Opinión

Relaciones chino-estadounidenses ingresan en una nueva etapa

Breve acercamiento a uno de los grandes temas actuales y futuros de las relaciones internacionales

Relaciones china y estados unidos
En los platillos de la balanza diplomática de Estados Unidos hacia China, por un lado encontramos el contacto y la cooperación, y por el otro prevención y contención. Hacia dónde pondrá mayor peso, es uno de los asuntos que han tenido que reflexionar cada uno de los presidentes estadounidenses luego de las elecciones en los últimos 30 años. Tras su segunda reelección, Obama se enfrenta a la misma decisión. | Internet

Redacción Central |

Ding Gang
Pueblo en Línea

En los platillos de la balanza diplomática de Estados Unidos hacia China, por un lado encontramos el contacto y la cooperación, y por el otro prevención y contención. Hacia dónde pondrá mayor peso, es uno de los asuntos que han tenido que reflexionar cada uno de los presidentes estadounidenses luego de las elecciones en los últimos 30 años. Tras su segunda reelección, Obama se enfrenta a la misma decisión.

Desde que Barack Obama prestó juramento hasta la visita del secretario de Estado John Kerry a China, de acuerdo con la información transmitida desde la parte estadounidense, se puede juzgar que por lo general la balanza ha estado más del lado del contacto y la cooperación, o al menos es la voluntad que ha mostrado Washington, lo cual es un buen comienzo.

Hay dos factores de fondo para promover el ingreso de las relaciones chino-estadounidenses en un período histórico. En primer lugar la correlación de fuerzas ha comenzado y se continuarán experimentando cambios significativos. En segundo lugar, el modelo político-económico en la región de Asia-Pacífico y en el mundo entero ha iniciado una gran transformación y se está dando forma a un nuevo orden.

De hecho, ya se ha comenzado el proceso de determinar las posiciones, lo cual se ve reflejado en el razonamiento de ambos países a la hora de enfrentar ciertos temas candentes. Entre ellos se encuentran el comercio y las inversiones, entre otros problemas bilaterales, además de numerosas problemáticas regionales y globales. Por ejemplo, el proteccionismo comercial, la situación en la península coreana, la situación política en Siria, la crisis nuclear de Irán, además de la lucha contra el terrorismo y el cambio climático, entre otros temas que o bien están relacionados directamente con los intereses chino-estadounidenses, o al menos necesitan que estos países tomen una decisión, establezcan reglas y determinen una hoja de ruta. Cómo romper las limitaciones de las ideologías, los sistemas políticos y la visión histórica tradicional para encontrar un terreno en común, aliviar e incluso resolver adecuadamente estos retos es algo sumamente importante para la nueva etapa de relaciones chino-estadounidenses.

Actualmente lo más importante es hacer más para ayudar a resolver los problemas, en lugar de agravarlos. La ex secretaria de Estado Hillary Clinton hizo tal cosa cuando fue a Vietnam y dijo irresponsablemente que el mantenimiento de la libertad de navegación en el Mar Meridional de China es de interés nacional para los Estados Unidos, y posteriormente hizo hincapié en repetidas ocasiones que se debía «reequilibrar» la región del Asia-Pacífico, lo cual aumentó la desconfianza de Pekín hacia Washington.

Actualmente, Estados Unidos aún mantiene su mayor presencia militar en la región de Asia-Pacífico y algunos países desean aprovecharse del poder estadounidense para reequilibrar el surgimiento de China. Por tal razón, existe la posibilidad de que Estados Unidos esté utilizando los conflictos entre China y algunos países para consolidar su posición de liderazgo. Sobre todo en un momento de debilidad de su poder económico.

El océano Pacífico es lo suficientemente ancho como para acomodar a ambas potencias.

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