Opinión

La Prensa, el perdón y la Gorgona

(Por Mario Fulvio Espinosa) Si fueron elementos del partido derechista ARENA los que asesinaron a Monseñor Romero... ¿Por qué tiene que ser el presidente Funes -que se supone es de izquierda y miembro del FMLN- quien tenga que pedir perdón por el asesinato del obispo?

Redacción Central |

Han pasado treinta años del crimen y jamás a los de ARENA se les ocurrió pedir perdón, ni por el crimen contra Monseñor Romero, ni por los centenares de asesinatos y torturas que han cometidos contra el pueblo salvadoreño.

La decisión de Funes es de su propia cosecha, pero no de la derecha salvadoreña, por tanto, es posible –San Romero de América no lo quiera- que de volver ARENA al poder declare de toda nulidad el gesto de Funes.

Más bien parece que el presidente salvadoreño pide perdón a nombre de ARENA, porque en caso contrario sería el pedido de perdón de las víctimas, y los inocentes no deben pedir perdón. Mucha ambigüedad maneja en este caso el presidente salvadoreño.

Pero bien, lo ocurrido en El Salvador llevó al editorialista de La Prensa (25 de Marzo 2010) a alabar el «mea culpa» de Funes. Con su acostumbrada doble moral, dice que todos los gobiernos –incluyendo al del presidente Ortega- deberían pedir perdón igual que lo hizo el presidente salvadoreño.

Estaría encantada La Prensa si el presidente Ortega pidiera perdón a los gringos por los crímenes cometidos por la dinastía somocista, o por las guerras y genocidios que a través de la historia han cometido los yanquis contra el pueblo nicaragüense.

Sería como el caso de Funes, las victimas pidiendo perdón a sus victimarios.

A estas alturas podemos preguntar: ¿Y La Prensa, cuándo pedirá perdón?

Los nicaragüenses jamás hemos olvidado que los asesinatos cometidos por la contra en la guerra de baja intensidad decretada a Nicaragua por el imperio gringo, fueron alentados directa e indirectamente desde las oficinas de La Prensa. El diario de la ultraderecha se convirtió en el reducto donde se tejieron conjuras criminales para acabar con la joven Revolución Sandinista.

Basta señalar que en Mayo de 1980, el 90 por ciento de los trabajadores de ese diario, asqueados por el pensamiento asesino troglodita de los Chamorro, decidieron renunciar e ir a fundar su propio periódico.

Igual, los nicaragüenses no olvidamos la solapada alegría con que los dueños de La Prensa recibían las noticias que eran adversas a la Revolución, el dolor que les embargó cuando el Tribunal de Justicia de La Haya condenó al imperio yanqui por sus crímenes en Nicaragua, y el entusiasmo vende patria de la presidenta Chamorro –de los Chamorro de La Prensa- cuando desechó la indemnización que debía pagar Estados Unidos por las 50 mil victimas nicaragüenses y por los daños que produjo su guerra impuesta en Nicaragua.

Sin embargo, ahora La Prensa –igual que Funes-, piensa que son las víctimas las que deben pedir perdón a los victimarios y proponen el «mea culpa» de los inocentes.

Si de pedir perdón se trata… ¿Cuándo va a pedir perdón La Prensa por todos los crímenes que alentó, en contubernio con Reagan y con los miembros de la Contra?

La Prensa tiene sus manos manchadas con la sangre de nuestros héroes y mártires. La Prensa sueña con ver a Nicaragua convertida en una colonia yanqui, y sufre porque aún no desembarcan en nuestras costas sus amados marines.

Como la Medusa de la mitología griega, que en lugar de cabellos tenía miles de serpientes venenosas y ojos tan terribles que al mirar convertía en piedra a todo ser viviente, La Prensa quiere, como la Gorgona, fulminar a todos los que no comulgan con el «american way of life» de sus amos gringos.

En verdad, en un antro que alberga tanto odio –como La Prensa- no existe la mínima voluntad de pedir perdón. Ellos son como el Fariseo que llegó al templo, no a pedir perdón sino a exaltar su egoísmo y vana egolatría.

Ven la brizna de paja en el ojo ajeno, pero nunca las vigas que tienen ellos en ambos ojos.

Siguen en su perversidad, escupiendo el veneno que almacenan las mil serpientes que se revuelven furiosas en sus cabezas.

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