Opinión

Espionaje, restricciones y las críticas a Barack Obama

Las medidas anunciadas por el presidente estadounidense como reacción a las revelaciones de Edward Snowden, le han traído más críticas que elogios

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Finalmente, y después de mucho tiempo, Barack Obama decidió reaccionar al escándalo producido por las revelaciones de Edward Snowden y anunciar un paquete de medidas para limitar el poder sin fronteras del servicio probablemente más secreto del mundo: la Agencia Nacional de Seguridad, conocida por sus siglas en inglés NSA.

Como le ha ocurrido al presidente estadounidense con otros temas, esta vez consiguió quedar mal con casi todo el mundo.

Desde su asilo en la embajada de Ecuador en Londres, Julian Assange criticó acerbamente las medidas anunciadas. 

Para el fundador de Wikileaks, cuyo criterio representa una amplia línea de opinión, es penoso que el presidente de Estados Unidos no diera a conocer reformas de verdadera profundidad sobre el espionaje masivo de la NSA.

«Me parece que es vergonzoso que el presidente de Estados Unidos, un líder de su envergadura, hable durante 45 minutos sin decir nada», dijo en una entrevista con CNN. A su juicio, las medidas adoptadas son insuficientes -“pocas reformas”- cuando se hacía necesaria una reforma “concreta” y en profundidad al espionaje de la Agencia norteamericana.

La preocupación de Assange es consistente con su sombría visión de un futuro donde la vigilancia electrónica sea omnipresente. 

“Esta es la última generación libre. La reunión de los sistemas de gobierno y el apartheid de la información es tal, que ninguno de nosotros será capaz de escapar a ellos en solo una década”, había afirmado días atrás.

Pero tampoco recibió aplausos el presidente norteamericano desde la banca de la comunidad de inteligencia, que según trascendidos había hecho todo lo posible para que los programas de espionaje sobrevivieran intactos al escándalo.

El general retirado Michael Hayden, antiguo director de la NSA, dijo que “nadie va a estar de acuerdo (con la medida de que una corte secreta apruebe previamente las escuchas telefónicas). En sus palabras al programa matutino Today Show, de NBC, Hayden opinó que ya se había hecho “un daño grave o irreversible a la capacidad” de la Agencia de Seguridad Nacional para su trabajo de inteligencia.

Opinando a nombre de los ofendidos, el gobierno alemán elogió las medidas, pero con grandes condicionamientos.

El portavoz de Angela Merkel, Steffen Seibert, recordó que «en territorio alemán debe aplicarse la ley alemana». Añadió que necesitaban «más tiempo» para estudiar en detalle las restricciones anunciadas por el presidente. Servirán, dijo, de orientación para que continúen las «conversaciones en busca de una nueva base de colaboración» con los servicios secretos estadounidenses.

Con lo cual el gobierno alemán presiona a Estados Unidos para proseguir negociaciones sobre una suerte de pacto de no agresión en el espionaje mutuo. La idea entusiasma poco a Washington, que abriría paso a solicitudes similares de otros gobiernos.

Tampoco la opinión pública alemana felicitó las iniciativas norteamericanas. El partido La Izquierda consideró vagas las reformas anunciadas, una “marcha atrás leve y poco decidida”, y el partido de los Verdes dijo que las cosas “no cambiarán casi nada” para los ciudadanos que están siendo objeto de la vigilancia masiva.

Pequeños errores garrafales

Las limitaciones presentadas por Obama se refieren, básicamente, a la necesidad de autorización judicial para ciertas acciones de intercepción telefónica, al dilema del almacenamiento de los registros telefónicos comprometidos, que se quiere pasar a las compañías telefónicas, al procedimiento para emitir las llamadas cartas de seguridad nacional, que obligan a las compañías telefónicas y de internet a entregar información a los órganos de seguridad, a la designación de un alto funcionario del Departamento de Estado para que enfrente las controversias y coordinaciones diplomáticas derivadas de esta actividad.

Y respecto al espionaje a líderes internacionales, la restricción se limita a los “amigos y aliados en el extranjero”, salvo que haya un propósito de seguridad nacional que obligue a vigilarlos.  

En medio de tan serio asunto, en las palabras de Obama se deslizó  -¿casualmente o no?- un pequeño gazapo, de esos a los que un viejo dirigente campesino que conocí llamaba “pequeños errores garrafales”.

Según explicó el presidente, el programa de espionaje de la NSA creció como consecuencia de un hecho concreto: uno de los secuestradores de los aviones del 11 de septiembre, Khalid al Mihdar, llamó desde San Diego a un conocido activo de al Qaeda en Yemen.  La NSA capturó la llamada pero no pudo saber que procedía de un teléfono en Estados Unidos.

La realidad, como se reveló inmediatamente por los especialistas, es otra. Khalid al Mihdar se encontraba bajo vigilancia, tanto como su contacto en Yemen. Estados Unidos tenía un video donde se le veía participando en una cumbre de al Qaeda en Kuala Lumpur antes de que se trasladara a San Diego. Y la inteligencia norteamericana sabía que estaba en Estados Unidos.

Pero el orgullo propio de las distintas agencias de inteligencia entró en funcionamiento. Como se supo, en este caso y en otros vinculados al atentado contra las torres gemelas, cada una buscaba su propia realización. Y se negaron a intercambiar información entre sí.

Difícilmente Obama era ajeno a la real versión de lo ocurrido. Pero al manipular el hecho para dar consistencia a sus argumentos, el presidente estadounidense también ha logrado quedar mal con la historia.

Ah!, y otro pequeño gazapo. Olvidó felicitar a Snowden, sin el cual nunca nos hubiéramos enterado de los desafueros de la NSA.

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