Opinión

Fuerzas especiales de Estados Unidos: Rambo se multiplica

Las actividades de las fuerzas especiales de Estados Unidos se expanden silenciosamente por todo el mundo

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Después de la aparición del todopoderoso Rambo, la imagen de un nuevo tipo de soldado norteamericano omnipotente, superhéroe, no ha abandonado más la pantalla.

Ya no es el simple marine, sino los más variados integrantes de fuerzas especiales, SEALs, rangers, green berets o comandos de las delta forces: soldados inexpugnables, con armamento de última generación y preparación física que los devuelve incansables después de extensas batallas.

Todos han poblado el imaginario audiovisual de Estados Unidos. Y por esa vía, de nuestras pantallas.

Las fuerzas especiales norteamericanas nacieron en 1980 durante el fallido intento de rescatar a los rehenes en Irán. Siete años después se estableció el Comando de las Operaciones Especiales (SOCOM) con unidades de distintas ramas, y encargado de llevar a cabo las misiones más secretas y especializadas, a saber: asesinatos, incursiones antiterroristas, reconocimientos especiales, guerra irregular, operaciones sicológicas, entrenamiento de tropas extranjeras y operaciones contra armas de destrucción masiva.

Las fuerzas especiales gozaron de las preferencias de Donald Rumsfeld durante su autoritario mandato como jefe del Pentágono en el primer mandato de George W. Bush. Fueron su apuesta, junto a la tecnología, para promover una nueva doctrina militar, basada en la intensidad y la eficacia.

Hoy estas fuerzas no son solamente un componente mediático ineludible en cualquier película comercial. Son una presencia real y mucho más extendida de lo que la opinión pública conoce.

Algo supimos de su ubicua presencia en África, en un artículo aparecido en esta misma columna hace pocos meses. Entonces dimos a conocer los resultados de una investigación del periodista Nick Turse, editor del sitio Tomdispatch.

Allí conocimos que en Camp Lemmonier, Djibouti, se alzaba una gran base militar yanqui donde residiría el Comando de Operaciones Especiales correspondiente al comando de África de las fuerzas armadas de Estados Unidos y desde donde extendían su actividad a todo el continente.

Ahora, y durante meses, esperó el periodista porque el Comando de Fuerzas Especiales de Estados Unidos respondiera sus preguntas sobre el alcance mundial de estas fuerzas. Ante el silencio, el tozudo Nurse decidió actuar por su cuenta y realizó una nueva investigación. 

Fuentes públicas le revelaron que entre el 2012 y el 2013, las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses (SOF) se encontraban desplegadas en misiones de entrenamiento, de asesoría o de operaciones, en más de cien países. Otras fuentes le aseguraban que eran 120. 

Es decir, alrededor del 60 por ciento de los países del planeta.

Y como anunciara el propio jefe de las SOF, almirante William McRaven, las ambiciones son de crear unas fuerzas globales para el 2020, con presencia en cualquier parte del mundo.

En pleno crecimiento

De 33 mil hombres reportados en el 2001, se ha llegado a 72 mil soldados de las distintas fuerzas en el 2014. El presupuesto ha acompañado este incremento: de 2 mil trescientos millones de dólares a 6 mil novecientos, en un plazo similar. 

De forma estable, según el New York Times, 11 mil integrantes de estas fuerzas trabajaban en 92 países, durante una semana de marzo del 2013 tomada como muestra.

Según el propio McRaven, el SOCOM mantiene una compleja red de alianzas con agencias gubernamentales dentro y fuera de Estados Unidos. Su organización, dice Nick Turse, ha convertido al mundo en un gigantesco campo de batalla, dividido en varios frentes: SOCAFRICA, SOCCENT para el Oriente Medio, SOCEUR para Europa, SOCKOR exclusivamente para Corea, SOCPAC para el área de Asia y Pacífico y SOCSOUTH, para América Central, el Caribe y Sudamérica.

El recuento de las operaciones conjuntas realizadas en el 2013 con otros países es ilustrativo: con hombres rana indonesios, con las Fuerzas de Defensa de Malawi, con Estonia, con fuerzas peruanas, con integrantes de unidades de Trinidad Tobago, con diez naciones del sudeste asiático, más Australia, Nueva Zelanda, Japón, Corea del Sur, China, India y Rusia.

Y con Noruega, en el centro de juegos de guerra del SOCOM en la base aérea de MacDill, en Florida, la cual se ha convertido, según el Tampa Tribune, en un núcleo mundial de operaciones especiales, donde se han preparado ya representantes de diez naciones, y aguardan los de otras 24. 

Es decir, la visión global de McRaven.

El artículo de Turse es extenso y detallado. Pero vale la pena rescatar uno de sus hallazgos:

“Un silencioso compañero del SOCOM es la USAID”, revela Turse. Y cita a Beth Cole, director de la Oficina de Cooperación Civil-Militar de la USAID, quien explicó cómo su agencia ayudaba a las fuerzas militares secretas. “Mi oficina apoya el entrenamiento de las Fuerzas Especiales en preparación de misiones alrededor del globo… Estoy orgulloso de que mi oficina y la USAID hayan provisto entrenamiento a varios cientos de miembros del Ejército, la Marina y las fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina emplazados en Afganistán”. 

La USAID, añade, también sirve de facilitador en los cuarteles de SOCOM en Florida para vincular a las fuerzas especiales con expertos en las áreas donde librarán sus operaciones, para ayudarlos a comunicarse con la población local.

Nick Turse finalmente obtuvo una respuesta oficial del SOCOM. Confusa y contradictoria, la información difería de la ofrecida en otras ocasiones por los mismos representantes de esta estructura militar.

Es el juego actual del SOCOM: una inconfesable actividad internacional, y otra imagen para casa, la que necesita la cinematografía.

Ver artículo de Nick Turse en http://www.tomdispatch.com/post/175790/.

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