Opinión

La teoría del «fraude electoral”

Las acusaciones por evasión fiscal contra el candidato republicano lo persiguen a lo largo de toda la campaña. Se mezclan con otras por irregularidades en elecciones anteriores

Mitt Romney
Candidato del partido republicano en EE.UU. | Internet

Redacción Central |

M.S. Bellows Jr.
Progreso Semanal

Ha habido mucha especulación acerca de por qué Romney se niega a revelar declaraciones anteriores de impuestos. ¿Pudiera ser algo tan sencillo como una dirección?

El intercambio de cartas la semana pasada entre las campañas electorales de Barack Obama y de Mitt Romney, en las cuales Romney rechaza la oferta de Obama de no mencionar el tema de las declaraciones de impuestos si Romney presenta tan solo las declaraciones de tres años más, ha hecho que la barahúnda en segundo plano de las declaraciones de impuestos de Romney pase un plano de mayor atención. Hasta ahora, Romney solo ha dado a la publicidad dos declaraciones de impuestos. Eso es mucho menos de lo que cualquier candidato presidencial haya revelado durante décadas, lo cual ha provocado la acusación basada en rumores diseminada alegremente por Harry Reid (el cual puede que en realidad lo crea o no) de que Romney teme decir a los electores que a veces no ha pagado ningún impuesto. (Romney ha respondido a eso diciendo que nunca ha pagado menos del 13 por ciento de impuesto sobre sus ingresos.)

Mientras tanto, Romney parece haber escapado relativamente ileso de la revelación en apariencia no relacionada de que pudo haber cometido fraude electoral en enero de 2010, cuando –a pesar de no poseer una casa en Massachusetts y tener todas las trazas de haberse mudado a California– se inscribió y votó en la elección especial de Massachusetts para reemplazar al fallecido senador Ted Kennedy. Dado el actual uso por los republicanos de la fábula del «fraude electoral» para justificar las modernas leyes discriminatorias y su muy publicitada persecución del grupo Acorn de inscripción de electores, un caso real de fraude electoral cometido por el nominado republicano hubiera sido una gran noticia –pero Romney fue capaz de sofocar las llamas no de manera muy creíble, pero también sin desaprobación, que él y Ana en realidad estaban viviendo en el sótano de la casa de su hijo en Tagg’s Belmont, Massachusetts, en 2010. Sin poseer pruebas de que Romney mintió acerca de dónde vivía, no hay delito –ni tampoco existe una gran noticia nacional.
Muchas (muchas, muchas, muchas, muchas) teorías han sido presentadas para explicar por qué Romney continúa negándose a mostrar una declaración de impuestos anterior a 2010, que van desde «los electores pudieran enterarse de que es rico (lo cual los electores lo saben ya)», hasta «pagó menos de lo debido al diezmo de la iglesia (dudoso)».

Ninguna de ellas es satisfactoria, porque ninguna de ellas plantea que Romney oculta hechos más dañinos que la respuesta que está provocando por no dar a conocer más declaraciones de impuestos. El problema pude ser que todas las teorías prominentes (con un par de excepciones poco notadas) suponen que Romney trata de ocultar algo acerca de sus finanzas. Al igual que la carta robada y puesta de manera prominente a la vista de todos (*), lo que Romney está ocultando en realidad es algo más prosaico: la dirección personal escrita enb el encabezamiento del formulario de impuestos. Esa dirección pudiera revelar un vínculo entre el revuelo por las «declaraciones de impuestos» y la baraúnda del «fraude electoral» –lo cual pudiera ser la explicación más fuerte de todas. He aquí por qué.

La declaración de impuestos exige al contribuyente que consigne su dirección de residencia y las declaraciones de Romney que ya se dieron a conocer, aunque parcialmente redactadas, exponen claramente que vivía en «Belmont, Massachusetts 02478» en 2012 (año fiscal 2011) (pdf) y 2011 (año fiscal 2010) (pdf):

Pero el matrimonio Romney se niega arbitrariamente a revelar una copia de las declaraciones de impuestos que presentó en 2010 o 2009 (para los años fiscales de 2009 y 2008, respectivamente) –los cuales, quizás no casualmente, engloban el período de tiempo en que Romney cometió el fraude al votar en Massachusetts cuando en realidad vivía en California. Así que la pregunta es la siguiente: ¿consignó Romney la dirección del sótano de su hijo en las declaraciones que presentó en 2009 y 2010? ¿O dijo la verdad y usó su verdadera dirección (no de Massachusetts) y por lo tanto se implicó en un fraude electoral?
Esto puede parecer algo meticulosamente retorcido, pero la dirección consignada en la declaración de impuestos es de gran importancia cuando se trata de demostrar el fraude electoral. Hans von Spakovsky (asesor legal principal en la conservadora Fundación Heritage, ex miembro de la Comisión Electoral Federal, ex abogado para asuntos electorales del Departamento de Justicia, y al mismo tiempo defensor de los restrictivos requerimientos del Partido Republicano para la identificación personal de los electores, explicó lo siguiente al Daily Caller:

«Los funcionarios electorales también examinarán las declaraciones de impuestos como evidencia crucial en los casos de disputa de residencia. Cuando un individuo se declara residente de un lugar para propósitos de declaración de impuestos, y de esa manera se somete a los impuestos estatales aplicables sobre los ingresos, por lo general es un aspecto decisivo en este tema».

Una acusación por el delito de fraude electoral podría significar multas y/o prisión para Romney, pondría en peligro su pertenencia al Colegio de Abogados de Michigan y –peor aún, en el sentido político– sería un embarazo mortal en la campaña, tanto para él como para otros candidatos republicanos (en especial el senador republicano Scott Brown de Massachusetts, quien ganó la elección especial en cuestión, pero está enfrascado en una dura contienda muy publicitada contra la popular Elizabeth Warren por retener su escaño).

Hasta ahora, ninguna de las razones dadas para la negativa de Romney de dar a conocer sus declaraciones de impuestos parece suficiente para justificar la presión política que está recibiendo su campaña. Pero si en esas declaraciones aparece una dirección que no es de Massachusetts, entonces Romney no puede darse el lujo de presentarlas, no importa qué consecuencias políticas tenga para su campaña. Por supuesto, todo esto es especulación, aunque parece ser al menos tan creíble como la sugerencia de Harry Reid de que Romney no pagó impuestos antes de 2011. Solo hay una manera de que esto pueda solucionarse: que Mitt Romney dé a la publicidad esas declaraciones de impuestos.

(*)(Nota del Traductor) Referencia al cuento de Edgar Allan Poe «La Carta Robada» (The Purloined Letter), en el que un documento comprometedor es hurtado y luego ocultado a simple vista.

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