Opinión

Ginebra 2: sólo el inicio

Pocos confían en que la reunión de Ginebra tenga resultados inmediatos, que detengan el destructor conflicto que asola a Siria desde hace casi tres años

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

No han sido pocas las dificultades que han enfrentado los organizadores del encuentro a realizarse en Ginebra -conocido como Ginebra 2- para intentar un avance hacia la paz en el conflicto que opone al gobierno legítimo de Siria y a un abanico de numerosas y raras fuerzas opositoras desde hace tres años.

Rusia y Estados Unidos se han empeñado, cada uno dentro de sus respectivos marcos de influencia, en lograr la asistencia a la cita de la mayor parte de las fuerzas contendientes.

En particular, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, tuvo que aplicar toda su presión para conseguir que una representación de la oposición siria aceptara ir al encuentro, tras una complicada reunión celebrada en Estambul el fin de semana pasado.

Al final, la tal complejidad pareció haberse resuelto. Pero solo temporalmente. Y las contradicciones que allí se reflejaron son un botón de muestra de las muchas manos e intereses introducidos en el conflicto sirio.

Dos convidados de piedra tuvieron una presencia silenciosa en el encuentro de 120 miembros de la llamada Coalición Nacional Siria: Catar y Arabia Saudita. 

Ambas naciones han tenido un papel protagónico y competitivo en la oposición armada al gobierno del Partido Baath y en especial a los grupos terroristas.

Pero las diferencias entre cataríes y sauditas son profundas y se han evidenciado en otros temas. Catar, por ejemplo, apoyó en Egipto a los Hermanos Musulmanes, mientras que los sauditas respaldaron el derrocamiento de Mohammed Morsi. En Siria, Catar ha apoyado a grupos como la Brigada al Tauhid, vinculada a los Hermanos Musulmanes, mientras que los sauditas lo hacen con otros grupos, como el Frente Islámico.

Catar controlaba antes a la Coalición Nacional Siria, pero su ampliación a 120 miembros y la elección de Ahmad Yarba, vinculado a la inteligencia saudita, como su jefe, debilitó el control catarí. Las facciones que representan al rico islote del Golfo en la reunión de Estambul solamente iban a acceder a participar en Ginebra 2 si se les daba un alto nivel de representatividad.

Las diferencias no son menores entre otros contendientes.

Los últimos días de diciembre y el mes de enero fueron testigos del feroz enfrentamiento entre las más importantes de las decenas de organizaciones islamistas vinculadas algunas a al Qaeda.

Nada nuevo. 

Como se recordará, al inicio del conflicto sirio, y con el apoyo y los suministros de Arabia Saudita, Catar y Turquía, se fundaron organizaciones como el Ejército Libre Sirio y el Frente Al-Nusra, entre otros grupos rebeldes. Nadie puso coto al ingreso en el país de grupos fundamentalistas terroristas y a su participación en los enfrentamientos. Entonces pensaron que la guerra sería de corta duración.

Cría cuervos…

Y comenzaron las contradicciones. Se creó la organización Estado Islámico de Iraq y el Levante y el Frente Islamiya, cada uno de ellos integrado por decenas de otras organizaciones y sus respectivas milicias, y con participantes originarios de numerosos países -se ha hablado de más de 80 nacionalidades.

Las contradicciones se han resuelto por las armas. Y así, mientras los opositores de cuello y corbata discuten en el exterior de Siria, en el interior las organizaciones armadas antigubernamentales se han matado entre ellas a lo largo de las últimas semanas.

Por lo tanto, si hay alguien preocupado por el futuro de la crisis y por lo que pueda lograrse en Ginebra, es Estados Unidos.

Recientemente, uno de los grupos vinculados a al Qaeda, dijo a la prensa: “Estados Unidos, tu tiempo llegará, te haremos sangrar hasta la muerte, y si Dios quiere, izaremos una bandera en la Casa Blanca”.

Todo lo cual tendrá consecuencias para los debates de Ginebra 2. Allí llegarán los representantes de la oposición con una posición maximalista: la democión del presidente Bachar el Assad y, más que eso, de la estructura de gobierno que ha imperado en Siria en más de cuatro décadas.

Y llegará el gobierno sirio, para el cual esta solicitud es inaceptable, con el interés de que el centro de las discusiones sea la detención de la actividad terrorista, ahora multiplicada por los propios enfrentamientos entre las organizaciones fundamentalistas.

Estados Unidos y Rusia apoyan las posiciones de la oposición y del gobierno, respectivamente.

Pero Estados Unidos y sus aliados saben lo que está en juego.

De perderse el control central del país, una vez más, y como amargamente saben los estadounidenses después de la experiencia afgana, pueden derivarse imprevisibles complicaciones para su seguridad nacional.

Y los factores mesorientales pueden avizorar en lo que se convertiría, no Siria, sino la región, si la ausencia de un poder real ensanchara las compuertas ya abiertas para las guerras confesionales y de intereses, en el denso entramado tribal y religioso que conforma la estructura profunda de este país y de sus vecinos.

Ginebra 2 comenzará en otra ciudad suiza, Montreux, y se trasladará a la sede ginebrina posteriormente. Será una reunión que dará pie a otras, como todo proceso negociador.

Por su difícil e impredecible éxito espera el pueblo sirio, que ha visto agredida su integridad y su rico patrimonio, al costo de más de cien mil vidas, de cuatro millones de desplazados internos y de dos millones de personas que hoy buscan difícil sustento en los países cercanos.

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