Opinión

El peligro de la droga

(Por William Grigsby) No podemos cederle terreno a los narcotraficantes! De por medio está nuestra vida, de por medio está nuestra seguridad, la seguridad del país, de nuestras familias

Redacción Central |

A principios de los años 80, en el Estado de California apareció una droga novedosa, que rápidamente se expandió entre la población más humilde, más empobrecida de ese Estado, el Estado más rico de Estados Unidos, fundamentalmente una población de origen afroamericano.

Mucho tiempo después se supo que esa aparición no había sido fortuita, que no había sido la invención de un loco mercader que quería hacer dinero rápido; sino que había sido toda una operación de inteligencia, planificada desde Washington, con el expreso propósito de desactivar la rebeldía de las comunidades de jóvenes negros en California, especialmente en Los Ángeles, en San Francisco, en las grandes ciudades de ese estado norteamericano.

Y también se supo que con la introducción de esa droga, se enriquecieron oficiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Agentes de Inteligencia, Policía y otros servicios militares, con los cuales se reprime al pueblo norteamericano en Estados Unidos. Una investigación, incluso de un periodista norteamericano, que demostró la vinculación entre los servicios de inteligencia y esta operación de la droga, más otras cosas… misteriosamente apareció asesinado poco tiempo después.

Pero esa droga llamada «crack,» por el crujir que hace la coca cuando se está evaporando y se convierte en piedrita, o piedra, en español, ha causado probablemente el peor daño a la salud mental, física y emocional de la juventud latinoamericana y mundial de los últimos siglos, mucho peor incluso que el propio alcohol, que ya es bastante decir.

En los años 60, 70, a lo largo de prácticamente toda la historia de Nicaragua, después que España invadió América, el gran factor que ayudaba a someter a los pueblos, sobre todo a las comunidades empobrecidas, era el alcohol. Por ejemplo, al lado de una fábrica se colocaban, no una… ¡docenas de cantinas! de un Ingenio, de una hacienda cafetalera. Habitualmente el dueño de la finca o de la fábrica o del ingenio, era también dueño de las cantinas, es decir, ganaba doble.

Y habitualmente se ofrecían también cosas muy interesantes cada vez que se pagaba a los obreros. El objetivo era que pasaran dejando ahí la mitad de su salario, y que dejaran de andar pensando en cosas de rebeldía, andar pidiendo aumentos de salarios, mejores condiciones laborales o que se les ocurriera organizarse políticamente… ¡siempre fue así!

Hoy en día, también el crack se utiliza como una manera de adormecer juventudes, no sólo en Estados Unidos, sino también en nuestro Continente, en América Latina. Y Nicaragua no ha sido la excepción. Este martes, el periodista Marcio Vargas, un hombre que ha conocido, que ha sido testigo privilegiado de muchos acontecimientos en el país, hizo algunas revelaciones interesantísimas.

Marcio cuenta que él estuvo en el Caribe Norte nicaragüense, y pudo constatar la complicidad, por omisión o por acción, de personeros de la Organización de Estados Americanos y hasta del Banco Interamericano de Desarrollo, en la penetración del cártel o los cárteles colombianos de la droga, en el norte del Caribe nicaragüense, en La Mosquitia.

Y un estudio también hecho por una fundación alemana, revela que los narcotraficantes colombianos se han apoderado principalmente de las reservas naturales de América Central… La Mosquitia, El Petén, El Darién en Panamá, la zona de El Limón en Costa Rica; 4 reservas, 5 países involucrados.

¿Por qué estamos hablando de todo esto? Porque esto es muy importante para nuestro país. Lo ocurrido en Walpa Siksa no es un evento aislado, y no es algo que está ajeno a los que vivimos en el Pacífico o como nos conocen los caribeños, los españoles, no; esto nos concierne a todos por muchas razones. Para comenzar, recordemos que el Caribe nicaragüense ha sido históricamente marginado, abandonado a su suerte.

En los años 80 se hizo un esfuerzo durante la Revolución Popular Sandinista, que quedó truncado por la guerra. Luego quedó totalmente abandonado El Caribe, en los 17 años de neoliberalismo, como ocurrió con el resto del pueblo de Nicaragua; los gobiernos de turno… la Violeta Chamorro, Toño Lacayo, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, poco menos que veían como nada a los caribeños.

Resulta que entonces, vos tenés en El Caribe poblaciones que ni siquiera conocen médicos, que no tienen escuelas, que no tienen vías de comunicación; donde no hay energía eléctrica, donde la mortalidad infantil es elevadísima, donde la mortalidad materna también es elevadísima, donde se muere la gente por una apendicitis, los niños por una gastroenteritis, por una diarrea mal curada.

Y además, no hay empleo, hay atraso cultural, no hay desarrollo, no hay progreso. Entonces, eso es caldo de cultivo para que lleguen los narcotraficantes, les ofrezcan unos cuantos dolaritos a las comunidades, a cambio de albergar sus laboratorios de droga… ¡esa droga maldita que corrompe las juventudes de todo el mundo! Es muy fácil entonces que caigan en la trampa estas comunidades.

¿Por qué decimos que esto no puede ser ajeno a nosotros? Porque así empieza el narcotráfico a ocupar Estados enteros. Si no, observemos lo que ocurre en Guatemala; lo que ocurre en al menos la mitad de los 32 Estados que constituyen los Estados Unidos Mexicanos, México… ahí está prácticamente perdida la batalla entre el Estado mexicano y los narcotraficantes; todos los días hay cantidad de muertos.

Y empezaron así… de la mano de la Inteligencia norteamericana, en los años 90, en la frontera entre Estados Unidos y México; empezaron simplemente como trasiego de droga que venía de Colombia; hoy son productores de droga, controlan policías, jueces, instituciones de todo tipo, políticos, Alcaldes, Diputados, Senadores. Y hay alguna mala lengua que hasta ha dicho, que hasta algún Presidente pudo haber sido colocado por el narcotráfico, en México; también en Guatemala.

Nosotros no podemos permitir eso. Y en esto, el Ejército y la Policía tienen la principal misión, desde el punto de vista estrictamente represivo, armado. Pero es toda la sociedad la que tiene que atender el problema de atraso, de miseria de las comunidades indígenas. Por eso el Presidente Daniel Ortega orientó, inmediatamente después de los sucesos de Walpa Siksa, hacer un plan integral, porque no se trata simplemente de ir y combatir a los narcotraficantes y echar presos a sus cómplices… ¡eso no es así!

Como muy bien explicó el Presidente Ortega, se trata de un problema complejo, que requiere soluciones complejas, a corto, mediano y largo plazo. ¡Pero no podemos cederle terreno a los narcotraficantes! De por medio está nuestra vida, de por medio está nuestra seguridad, la seguridad del país, de nuestras familias.

Una observación adicional. También debe preocuparnos el consumo interno, no podemos ver eso por encima del hombro; no podemos sentirnos ajenos que en nuestro barrio, un chavalo, una chavala, haya sido víctima del crack, y que el expendio opere impunemente… ¡no podemos permitirlo!

La Policía, hasta ahora ha sido timorata en el tratamiento de los expendios locales, del «narcomenudeo» que le llaman. Y cuando la Policía actúa finalmente, los fiscales, muchas veces, echan a perder el trabajo de la Policía. Y cuando los fiscales, finalmente hacen un buen trabajo en coordinación con la Policía, los jueces terminan liberando a los que se dedican al narcomenudeo, es decir, al narcotráfico en pequeña escala.

Pero tan dañino es la pequeña escala porque pervierte a nuestra juventud, la destruye, como también el narcotráfico a gran escala, el que va a los países del Norte, y que va sobre todo a Estados Unidos y a Europa. Mientras haya demanda de la droga, habrá tráfico de droga, y la principal demanda está en Estados Unidos. Y mientras estén involucrados los servicios de inteligencia de Estados Unidos, mientras estén involucradas las principales autoridades norteamericanas, ¡no habrá manera de acabar con el narcotráfico internacional!

Pero en cambio, el narcomenudeo sí lo podemos acabar, de dos o tres formas: La primera, la represión de parte de la Policía y, actuar correctamente de parte de la Fiscalía y de los jueces. La segunda, la acción de los ciudadanos… nosotros tenemos que presionar a la Policía, a las autoridades para que actúen, y también tenemos que atrevernos a cerrar nosotros mismos los narcoexpendios, porque corrompen a nuestros jóvenes. Y la tercera, una acción integral del Estado, para reducir al mínimo las posibilidades de que un muchacho, una muchacha caiga víctima del crack o de cualquier droga, o del alcohol.

Con Fernando Gordillo, la lucha es el más alto de los cantos, y con María Luisa, si nos unimos… ¡somos invencibles!

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