Opinión

El petróleo crea nuevos escenarios en la política mundial

El consumo de petróleo en el mundo impulsa la búsqueda de nuevas fuentes. Las que agreden los ecosistemas avanzan más rápido que la energía renovable

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Muchos paradigmas han intentado la comprensión del mundo. Uno de ellos agrupó a los países, durante casi 50 años, y desde la óptica estadounidense, en dos grandes bloques: el occidental, supuestamente guardián del cáliz sagrado de la democracia y los derechos humanos, y otro, anatematizado, compuesto por los países socialistas europeos y asiáticos y, por supuesto, la Unión Soviética.

Vinculado a este, el mundo se dividió también en un primer mundo, para los países desarrollados, un segundo mundo nunca bien definido, y un tercer mundo, donde el subdesarrollo se enseñoreaba en países dependientes y neocoloniales.

El paradigma de la guerra fría desapareció y la politología se dio a la tarea de crear otros modelos. Samuel Huntington agrupó a los pobladores de la tierra en civilizaciones. No dejó de ser un ejercicio interesante, si no fuera por sus conclusiones nefastas: las próximas guerras ocurrirían entre civilizaciones, y la cristiandad occidental y el islamismo eran las primeras candidatas para enfrentarse.

La producción y el consumo del petróleo pueden servir también para organizar nuestra visión del mundo. Y los protagonistas principales del modelo han determinado, por sus interacciones mutuas, muchos de los vaivenes de la política y la economía internacionales. 

Las cifras nos ilustran. Mientras Estados Unidos consume el 20 por ciento del petróleo producido (el segundo país, China, solo el 10 por ciento, y Japón, el tercero, el 5 por ciento), cuatro países del Oriente Medio producen el 25 por ciento.

Esta distribución ha sido, como todos conocemos, determinante en decisiones que han alterado los balances mundiales de poder. Y en el caso de Estados Unidos, reino de la adicción al automóvil, ha creado una estrecha y asfixiante relación con los grandes productores del Oriente Medio. 

A su sombra, los poderosos intereses petroleros norteamericanos han desencadenado trágicas aventuras bélicas por lograr su control. Tras las huellas de sus empresas guerreristas, ha quedado la desolación de países enteros, la pérdida de prestigio de la política estadounidense y el crecimiento, de difícil contención, de los movimientos terroristas.

La preocupación por las consecuencias del compromiso petrolero ha avanzado en los últimos tiempos en el establishment del país. John McCain hizo su campaña electoral con el lema ¡Cavemos!, proponiendo incrementar la prospección y la explotación petrolera en todo el país, donde grandes reservas han logrado resistir hasta hoy el empuje de estas ambiciones.

Barack Obama opuso, a lo largo de la campaña, una posición basada sobre todo en el desarrollo de modalidades energéticas “limpias”.

Por poco tiempo. Contra su discurso preelectoral, el presidente de Estados Unidos ha enarbolado la bandera de la autosuficiencia petrolera, al compás del auge que la producción del mineral ha tenido lugar en el país. «Por primera vez en casi dos décadas estamos produciendo más petróleo en casa de lo que compramos al resto del mundo», dijo recientemente.

Su entusiasmo crece en la misma medida en que Estados Unidos, según la Agencia Internacional de Energía, puede convertirse en el 2015 en el mayor productor de petróleo del mundo.

Un cable de la agencia DPA detalla algunas informaciones: la agencia estadounidense de energía, dice el despacho, estima que en 2016 se extraerán diariamente 9,5 millones de barriles de crudo, casi el doble que en 2008.

Las nuevas políticas ayudan a disminuir los precios de la gasolina, que como se conoce ponen y quitan gobernadores y congresistas en Estados Unidos, y de paso permiten eliminar cuantiosas subvenciones, de miles de millones de dólares, que reciben hoy las empresas petroleras y gasísticas.

Otras explicaciones

Pero otras realidades ayudan a explicar el jubiloso estado de ánimo del presidente norteamericano.

Las políticas de la última década han llevado a Estados Unidos a intervenir en contiendas bélicas que han agotado la capacidad de resistencia y el apoyo de los norteamericanos.

Entre tanto, la crisis económica ha hecho trizas la economía doméstica de los menos favorecidos y hasta de su clase media, virtualmente destruida. Las más recientes encuestas atestiguan el deseo de los norteamericanos de que el gobierno se consagre a la solución de los problemas internos.

Al Oriente Medio no le faltarán compradores de su petróleo. China se ha convertido en un poderoso cliente de Arabia Saudita, Irán, Iraq y hasta Libia. Otras grandes economías emergentes ocuparán los espacios que dejen los norteamericanos.

Pero la menor dependencia de Estados Unidos, hasta hace poco la única gran potencia actuante en los conflictos de la región, y posiblemente la única mediadora posible en el conflicto de los conflictos, el palestino israelí, hará moverse el piso del statu quo regional actual.

Barack Obama dice no haber perdido el interés en las energías renovables. Pero sus preocupaciones medio ambientales han sido visiblemente horadadas por su entusiasta reacción ante una producción petrolera que, en efecto, crece continuamente. Un crecimiento que se produce sobre la base de la acelerada degradación ecológica provocada por el fracking.

Aunque, dice el despacho de DPA, los industriales adoran este procedimiento, los ecologistas lo demonizan: el beneficio económico y, como vimos, geopolítico, de hoy, es el desastre de un mañana con las capas freáticas contaminadas y será un temible aporte a la escasez de agua potable que sufrirá el mundo en un futuro no lejano.

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