Opinión

Evo y Correa en Cochabamba: colaboración y unidad

La reunión sostenida esta semana en Cochabamba, Bolivia, entre el presidente de este país, Evo Morales, y el presidente de Ecuador, Rafael Correa -Nicolás Maduro no pudo asistir por motivos de salud- tiene, entre otras cosas, un alto poder simbólico.

Ecuador, Rafael Correa, y de Bolivia, Evo Morales
Evo y Correa en Cochabamba: colaboración y unidad | la-razon

Redacción Central |

La reunión sostenida esta semana en Cochabamba, Bolivia, entre el presidente de este país, Evo Morales, y el presidente de Ecuador, Rafael Correa -Nicolás Maduro no pudo asistir por motivos de salud- tiene, entre otras cosas, un alto poder simbólico.

Por Joaquín R. Hernández

La reivindicación de los pueblos originarios sigue siendo una deuda de América Latina consigo misma. A la llegada de los conquistadores, hace quinientos años, América había conocido espléndidas culturas, tanto en la zona norte –mayas, aztecas, entre otros– como en el costado andino.

A España le sucedió en esto como en otras cosas. Cegada por su afán de riquezas, doblegó por las armas a culturas superiores a las de una península que trabajosamente salía de la Edad Media. El indígena debió parapetarse en su propia cultura y soportar la desidia de los gobiernos españoles y de la mayoría de los que le sucedieron. Las excepciones no hacen sino confirmar esta cruel regla.

Los gobiernos populares de la región andina, representados por los procesos ecuatoriano y boliviano, se han propuesto recuperar no solamente la dignidad de los pueblos originarios, sino hacerlos participantes del desarrollo social y económico que se han propuesto para ambas naciones.

En Cochabamba ambas delegaciones abordaron numerosos temas centrales: comercio, movilidad humana, colaboración en ciencia y educación, movimientos sociales, tecnología, desarrollo productivo y proyección internacional. Sobre cada uno de ellos hubo conclusiones y pronunciamientos.

En el caso de movilidad humana, Bolivia se interesó por aplicar las experiencias ecuatorianas para promover un plan de retorno de los migrantes al país. De forma similar al plan Prometeo, aplicado en Ecuador, el gobierno boliviano prevé ofrecer beneficios laborales –trabajo en instituciones públicas, otorgamiento de tierras– a los emigrantes que retornen.

Por otra parte, el vicecanciller boliviano, Juan Carlos Alurralde, informó que en la mesa de Relaciones Exteriores se definió solicitar a Ecuador tecnología de punta para la lucha contra el narcotráfico.

En la colaboración para el desarrollo de infraestructuras «se determinó fortalecer nuestras empresas en construcción y en la infraestructura civil, como aeropuertos, carreteras y puentes» explicó el ministro boliviano de Obras Públicas, Vladimir Sánchez.

Igualmente, se ratificó la participación de ambos países en el Observatorio de Empresas Transnacionales, cuya creación fue acordada ya entre 12 países del continente, para estudiar la actuación de estas empresas con los países de América Latina.

Hubo coincidencias en la adopción de medidas para contrarrestar el espionaje estadounidense contra América Latina y en la necesidad de desarrollar sistemas tecnológicos que resuelvan o atenúen la vulnerabilidad de los países de la región ante la actividad de inteligencia electrónica de Estados Unidos.

Como era de esperarse, fue reiterado el apoyo ecuatoriano al reclamo de Bolivia por obtener la salida al mar que le fue arrebatada por las armas chilenas en el siglo XIX y el presidente Rafael Correa llamó a los países de la región a apoyar esta solicitud.

Coincidencias y alertas

Pero otros temas motivaron pronunciamientos más rotundos por parte de ambos mandatarios.

Las dificultades que repetidamente Estados Unidos opone a la participación de gobiernos del continente en las actividades de la Organización de Naciones Unidas, fueron nuevamente evocadas por el presidente boliviano, quien ratificó en el acto de masas final, su propuesta de cambiar la sede de la organización internacional.

Evo consideró que al menos las Asambleas Generales debían celebrarse de forma rotativa en diferentes países y continentes, y acusó al gobierno de Estados Unidos de financiar y desestabilizar a países en todo el mundo para dominar sus recursos naturales.

Aunque expresado fuera de las conversaciones bilaterales, resonó el alerta que hizo el presidente Correa en una entrevista televisiva, sobre lo que llamó la «gran contraofensiva conservadora» y la «reconstitución de la derecha», que amenaza a los procesos populares que se desarrollan hoy en el continente.

Puso como ejemplo la Alianza del Pacífico, que integran Colombia, Chile, México y Perú, asociación que, dijo, «no concibe la integración como crear una gran sociedad de ciudadanos de la región, sino crear un gran mercado, crear consumidores».

Como ejemplo también de la reconfiguración y ofensiva de los elementos reaccionarios y derechistas del continente, recordó los cinco golpes de Estado que en lo que va de siglo se han dirigido justamente contra gobiernos progresistas: el golpe contra el presidente venezolano Hugo Chávez en 2002, los intentos de caotizar Bolivia contra el gobierno popular de Evo Morales en 2008, el derrocamiento en 2009 de Manuel Zelaya en Honduras, la «insubordinación policial» en 2010 en Ecuador y el golpe congresional del pasado año contra Fernando Lugo en Paraguay.

Los intentos de la reacción por revertir el orden nuevo que se ha ido creando en América Latina no eran inesperados y otros podrían sucederles. Hace ya algún tiempo, los líderes cubanos Fidel y Raúl Castro habían llamado la atención sobre la inminencia de una contraofensiva derechista.

Únicamente la firmeza y el espíritu solidario, como el demostrado en la reunión de Cochabamba, son capaces de derrotar los intentos por restaurar el omnímodo poder imperial que sufrió durante mucho tiempo nuestro continente. Y la firmeza y la solidaridad, que ambos presidentes ejemplificaron, son la mayor garantía de consolidación y de éxito de los movimientos que en el continente procuran el bienestar y el respeto a la dignidad, no solo de los herederos de las grandes civilizaciones precolombinas, sino de todos sus habitantes.

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