Opinión

La falaz percepción de un gamonal

(Por Mario Fulvio Espinosa) Más que de partidos políticos, la oposición contra el presidente Ortega se concreta en una virulenta guerra mediática de los periódicos de la Carretera Norte -fieles servidores del imperio yanqui-, con el objetivo descarado de derrocar al gobierno del Frente Sandinista

Prensa corrupta
La falaz percepción de un gamonal. | El 19 Digital

Redacción Central |

Más que de partidos políticos, la oposición contra el presidente Ortega se concreta en una virulenta guerra mediática de los periódicos de la Carretera Norte -fieles servidores del imperio yanqui-, con el objetivo descarado de derrocar al gobierno del Frente Sandinista echando por la borda todos los valores que hacen noble el ejercicio del periodismo.

En esa guerra mediática la patronal utiliza como peones de su maquiavélico ajedrez a los periodistas asalariados, a los que lanzan al campo de la guerra informática mientras ellos permanecen muy orondos, refocilándose en el aire acondicionado de sus lujosas oficinas, esperando con disimulado júbilo que algo les ocurra a sus huestes, para después elevar hasta el cielo los aullidos de su posterior e hipócrita protesta.

Siempre amigos de cucañas, les place atizar el juego con mano ajena, la de los periodistas bajo su férula. Si bien algunos de estos comunicadores hacen a gusto el triste papel de hijos de casa de la casta patronal, la gran mayoría repudian este cobarde proceder pero lo aceptan porque de alguna manera ese empleo significa el pan nuestro de cada día.

De cualquier manera, mal paga el Diablo a quien bien le sirve, y en casi todos los casos los periodistas que han sacrificado algo por esos gamonales, han recibido como recompensa un antihumano despido.

El editorial de El Nuevo Diario (Marzo 24 -2010) es una muestra fehaciente de lo que afirmamos.

Se rasga las vestiduras el editorialista de ese periódico por una respuesta del Comisionado Diaz a Lucia Pineda. Esta le pregunta el «¿Por qué tantos policías a Roberto Rivas?

El comisionado responde: «¿Qué no leés los periódicos? ¡Andá leélos!

Respuesta más que lógica si consideramos el despliegue de odio que los diarios de la Carretera Norte han emprendido contra el magistrado Rivas, ocho columnas diarias, pago a corresponsales nicas en Costa Rica, maridaje con el diario La Nación y asedio perenne, allá y aquí, contra el citado personaje y sus familiares.

Aprovecha su trinchera privilegiada el editorialista en cuestión, para verter veneno y manifestar que lo dicho por el Comisionado, constituye «un prejuicio», sin embargo este sentir no es sólo del Comisionado sino de todos los que se vuelven hacia los mensajes de esos diarios y saben que del odio que destilan contra el presidente, su esposa y los funcionarios del Estado. Ese es un hecho fehaciente, objetivo que no esta sujeto a elucubraciones.

En segundo lugar el editorialista dice que lo dicho por el Comisionado lesiona la libertad de información, pero en el mismo periódico de ese día y en incontables ediciones que le han precedido, estos medios siempre se ha despachado hermoso con el tema de Rivas y con otros que contribuyen a mantener bajo perenne tensión, alarma, nerviosismo y terror a sus lectores.

Tercero, lo más grave. El editorialista, -voz oficial de El Nuevo Diario-, con malvada intención señala que con su respuesta el Comisionado Díaz trata de «ubicar como criminales A LOS PERIODISTAS».

Fijémonos bien: No son los dueños de medios, que urden, planifican la trama y trazan la estrategia para botar al gobierno, los que serán tildados de CRIMINALES, sino LOS PERIODISTAS, sin exclusión alguna y generalizando, como es la costumbre en el lenguaje manipulador de estos gamonales .

Siempre han sido los periodistas las víctimas de los odios y las calenturas económicas y políticas de los dueños de medios. Siempre han sido los periodistas las víctimas de la manipulación informativa que ocurre en esos antros.

La actividad laboral del periodista en esos medios, siempre es recompensada con la manipulación y deformación de su trabajo, con atentados a su libertad de conciencia y pensamiento, con bozales y mordazas a su libre expresión y, como ipegüe, con la prohibición bajo amenaza de cualquier forma de organización gremial y laboral.

Hipocresía en esencia. Fariseos que dicen defender los Derechos Humanos. Lo que defienden al fin y al cabo es su pitanza, su afán de poder político, su desmesurada frustración como supuestos conductores de opinión.

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