Opinión

Celac: La batalla de La Habana

En los pueblos latinoamericanos se desarrolló una innata propensión a la unidad y a la concertación que durante 150 años fue mediatizada por Estados Unidos. La Celac rompe con los propósitos históricos del Norte

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II Cumbre de la Celac | Cuba Minrex

Jorge Gómez Barata |

Tal vez por la cultura y la historia compartida, por la obra unitaria de los próceres encabezados por Bolívar, y por la prédica de Martí, en los pueblos latinoamericanos se desarrolló una innata propensión a la unidad y a la concertación que durante 150 años fue mediatizada por Estados Unidos.

A pesar de su inmenso poderío económico y militar, de las asimetrías respecto a las repúblicas latinoamericanas, y al sometimiento de las oligarquías nativas, a Estados Unidos nunca le resultó fácil dominar políticamente a los países del continente, en los cuales siempre hubo voces que reivindicaron la soberanía y la dignidad.

Aunque el imperio sometía a gobernantes, reclutaba aliados y ejercía todo tipo de presiones, por diversas razones en cada Conferencia Panamericana se creaba un clima que no favorecía la imposición de las posiciones norteamericanas, lo cual fue notable en la quinta cita donde enfáticamente se rechazó el intervencionismo y se cuestionó la doctrina Monroe.

El fondo del asunto es que como parte de los esfuerzos para crear la Sociedad de Naciones, Estados Unidos promovió los 14 puntos del presidente norteamericano Woodrow Wilson para el establecimiento de la paz y la democracia que, aunque se limitaban a Europa, ponían en solfa la doctrina Monroe.

En ese contexto, de cara a los debates que se avizoraban en la Sexta Conferencia Panamericana (1928), el imperio despachó a La Habana al presidente Calvin Coolidge (único en ejercicio que ha visitado Cuba), quien para no variar, llegó a bordo del acorazado Texas. En la capital cubana fue agasajado por el dictador Gerardo Machado.

El primer debate previo a la cita se suscitó cuando surgió la idea de invitar a la conferencia a un representante de la Sociedad de Naciones y el embajador español en La Habana pidió ser convidado, a lo cual Estados Unidos se opuso, pidiendo al gobierno cubano que se abstuviera de tal iniciativa. El asentimiento del dictador vernáculo fue inmediato y explicito. La doctrina Monroe se expresó incluso en el protocolo.

En la inauguración, hablaron el dictador cubano que se deshizo en elogios hacia el presidente Coolidge y la gran nación del Norte, mientras el mandatario estadounidense, además de reciprocar las alabanzas del dictador, subrayó la cuestión del panamericanismo y reivindicó la doctrina Monroe.

No obstante, esas posiciones y la conformación de la agenda evadiendo los problemas nodales, no pudo impedirse que el tema de la no intervención entrara en los debates al considerar la conclusión de la Comisión de Jurisconsultos nombrada con anterioridad, la cual reivindicó el precepto de que: “Ningún Estado puede intervenir en los asuntos internos de otro”. De ese modo la cuestión de la injerencia de Estados Unidos saltó a la palestra.

Frente a la posición norteamericana que mediatizaba esa conclusión y justificaba diversas formas de intervención que era apoyada por los gobiernos impopulares y oligárquicos y en algunos casos dictatoriales de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Perú y otros, se levantaron las actitudes anti intervencionistas de El Salvador, Argentina, Panamá, México, Santo Domingo, Haití, Paraguay, Colombia y Chile.

El anti injerencismo fue favorecido por la publicidad recibida cuando, en el transcurso de la Conferencia, el Jefe de la delegación argentina Dr. Honorio Pueyrredón renunció, negándose a suscribir la Convención de la Unión Panamericana, que endosaba privilegios comerciales a Estados Unidos. Aunque el gobierno argentino sustituyó al dimitente por su embajador en La Habana el gesto impactó a la opinión pública.

Debido a las presiones norteamericanas y a la posición servil de varios gobiernos, la Sexta Conferencia Panamericana de La Habana no se pronunció categóricamente contra el intervencionismo norteamericano. No obstante aquella batalla política contribuyó a desbrozar el camino para que en 2011 se constituyera la CELAC, que ahora sin acorazados gringos ni renuncias se reúne en La Habana. Allá nos vemos.

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