Opinión

Otra prueba para la Revolución Ciudadana

Una nueva confrontación electoral, a nivel local, ampliará las bases del proceso ecuatoriano para beneficio de sectores más amplios de la población

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Los procesos populares en América Latina van trazando una larga línea de victorias en las evaluaciones electorales constantes a las que son sometidos.

Pudiera decirse que este es el destino tradicional de todos los partidos dentro del esquema democrático. Pero hay una diferencia esencial: la victoria o la derrota de un partido tradicional burgués solamente altera los compromisos políticos y la distribución de las cuotas de poder.

En el caso de los procesos revolucionarios y progresistas latinoamericanos, cada encuesta electoral pone en riesgo la continuidad de un proceso de cambios y de políticas sociales revolucionarias.

Ahora será la Revolución Ciudadana, con Rafael Correa al frente, la que acudirá a otra contienda, esta vez al nivel de prefecturas y alcaldías en el mes de febrero.

Los resultados electorales de Correa han sido inéditos en Ecuador.  Elegido por tercera vez con un 51,17 por ciento de los votos, se une a una tríada victoriosa integrada por Evo Morales y por Hugo Chávez.

Correa es el presidente ecuatoriano que ha tenido un respaldo más amplio del Congreso de su país. 100 de los 137 escaños asamblearios le son leales, lo que le permite adoptar las medidas legales necesarias para llevar adelante sus proyectos sin grandes dificultades.

Pero en la próxima confrontación el presidente irá por más. Ahora se tratará de ampliar ese apoyo de base en la elección de prefectos, alcaldes y concejales vinculados a su movimiento Alianza País, y recuperar la iniciativa local en aquellos lugares donde está en manos de la débil oposición.

«La revolución se construye desde lo local y es un absurdo querer hacer oposición al Gobierno desde lo local. Eso solo perjudica a los ciudadanos a los que se pretende servir», explicó  Correa.

De hecho, el propósito gubernamental es tan definido como inclusivo: Alianza País se ha aliado con otras fuerzas políticas con el objetivo de expandir su presencia local. Según el presidente, la Revolución Ciudadana «necesita de todos y de todas. De todos los que quieran unir esfuerzos para sacar adelante al país».

El éxito obtenido hasta hoy y el que se busca en estas elecciones tiene una explicación tan obvia como contundente.

La gestión de la Revolución Ciudadana se ha traducido en logros sociales obvios para los sectores más desfavorecidos del país. De manera particular, la pobreza se ha reducido en 14 puntos desde la llegada al poder de Rafael Correa, en el 2007, y el desempleo no sobrepasa el 4 por ciento.

La marcha en general de la economía tiene también signos positivos, con buenos índices de crecimiento y un débil incremento en la inflación.

De cualquier forma, el gobierno no es ajeno al extenso tramo que falta por cubrir en propiciar un mejor nivel de vida a zonas donde hoy son críticos servicios básicos como el agua potable, las conexiones viales, el desarrollo agrícola, y el alcance aún insuficiente de los servicios de salud.

Un ejercicio de dignidad

A favor de la Revolución Ciudadana operan también las dignas actitudes asumidas por el gobierno ante agresiones y provocaciones provenientes del exterior, desde la salvaje violación del territorio ecuatoriano por el ejército colombiano en épocas de Álvaro Uribe, hasta los enormes daños a la economía de Chevron y la actitud desafiante de esta corporación en el litigio que la enfrenta al Estado ecuatoriano.

Y la ausencia de toda vacilación al enfrentar el injerencismo norteamericano.  Al gobierno de la Revolución Ciudadana no le tembló el pulso para cerrar las operaciones injerencistas de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Es por lo tanto previsible que, si se une una victoria en febrero a las ya obtenidas por el gobierno de Rafael Correa, los intentos de Estados Unidos por impedir que el proceso ecuatoriano se consolide más, habrán de incrementarse.

Los antecedentes de esta actividad se remontan a revelaciones de la revista Proceso, en el 2012, cuando reveló acciones de la CIA y la NSA detrás de grupos narcotraficantes de la región, para minar el desempeño del gobierno de Correa. Tras las reacciones de Chevron contra la causa de que fue objeto en Ecuador y luego de las acciones contra la USAID, es de deducir que la mano siniestra de la subversión animada por Estados Unidos esté presente.

En camino a las elecciones, Rafael Correa se ha sumado personalmente a la campaña. Ante las críticas teñidas de hipocresía de sus detractores, que intentan remitirlo a una simple posición expectante, el presidente ha enarbolado su derecho a participar de lleno en esta nueva batalla, como un derecho y una obligación, y para lo cual ha recibido la necesaria autorización de la Asamblea Nacional.

Otro proceso electoral más para poner a prueba a un movimiento popular.

Para la Revolución Ciudadana no solamente no existe otra opción que la de ganar, sino que una victoria en estos comicios ampliarían suficientemente su base para que los beneficios del proceso revolucionario puedan llegar a zonas aún pendientes de la población ecuatoriana.

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