Opinión

El Ejército y la Policía

(Por William Grigsby) El Ejército y la Policía han logrado sobrevivir a ese huracán neoliberal de los años 90, y han sostenido con mucha solidez sus orígenes populares

Redacción Central |

(Por William Grigsby) El derrocamiento de la dictadura militar somocista, el 19 de Julio de 1979, tuvo muchas implicaciones, y también tuvo, además, muchos sustitutos en términos de instituciones del país. Hasta ese momento, lo que ocurría en Nicaragua es que había una dinastía familiar que manejaba como su hacienda a todos los nicaragüenses y todas sus instituciones.

A partir de la Revolución Nicaragüense empieza una institucionalidad popular, luego truncada a partir de 1990, cuando fue absolutamente deformada por esa mayoría derechista que se instaló en el Parlamento, y que hizo de esa institucionalidad surgida del pueblo, simplemente instituciones al servicio del gran capital.

Pero dos instituciones han logrado sobrevivir a esa vorágine, a ese huracán neoliberal de los años 90, y han sostenido con mucha solidez sus orígenes populares. Estamos hablando del Ejército de Nicaragua y de la Policía Nacional. El año pasado, ambas instituciones cumplieron 30 años de haberse fundado.

30 años después precisamente, una parte significativa de sus Oficiales y Jefes deberían por ley, retirarse; deberían salir de ambas instituciones. Una normativa que simplemente fue hecha con el expreso propósito de sacudirse cuanto antes a esos patriotas nicaragüenses que habían consolidado ambas instituciones y las habían colocado al servicio del país y al servicio de los intereses de la gente.

Y durante todos estos 19 años, que han transcurrido entre 1990, y ahora casi 20, el 10 de enero; durante estos 20 años, tanto Estados Unidos con todos sus aparatos de inteligencia, como la derecha criolla, se han frotado las manos esperando que llegase este momento.

A ambas fuerzas, los norteamericanos y la derecha local, se suman ahora los narcotraficantes, que son un poder real en América Latina, inspirado en el mercado norteamericano, alentado por el gobierno de Estados Unidos incluso, y sus distintos instrumentos. Y estos tres factores quisieran que este momento ocurriera cuanto antes, que ya existiera la posibilidad de desembarazarse de esos experimentados cuadros militares y policiales, y además, gente patriota.

Y quisieran que eso fuera así, porque de esa forma sería mucho más fácil para ellos, por un lado, colocar a ambas instituciones al servicio de sus intereses mezquinos, políticos y económicos. Y por el otro, para facilitar el asentamiento de las bases narcotraficantes en nuestro territorio.

De manera que Nicaragua no se puede dar el lujo de desprenderse del capital humano más importante que, en este momento, tienen la Policía y el Ejército. Muchos dirán: Y entonces ¿qué pasa con las nuevas generaciones? Efectivamente; pero hay que hacer dos observaciones sobre esas nuevas generaciones.

La primera observación es que aproximadamente 500 Altos Mandos de la Policía y otro tanto del Ejército de Nicaragua están a punto de salir, si no se modifican las reglas del juego para ambas instituciones. Y estamos hablando de entre 500 y un poco más de Oficiales del Ejército o de Mandos de la Policía que son los de mayor experiencia, ¡de mayor firmeza! Esto es muy importante… ¡de mayor firmeza frente a las tentaciones del dinero y de la política imperialista!

Pero además, son el eslabón fundamental para que esa nueva camada, esas nuevas generaciones, puedan adquirir la experiencia policial o militar, y también la astucia necesaria para preservar ambas instituciones al servicio del país.

Tanto el gran capital nicaragüense, la burguesía criolla, la oligarquía, como los Estados Unidos, quisieran privatizar la Policía y el Ejército; lo venían haciendo de hecho, de alguna forma, sobre todo con la Policía, en los 17 años neoliberales. Quisieran culminar ese proceso. La llegada del Presidente Daniel Ortega y del Frente Sandinista al poder, el 10 de enero del 2007, significó un freno total a ese proceso de privatización, y significó la recuperación de la identidad de ambas instituciones al servicio del país.

Los sandinistas hemos demostrado que aún con nuestras simpatías políticas, siendo militares o siendo policías, eso lo dejamos a un lado y colocamos a las instituciones al servicio del país. Y sólo los sandinistas lo podemos hacer, y si hay que mencionar pruebas, empecemos, por ejemplo: derrota electoral del Frente Sandinista, de la Revolución, el 25 de febrero de 1990, y el Ejército y la Policía garantizaron el traspaso pacífico del mando del poder de un Partido al otro.

Otra prueba más: Los acontecimientos difíciles de la década de los 90, con la resistencia popular; los acontecimientos políticos generales que han ocurrido en esos 17 años neoliberales, y ambas instituciones, mal que bien, supieron preservar la paz social, el país, la estabilidad. Y no se colocaron totalmente al servicio, ni de los intereses de los yanquis, ni de los intereses de la derecha criolla. De manera que los sandinistas garantizamos, durante todos estos años, esa institucionalidad y ese comportamiento patriótico y nacionalista.

Pues bien, el Presidente Ortega ha decidido que en ambas instituciones se pueda prorrogar el período de permanencia de los mandos dentro de las instituciones. No se trata aquí de hacer Generales vitalicios, como falsamente está diciendo la derecha; no se trata aquí de hacer Jefes de la Policía o Jefas de la Policía vitalicios. Se trata simplemente de ser sensatos… no podemos desprendernos de una cantera tan importante de cuadros que descapitalizaría a ambas instituciones, y tampoco podemos colocar en riesgo la estabilidad del país… ¡del país! no sólo de esas dos instituciones, simplemente porque hay que sacar a 500 Oficiales y Soldados del Ejército o Jefes de la Policía, porque hay que cumplir con ese reglamento.

Ha sido una decisión sana, que fortalece a ambas instituciones, que le permite al país enfrentar con mayor aplomo los grandes desafíos que hay en Nicaragua, desde el punto de vista policíaco y militar. El Presidente Ortega, otra vez ha indicado el camino correcto.

Fernando Gordillo nos enseña que la lucha es el más alto de los cantos, y con María Luisa, unidos… ¡somos invencibles!

también te puede interesar