Opinión

Más sobre la vergonzosa distribución desigual

Las enormes diferencias en la distribución de la riqueza entre regiones y en el interior de los países es uno de los grandes problemas que lastran a la humanidad

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Marcando una diferencia que suele profundizarse con el paso del tiempo, la brecha entre ricos y pobres y, sobre todo, entre los más ricos y los más pobres, está en la génesis misma de los principales problemas sociales.

La desigualdad en la distribución de las riquezas es, junto con la emigración del sur subdesarrollado al norte desarrollado, uno de los problemas mayores de la contemporaneidad, que solo ceden prioridad ante la acción irresponsable de las sociedades industrializadas contra el medio ambiente, y el peligro siempre latente de un exterminador intercambio nuclear.

Cada vez que se visita el tema aparecen cifras más alarmantes.

Siempre, por supuesto, ha existido desigualdad distributiva en las sociedades divididas en clases, hasta el capitalismo contemporáneo.  Diversos estudios concluyen que la desigualdad en el ingreso se ha venido incrementando constantemente desde inicios del siglo XIX.

“La desigualdad global del ingreso aumentó de forma constante desde 1820 a 2002, con una subida significativa desde 1980 en adelante”, indica el informe de UNICEF Desigualdad global: la distribución del ingreso en 141 países. “La desigualdad aumentó globalmente entre comienzos de la década de los ochenta y los noventa… existe una alta probabilidad de que la desigualdad haya empeorado por la actual crisis económica”, añade el reporte.

La pobreza está directamente asociada a este fenómeno. Según datos del informe, 1,200 millones de personas vivían en extrema pobreza con menos de 1.25 dólares al día en 2007 (un 22 por ciento de la población mundial) y aproximadamente 2,200 millones con menos de 2 dólares al día (o aproximadamente un 40 por ciento de la población mundial).

Y como es habitual, el contraste con los estratos de mayores ingresos es simplemente obsceno: los 61 millones de personas más ricas (o un 1 por ciento de la población global) tenían la misma cantidad de ingresos que los 3,500 millones más pobres (o un 56 por ciento) en 2007.

Particularmente sensible es el análisis de UNICEF en el caso de los niños y jóvenes. La mayoría pertenecen a los estratos más pobres. Casi la mitad de los jóvenes del mundo, un 48,5 por ciento, clasifican en las zonas más deprimidas del informe de la organización internacional.

“Esto significa que de cada 3,000 millones de personas con menos de 24 años que había en el mundo en 2007, aproximadamente 1,500 millones estaban viviendo en situaciones en las que ellos y sus familias tenían acceso a sólo un 9 % del ingreso global”, explica.

Mientras, los poco más de 400 millones de jóvenes pertenecientes a las familias que ocupan la parte superior de la pirámide de distribución, tienen a su alcance el 60 por ciento del ingreso global.

Desigualdad entre regiones

El análisis por regiones nos depara desagradables sorpresas. América Latina y el Caribe es la región donde la desigualdad en los ingresos alcanza cifras mayores, seguida de cerca por el África Subsahariana.

Un caso especial es el relacionado con Europa del Este y el espacio post soviético: “Tomadas en su conjunto, las economías en transición de Europa del Este y la antigua Unión Soviética, incluyendo la Federación Rusa, han experimentado los picos más altos en desigualdad de ingreso.

“La transición de regímenes de planificación central a otros más liberales parece haber conducido a resultados perjudiciales en términos de igualdad, debido al impacto social de la privatización, los cambios en los sistemas tributarios, la liberalización de los mercados financieros y de trabajo, y la dependencia de la exportación de productos básicos, entre otros factores”, explica el texto de UNICEF.

Europa se ha visto remitida a una posición muy desfavorable a causa de la crisis actual: sus datos de desigualdad del 2007 son más críticos que en 1970. Así, el veinte por ciento de los europeos más ricos ingresan cinco veces más que el veinte por ciento más pobre, y en Grecia y España el índice es de siete veces más.

Los datos concretos, según la investigadora Claudi Pérez Bruselas (La desigualdad corroe el proyecto europeo), son desagradablemente ilustrativos: los británicos obligados a acudir a instituciones benéficas para comer se ha multiplicado por veinte; el gobierno italiano informó recientemente que los niveles de pobreza han subido sin cesar desde 1997, y España, caso aparte, ha visto incrementarse la cifra de quienes asisten a los servicios de Cáritas en número creciente:  de 370 mil a 1,3 millones desde que comenzó la crisis. 

Allí, en 1976, el presidente de la tercera entidad bancaria más importante ganaba 8 veces más que el empleado medio;  hoy gana 44 veces más. 

Estados Unidos es uno de los cinco países desarrollados con mayores desigualdades.

Allí, el mayor ejecutivo de General Motors ganaba, en 1976, 66 veces más que un empleado medio. Hoy el salario del presidente de Wal Mart es ¡900 veces mayor!

Lo que ha llevado al presidente Barack Obama a afirmar el pasado diciembre que “la desigualdad económica es el reto que define a nuestro tiempo. No solamente es peligrosa por la brecha que abre entre ricos y pobres, sino porque hace más difícil al pobre escapar de la pobreza”.

Solo que la brecha que media entre el diagnóstico de estas crueles situaciones, y las profundas medidas estructurales que abrirían la vía para su desaparición, es considerablemente mayor.

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