Opinión

La poesía comprometida de Juan Gelman

Los versos del escritor argentino fueron un ejemplo de cercanía con el ser humano

Juan Gelman
Poeta argentino Juan Gelman |

Redacción Central |

Dedicó toda una vida a abrirle la puerta a la señora poesía para ser escrito por ella, decía Juan Gelman poco antes de morir en la Ciudad de México, donde vivía desde sus tiempos de exiliado argentino.

Hijo de emigrantes rusos llegados a Argentina, se entusiasmó por la poesía cuando escuchaba a su hermano declamar los versos de Pushkin; sus primeros versos fueron a una enamorada que no le correspondió hasta que encontró el éxito con su primer libro en 1956, “Violín y otras cuestiones”.

Su poesía fue comprometida, sin prejuicios pero sin dejar de lado la calidad literaria, la experimentación con el lenguaje, desde lo mínimo hacia lo sensible, partió desde su compromiso contra la represión política.

La dictadura argentina le arrebató la libertad y a su familia, a su hijo Marcelo y a su nuera embarazada María Claudia García y recuperó a su nieta Macarena cuando ella tenía 23 años, después de saber que fue entregada a una familia de militares uruguayos.

Juan Gelman tuvo que tomar el camino del exilio, Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México, donde fijó residencia permanente hasta su muerte.

Esa experiencia la marcó hondamente. Se le definió como “el poeta de los ojos tristes”, aunque nunca tuvo odio sino ternura cuando hablaba de aquel periodo. El choque del exilio y de la desaparición de su familia le impidió escribir durante varios años.

Su poesía no era protagonizada por el sujeto grandilocuente de la tradición poética latinoamericana, sino por un sujeto que se equivoca, que tropieza, que tiene que comenzar de nuevo, su poesía fue de compasión y de cercanía con el ser humano.

Juan Gelman consideraba que “sobre la poesía habría un par de cosas que decir… que nadie la lee mucho, que esos nadie son pocos, que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial y con el asunto de comer cada día. Se trata un asunto importante”.

De su obra poética destacan su primer título publicado Violín y otras cuestiones (1956), Gotán (1962), Fábulas (1970) y Salarios del impío (1993), que le hicieron merecedor de los premios Juan Rulfo (2000), y el Pablo Neruda otorgado en 2005.

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