Opinión

La diplomacia energética domina las agendas de poder

El control de las materias primas en una década inquieta a las potencias

Redacción Central |

Frank López
El Universal

El acceso y control de los recursos energéticos es cada vez más esencial en la agenda de poder global del siglo XXI, pero a diferencia del pasado, el surgimiento y la configuración de nuevos actores obligará a un necesario diálogo para evitar conflictos por esta cruzada.

Las grandes potencias económicas del planeta se concentran cada vez más en la diplomacia energética al observar cómo países con economías emergentes en Asia, África y América Latina están compitiendo por recursos naturales.

En las últimas dos décadas se produjo un cambio en lo que se refiere al consumo y la producción de recursos naturales: países en desarrollo están consumiendo más energía que los países desarrollados.

En China e India, las necesidades de petróleo y gas crecieron de forma vertiginosa a la par de que la demanda también aumentó en el continente asiático y en América del Sur, en este caso, liderado por Brasil.

Ha sido sobre todo con el fortalecimiento de China y su expansión en los últimos 13 años, que la Unión Europea (UE) y Estados Unidos se han visto en la necesidad de acelerar -y endurecer- sus posturas para lograr acceso a recursos vitales para sus economías.

En 2012 los países latinoamericanos recibieron un récord de inversión extranjera directa de $173.361 millones, 6,7% más que en 2011, orientados sobre todo a la extracción de recursos naturales y materias primas, que, según la Cepal, estuvo dominado por la UE y EEUU buscando acceso seguro a estas fuentes.

«Los países exportadores de recursos naturales y energía, como los latinoamericanos, deben aprovechar el boom actual de altos precios para mejorar sus economías y acelerar reformas sociales, porque la experiencia dice que nada es eterno», anotaba Luis Manrique, director del Semanario de Política Exterior, editado en España.

La ex secretaria de Estado de EEUU Hillary R. Clinton apuntaba que si bien su país sigue siendo un importador de energía, ha sabido desarrollar fuentes alternativas, pero el compromiso en el siglo XXI «será lograr un equilibrio con sus nuevos competidores globales».

En los próximos 20 años dos terceras partes del crecimiento de la demanda energética mundial vendrán de las economías emergentes de Asia, según cálculos de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Se espera que China utilice 68% más energía que EEUU en 2035. Ya el 75% del flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico va a Asia, según The Globalist.

La configuración de la realidad geopolítica y geoeconómica está abriendo nuevos mercados y para países exportadores tradicionales de energía como Venezuela será un importante reto diversificar sus mercados.

Brasil hoy tiene una de las mayores reservas de petróleo en la capa presal (costa brasileña entre Santa Catarina y Espírito Santo) y EEUU quiere ser el gran socio en esa área, por lo que expertos ya avizoran la necesidad de que Caracas se lance a la búsqueda de nuevos mercados petroleros, por ejemplo, en la emergente Asia.

La lucha por la energía promete ser más feroz que en el siglo XX. La historia muestra que a la hora de garantizar el control de recursos no hay principio que valga, pero en una cacería global por el dominio de esas fuentes las batallas pueden ser peores que en el pasado.

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