Opinión

La bomba laboral

Para la masa laboral del mundo capitalista es falso el criterio de que lo peor de la crisis ya pasó y comienza una recuperación Hay una estimación -alimentada por números oficiales- que expresa que la presente crisis recesiva global va a arrojar, como consecuencia de los despidos y del achicamiento del consumo a más de mil millones de personas a la pobreza y a la marginalidad

Redacción Central |

La propaganda repetida por funcionarios y medios de prensa en las grandes potencias sobre el comienzo de la recuperación y el cese de la caída en picada de sus economías, es rechazada si se analiza, por ejemplo, el panorama desolador en el sector laboral del mundo capitalista.

Manuel Freytas periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica y uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web, lo analiza en un reciente artículo del cual reproducimos la parte en que se refiere a «la bomba laboral». A continuación, ese texto:

De una forma brutal, el sistema capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia), por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social («ajustes»), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral.

Según la OIT, el impacto social de la crisis global no se atenúa y una de sus mayores consecuencias, el desempleo, ya bate varios récords en diferentes países y dispara los cálculos oficiales sobre las cifras que puede alcanzar.

Recientes análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que la recesión terminó con medio millón de puestos de trabajo en los últimos dos meses. En el sector financiero, los despidos rondan ya los 155 mil y en el resto supera los 360 mil.

De acuerdo con las proyecciones de la OIT, la desocupación anual se ubicará dentro del 6.7% al 7.1% a finales de 2009, frente al 6 por ciento registrado el año pasado.

Dentro de esas estimaciones, el número de afectados podría llegar a los 52 millones de personas, mientras un centenar de países enfrentan posibilidades de inestabilidad social y de ingobernabilidad política.

La OIT estima que, incluso con un proceso débil de recuperación económica mundial, las tasas de empleo se mantendrán a la baja, tanto en los países centrales como en los emergentes o subdesarrollados.

Los efectos del aumento del desempleo se reflejan en la quiebra de empresas, despidos y reducción de jornada laboral, según consignan las estadísticas oficiales.

En general, los especialistas coinciden en que el costo de los rescates de empresas y bancos (que pagará la población a través de los impuestos) potencia el proceso de crisis estructural con desocupación por el que atraviesa la economía estadounidense.

En EEUU, la mayoría de los analistas proyectan un agravamiento de la presión fiscal (suba de impuestos) y un recorte de planes y beneficios sociales como el emergente más inmediato del mega-salvataje estatal a la banca imperial iniciada por Bush y continuada por Obama.

Lo que incidirá en una mayor suba de precios y recorte del consumo (ya desatados), que se sumarán a los estragos de la crisis crediticia para potenciar el proceso inflacionario-recesivo en que se encuentra la economía de la primera potencia imperial del planeta.

La primer ley histórica del capitalismo es la preservación de la rentabilidad (base de la concentración de riqueza en pocas manos), aún durante las crisis.

De manera tal que, cuando estallan las crisis de «sobreproducción» (por recesión y achicamiento de demanda) el sistema aplica su clásica fórmula para preservar la rentabilidad vendiendo y produciendo menos: Achicamiento de costos.

En esa receta de «achicar costos» sobresalen claramente, en primera línea, los laborales (de las empresas) y los sociales (del Estado) para compensar la falta de ventas y de recaudación fiscal.

En consecuencia (y como ya está probado históricamente): Las empresas mantienen sus rentabilidades, sube la recesión, sube la desocupación, cae el consumo, y se expande la pobreza y la exclusión social.

Hay una estimación -alimentada por números oficiales- que expresa que la presente crisis recesiva global va a arrojar (como consecuencia de los despidos y del achicamiento del consumo) a más de mil millones de personas a la pobreza y a la marginalidad.

Los analistas y periodistas del sistema se preocupan por las pérdidas empresariales y por los efectos de la crisis en los países centrales, obviando que la crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales.

El actual proceso económico recesivo prueba nuevamente que, durante las crisis, los consorcios directrices del sistema capitalista descargan ( y trasladan) sus «pérdidas» al conjunto de la sociedad mientras concentran ganancias privadas dentro de un nuevo ciclo económico.

Las masas asalariadas (la fuerza laboral mayoritaria) y los sectores más desposeídos de la sociedad (los pobres estructurales) pagan el grueso de la crisis capitalista por medio de los ajustes sociales, despidos, suspensiones, reducción de salarios, supresión de beneficios sociales, abolición de indemnización por despidos, reducción de aportes patronales, etc.

En este escenario, hay un «costo laboral» y un «costo social» de la crisis capitalista que pagan los asalariados y las mayorías más desposeídas.

Alimentado por el déficit, el achique del consumo popular y la reducción del gasto social por parte del Estado, se configura el nuevo cuadro que los expertos ya denominan: La bomba laboral.

Una amenaza concreta y matemática a la estabilidad económica y la gobernabilidad del sistema capitalista, a corto plazo.

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