Opinión

Muchas noticias en Colombia

Por: Joaquín R. HernándezHace unos veinte años, Gabriel García Márquez emprendió con otros periodistas colombianos una nueva aventura: el noticiero de televisión QAP, en calidad de copatrocinador. Como andaba yo también en trajines televisivos, le pregunté cuánto espacio le dedicaban a las noticias internacionales

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Colombia. | Wikimedia

Redacción Central |

Por: Joaquín R. Hernández
Hace unos veinte años, Gabriel García Márquez emprendió con otros periodistas colombianos una nueva aventura: el noticiero de televisión QAP, en calidad de copatrocinador. Como andaba yo también en trajines televisivos, le pregunté cuánto espacio le dedicaban a las noticias internacionales

–¡Ninguno! ¡En Colombia suceden tantas cosas cada día que todo el tiempo lo consumen las noticias del país!

Estamos viviendo uno de esos momentos en que, de existir todavía, el noticiero del Gabo difícilmente alcanzaría para informar sobre todo lo que está ocurriendo en Colombia.

En La Habana se reanudaron ayer las tensas y difíciles negociaciones entre la representación del ejecutivo colombiano y los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, luego de un impasse decretado por estos últimos el fin de semana.

La llamada pausa de reflexión en las negociaciones se produjo ante la presentación por el gobierno de un proyecto de referéndum, que sometería a escrutinio popular las conclusiones a las que llegue la mesa de negociaciones.

El dirigente guerrillero Timoleón Jiménez advirtió de inmediato sobre los peligros de esta fórmula, aparentemente inocua y que parecería buscar solamente un final expedito a las negociaciones.

«Cualquier otra fórmula, verbigracia una Constituyente, será desechada de inmediato con el solo argumento de que implicaría más trámites y demoras», advirtió Jiménez, y añadió:

«En caso de que en la Mesa las FARC, por su inclinación a cualquier otro, se nieguen a admitir que el mecanismo de refrendación sea el referendo, es seguro que el gobierno nacional y los grandes medios van a lanzarse en masa contra ellas acusándolas de haber engañado al país.»

Y es que los argumentos y las reivindicaciones de la veterana guerrilla se refieren a temas estructurales, que aquejan desde hace mucho tiempo a la sociedad colombiana, y que solamente encontrarían un inicio de solución a través de una reforma profunda de las bases constitucionales del país. Es decir, una subversión del statu quo actual, tan grato a las grandes oligarquías colombianas.

«Es claro que el gobierno presiona en todas las formas por un acuerdo antes de fin de año», prosigue Jiménez en un artículo aparecido ayer en la prensa bogotana. «Pero sus posiciones en la Mesa siguen siendo inamovibles en cuanto a no tocar un solo aspecto del orden establecido. Insistimos en que lo pretende es nuestra simple adhesión a sus políticas.»

Y concluye: «Eso no sería un acuerdo. Tampoco la paz por la que han luchado y entregado su vida tantos colombianos y tantos guerrilleros patriotas. Menos la paz por la que el pueblo raso de este país clama hoy día en calles, carreteras y plazas.»

Afirmación que nos conduce a la segunda noticia que desde hace días ocupa la primera plana no solamente de la prensa colombiana, sino de toda América Latina: el paro nacional agrario y las multitudinarias protestas que desde el 19 de agosto estremecen a numerosas zonas del país sudamericano.

Las marchas y manifestaciones, así como los bloqueos de vías se han producido en veinticinco departamentos, con fuerza suficiente para que el gobierno colombiano, en el más puro estilo egipcio, haya arremetido con violencia impresionante contra los manifestantes.

Las principales carreteras fueron militarizadas y, en lo que las fuerzas participantes del ejército y la policía antimotines –la ahora ya famosa ESMAD– calificaron de «operativo contundente», arremetieron con «tanquetas, helicópteros artillados y desembarco de tropas, sobrevuelo de aviones de guerra, fusiles, perdigones, bombas aturdidoras, gases, bombas caseras con metralla…», informa un artículo de José Antonio Gutiérrez D., publicado en el sitio Rebelión.

Otro artículo del periodista Fernando Dorado, de la Agencia Latinoamericana de Información, ALAI, explicaba las motivaciones de las protestas:

«El impacto de las políticas económicas neoliberales, especialmente de la aplicación de los TLCs., la reforma tributaria, la entrega de recursos naturales (incluida la tierra) a transnacionales extranjeras y «nacionales», el impacto de la mega-minería y demás proyectos energéticos, todo y mucho más, está obligando al pueblo colombiano a organizarse y prepararse para nuevas jornadas en donde salgamos unidos a la lucha, ya no con pliegos de peticiones sectoriales sino con consignas políticas de mayor calado para todos los explotados de Colombia.»

¿Hay una verdadera voluntad de diálogo en el ejecutivo colombiano? La vía democrática invocada para el famoso referéndum ¿cómo se compatibiliza con la brutal violencia contra campesinos desarmados y pacíficos?

El noticiero QAP, como otras empresas editoriales de García Márquez, fue ahogado a fines de los años 90 por las presiones políticas, que no les perdonaron sus posiciones comprometidas. Su revista Alternativas, a fines de los 70, fue agredida a bombazos y finalmente cerró en 1980; la revista Cambio fue tragada por un monopolio editorial.

Pero, como vemos, en sus destinos respectivos no influyó, nunca, la falta de noticias.

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