragua.

Desafiando las leyes de la lógica, el falso discurso de la oposición se contradice con la realidad de un pueblo que tomó su decisión de lanzarlos al basurero de la historia, tal como una generación atrás lo hizo con la sangrienta tiranía somocista.

[Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense residente en Los Ángeles, California]

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