Opinión

La voz de Bolivia en el Grupo de los 77 + China

Al asumir la presidencia de la mayor agrupación de países del Sur, Evo Morales reflejó muchas de las mejores aspiraciones de América Latina y el Caribe

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Con justificado orgullo presenciamos ayer los momentos en que Evo Morales, presidente de la Bolivia pluricultural, multiétnica, asumía la presidencia del Grupo de los 77 más China.

El alcance simbólico del momento era claro: al arribar a la dirección de la más amplia representación de esa zona del mundo a la que se ha llamado tercer mundo, mundo subdesarrollado, mundo en desarrollo o simplemente Sur, y a la que se ha agregado China, el presidente de Bolivia fue portavoz no solo de sus resultados de su ejercicio de gobierno, sino de la profundidad que las culturas originarias le han sumado.

Su discurso fue expresión de una filosofía política, pero también de una manera de sentir e integrar la relación del espíritu del hombre y su obra material, con la tierra de la que proviene su esencia misma y su supervivencia.

Así, Evo unió en un mismo período su crítica a las duras consecuencias de la múltiple crisis mundial -financiera, energética, climática, alimentaria, institucional y de modelo de vida- con la conversión por el capitalismo de “la madre tierra y las personas, en objeto de su despiadado dominio depredador”.

Crisis múltiple, que encuentra su más cruel expresión en el hambre que asolaba en el 2008, según explicó, al 15,5 por ciento de la población mundial: más de 850 millones de personas desnutridas, 788 millones de las cuales estaban en Asia y en África, número que ascendió en el 2011 a casi mil millones.

“Vivimos la crisis de un modelo económico en el que las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los organismos multilaterales (privatizaciones y restricción de las políticas sociales) ya no pueden resolver los problemas de los países del centro capitalista”, sentenció el presidente boliviano.

Pero “los tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades”, afirmó. Y explicó: “Los estados deben conducir la economía, y los gobiernos deben adoptar políticas de servicio a favor de los pueblos, socializar la riqueza y erradicar la pobreza y concebir el desarrollo de manera integral para universalizar los servicios básicos, efectivizar los derechos colectivos y ampliar la democracia más allá del ámbito de las instituciones políticas”.

Para el proceso boliviano los conceptos anteriores suponen el respeto a la ecología circundante, no solo como reservorio de recursos materiales, sino en una acepción más profunda.

“Por ello, junto con los derechos individuales, los derechos colectivos de los pueblos, debemos incorporar en todas las legislaciones los derechos de la madre tierra.

“La naturaleza puede existir sin el ser humano; pero el ser humano no puede existir un solo segundo sin naturaleza.”

Evo Morales también enjuició las formas inoperantes y arcaicas del modelo democrático burgués y opuso una propuesta que es, en definitiva, la de los países latinoamericanos que han emprendido un rumbo renovador y popular.

“La historia nueva reclama pasar de la democracia representativa, en la que el poder está mayoritariamente al servicio de élites, a la democracia participativa y comunal, donde los jóvenes, profesionales, indígenas, mujeres, campesinos, trabajadores participemos activamente en las decisiones sobre nuestras vidas, sobre nuestros derechos, sobre nuestros bienes comunes.”

Y añadió: “La revitalización de la democracia en este nuevo siglo requiere que la acción política se constituya en un completo y permanente servicio a la vida, que es, a su vez, un compromiso ético, humano y moral con nuestros pueblos”.

Un antiguo foro para los temas de nuestros países

El Grupo de los 77 es probablemente el más antiguo y el más numeroso de los foros que reúnen a los países del sur. Surgido el 15 de junio de 1964, en la época en que muchas naciones accedían a la independencia, agrupó a los 77 signatarios de la Declaración Conjunta de los 77 Países, emitida al concluir la primera sesión de la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), en Ginebra. Tres años después, en octubre de 1967, se realizó la primera reunión ministerial del Grupo en Argel, donde se adoptó un documento constitutivo, la Carta de Argel.

Su número fue creciendo –133 miembros hoy más China– hasta convertirse en el foro más amplio donde los países del sur pueden promover sus intereses colectivos y fortalecer su capacidad de negociación conjunta en los mecanismos internacionales,  así como impulsar la cooperación sur-sur para el desarrollo.

Su protagonismo ha conocido varios momentos culminantes. El último y más sonado ocurrió a fines del pasado año, cuando sus miembros se retiraron colectivamente de la reunión COP19 en Varsovia sobre el cambio climático, en protesta por el rechazo del mundo desarrollado a arribar a un acuerdo para enfrentar el agudo fenómeno mundial.

En su ya histórica intervención de ayer, Evo Morales resumió lo que es, en estos tiempos de cambio, el sentimiento latinoamericano frente a los agudos problemas del mundo:

“El derecho al desarrollo, los derechos humanos, sociales y colectivos así como los derechos de la madre tierra, integrados y complementarios, se expresan en el respeto a la diversidad de visiones y enfoques de modelos de desarrollo, sin imposiciones, sin exigencias paternalistas ni coloniales, sin monarquías, oligarquías ni jerarquías.”

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