Opinión

Cardenal Brenes o la escogencia papal que ni caso le hizo a “unción” de papel

El arzobispo Leopoldo Brenes llevará el capelo cardenalicio, pero sobre todo, y quizás ahí esté la razón de su nombramiento por el papa Francisco, deberá ser bisagra para aceitar, con su espíritu, el significado latino de cardinis

Leopoldo-Brenes
Cardenal Leopoldo Brenes en tipitapa |

Edwin Sanchez |

Los tiempos de partos de los Cardenales en Nicaragua, que comienzan en Matagalpa, no son siempre como los de toda madre: difíciles, dolorosos. También los hay felices. El primer Príncipe de la Iglesia Católica fue creado en plena guerra, cuando el presidente Reagan emplazó sus cañoneras contra nuestra nación, como antes lo hicieron Taft, Wilson, Coolidge y Hoover. En esas circunstancias surgió Su Eminencia, Miguel Obando y Bravo.

El segundo parto llegó con la paz y la reconciliación, con los fusiles apagados, y alguna que otra brasa de rencor atizada por ahí. Ahora el arzobispo Leopoldo Brenes llevará el capelo cardenalicio, pero sobre todo, y quizás ahí esté la razón de su nombramiento por el papa Francisco, deberá ser bisagra para aceitar, con su espíritu, el significado latino de “cardinis”.

Bien dice la escritora Rosario Murillo: “Estamos seguros que Monseñor Brenes continuará desempeñando ese trabajo pastoral cerca de los más pobres, con los más pobres, y desde su testimonio de vida como pastor, también contribuyendo a que la sendas abiertas por el Cardenal Miguel, de reconciliación, de amor, de encuentro de Nicaragua, se profundicen para tranquilidad, para mayor armonía, para felicidad de las familias nicaragüenses”.

Para la derecha antidemocrática, el Papa se equivocó, aunque por ahora tendrán que tragársela en público. Fue excesivamente notoria la furibunda inversión de tinta, bobinas y espacio para el disparo de su candidato a imagen de sus titulares y semejanza de su ofensiva mediática, a pesar de la investidura superior del líder de la Arquidiócesis. Sin embargo, Roma fue clara: quiere un colaborador papal, no un proyecto de papel.

El preferido, pues, era otro, digamos más mundano que eclesiástico; más fabricado a la medida de los editoriales del partido impreso que peligrosamente nacido de las exhortaciones apostólicas del Episcopus Romanus; más partidario que religioso. Un prelado hecho mejor para las portadas que para desperdiciarlo en el altar.   

El tratamiento fue desproporcionado y ahora intentan enmendar su fiasco, reconociendo oportunista y tardíamente la dimensión que le negaron. Y no solo eso, quieren lanzarlo contra el Gobierno Sandinista.

El delito de “Polito” para la extrema derecha es que en vez de “corregir” a Cristo, proclamando el “armaos los unos a los otros”, se ciñe al mandato de “amaos los unos a los otros”. En vez de andar de incendiario, prefiere encender el incensario; no es vocero de intereses políticos oscuros, ni promueve los enfrentamientos, mucho menos inventa grupos armados.

Tal es la grandeza de personalidad del hijo de doña Liliam Solórzano, que si bien no deslumbró al “consistorio” de la prosapia conservadora, conmovió nada menos que el corazón de Jorge  Mario Bergoglio. ¡Eso es amor, no cálculo!

Preámbulo

El Vaticano antes de hacer pública la decisión, envió dos mensajes que la hepática derecha no logró descifrar y que los describe junto con su frustrado aspirante: Uno, con su EVANGELII GAUDIUM, que subraya: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios (…) se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida”.

El segundo mensaje cambia todo el engranaje eclesial: no más monseñores “para perfilar una Iglesia más sencilla y menos elitista; más cercana a las personas”, informó Prensa Latina.

Este hermoso preámbulo es un remedio que, para alguna prima donna, sabrá a purgante, pero es necesario. El Papa, un recuerdo vivo de la modestia de Juan Pablo I, Albino Luciani, quiere una Iglesia sin pasarelas ni vanidades de primera plana. Por eso es que el antiguo Cardenal de Argentina escogió a Brenes.

Para su nombramiento, establece el Código de Derecho Canónico, “se eligen varones destacados por su sabiduría (doctrina), costumbres (coherencia de vida), piedad (oración y relación experiencial con Dios), prudencia (buen actuar, discernimiento, decisiones acertadas)”.

El ahora integrante del Colegio Cardenalicio en un país que sufrió de guerras y de la dictadura somocista, desarrolló un ministerio que nunca empleó la pólvora en su labor pastoral ni en sus entrevistas de prensa, al contrario, ha utilizado el incienso. Mesurado, no degradó el púlpito a tribuna, ni cedió el podio al odio. De ahí que la derecha se quedó vestida y alborotada en los primitivos tiempos de Pío XII, haciendo esfuerzos por reponerse de la sorpresa. 

Otra Nicaragua

El flamante purpurado dijo en la Navidad pasada lo que ha sido su labor de pastor: “…donde hay cariño, amor, fraternidad, eso basta para ser feliz”. Otros son los que llegan el éxtasis de la felicidad por sus propios medios…

La Nicaragua que encuentra el incardinado, ha girado 180 grados. Con sus limitaciones y su lucha contra la raíz estructural de la pobreza, es un país dedicado a la paz: en vez de guerra y Servicio Militar, es sede de campeonatos juveniles en el Luis Alfonso Velásquez, y de Golf en el Country Club. Y es muy atractivo para los inversionistas. La República disfruta de un magnífico índice de seguridad ciudadana.

Si el nombramiento cardenalicio es importante para la feligresía católica, es necesario aclarar que el mapa religioso de la nación tampoco es igual, cuando un 40% de la población se confiesa protestante. Además, hay adventistas, mormones, Testigos de Jehová, musulmanes, algunos budistas; ateos, agnósticos y… boeristas. 

Ya ni siquiera es la misma Iglesia Católica en la que se ordenó en 1974, porque vive sus propios Nuevos Tiempos que impulsa el papa Francisco, a despecho de los sectores más retrógrados del planeta. En la línea del Jefe del Vaticano, Su Ilustrísima trazó su ruta: “Para mí lo importante es la cercanía, el vivir en la parroquia”. En su primera salida como Cardenal, en Jinotepe se colocó verbalmente el anillo de desposorio con la Iglesia Diocesana que le entregará el Papa: “Proclamaré a Jesús, no a mi persona”.

La carta dirigida por Su Santidad a quienes estrenarán el Consistorio, difícilmente podría ser cumplida por el “ungido” de la derecha antidemocrática. La misiva más bien refuerza la biografía del insigne hijo de Ticuantepe:

“El cardenalato no significa una promoción… ni una condecoración; es simplemente un servicio que exige ampliar la vista y agrandar el corazón. Y, aunque parezca una paradoja, este poder observar más lejos y amar más universalmente con mayor intensidad, se pueden obtener sólo siguiendo el camino del Señor: el camino de la humildad, convirtiéndose en siervo”.

Al Cardenal que pudo morir cuando fue párroco de Jinotepe en 1979, en medio de una ciudad brutalmente bombardeada por Somoza con helicópteros artillados con bombas de 300 libras y rocketazos lanzados desde los Push and Pull, no le pueden contar cuentos de lo que es una dictadura. Él solo quiere mantener su capacidad de ser siempre un humilde “pastor con olor a oveja”, para que no se le suban “los humos”.

Enorme responsabilidad esta de ser bisagra, sobre todo cuando la derecha conservadora esperaba un candado.

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