Opinión

El encono de la derecha mediática contra el gobierno

Los negociantes de la información, hicieron hasta lo imposible por empañar la conmemoración del 30 aniversario del triunfo sandinista

Redacción Central |

La plaza se mostró majestuosa. Vistió de Azul y Blanco de la Patria; y rojo y negro sandinista. En el evento del 19 de julio hubo un lleno total. Fue impresionante la multitud que llegó de todos los rincones de Nicaragua.

Fue un acto solemne y sencillo. Aunque la derecha mediática no desaprovechó la oportunidad para desvirtuar la magna celebración del trigésimo aniversario del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza.

La presencia de semejante cantidad de nicaragüenses, demostró el pleno respaldo que posee el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional que preside el comandante Daniel Ortega, cuyo mensaje y gestión gubernamental ha calado en el pueblo.

No es cierto que toda esa gente que se concentró en la conmemoración nacional, labore para el gobierno y haya asistido obligada, para defender su puesto de trabajo, como alegó la derecha mediática.

Los negociantes de la información, hicieron hasta lo imposible por empañar la conmemoración. No escatimaron recursos. Gastaron toneladas de tinta y papel para publicar entrevistas (a) ex dirigentes, ex guerrilleros, ex gobernantes, disidentes y cualquier resentido que hubiese abandonado las filas del Frente Sandinista con la derrota electoral de 1990, porque no podrían seguir usufructuando las ventajas económicas, sociales y políticas que les proporcionaba un cargo en el gobierno.

La principal característica que buscaban los patrones entre sus entrevistados, es que lanzaran lodo al presidente Daniel Ortega, a quién le echarían la culpa de la derrota electoral, y compararan su administración con la dictadura somocista, entre otros señalamientos.

Explotaron la frase del ex comandante de la Revolución Jaime Wheelock, quién en sus declaraciones dijo que el presidente Ortega estaba más solo. Supongo que el ex ministro de Agricultura se refería a que el mandatario no cuenta con la opinión colegiada de los otros ocho comandantes que integraron la Dirección Nacional del Frente Sandinista, que tuvo en la década de los años ochenta.

No importaba que sus entrevistados hayan sido corresponsables de los errores o aciertos que se hubiesen cometido en el primer gobierno sandinista; o de la división de la bancada rojinegra de la Asamblea Nacional, fraguada en 1995 por el ex vicepresidente Sergio Ramírez Mercado, quién pretendió adueñarse del FSLN, bajo el argumento de retornar a la «democracia», es decir, procuraba que el partido diera un giro hacia la derecha.

Como no pudo adueñarse de la agrupación política, Ramírez, diputado suplente de Daniel y ex miembro de la Dirección Nacional, decidió formar el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), y en su aventura fue respaldado por 32 de los 39 diputados que tenía la bancada sandinista.

En el FSLN solamente se quedaron los parlamentarios Gladys Báez, Doris Tijerino, Omar Cabezas, Francisco Rivera (El Zorro), Nathán Sevilla, Dámaso Vargas y William Ramírez.

Creen que los nicaragüenses somos ingenuos y que se nos olvida que algunos de esos diputados, que ahora forman parte de la dictadura mediática, el editorialista de La Prensa y el director de El Nuevo Diario, confabulados con Ramírez, pactaron con la derecha política parlamentaria, para promover una profunda reforma constitucional, que fue rechazada por la presidenta de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro, porque la despojaba de varias facultades que estipulaba la anterior Carta Fundamental de la República.

Por esa razón, se provocó una crisis institucional y se vieron obligados a elaborar la primera Ley Marco, con el propósito de postergar la aplicación de esas reformas constitucionales.

Esa enmienda constitucional estableció que se requerían 56 votos para elegir a altos funcionarios del Estado, entre ellos magistrados judiciales, electorales, Superintendente de Bancos y el Contralor de la República; e incluyeron las inhibiciones a varios candidatos presidenciales ejecutadas por doña Rosa Marina Zelaya, ex titular del Poder Electoral.

Doña Rosa Zelaya decapitó políticamente a Álvaro Robelo con su Movimiento Arriba Nicaragua, Edén Pastora del Partido Acción Democrática, Haroldo Montealegre de Partido de Unidad Liberal (PUL), y Antonio Lacayo, del desaparecido Proyecto Nacional (Pronal), ex ministro de la presidencia y yerno de doña Violeta Barrios.

De igual manera, se estableció el cociente electoral, mecanismo que permitió que Zelaya del MRS, designara a su marido Jorge Samper como diputado ante el Parlamento nicaragüense.

El escenario de la celebración del 19 de julio no escapó a las críticas de la dictadura mediática.

Cuestionaron la colocación en la plaza la Fe de la bandera de Nicaragua, que la derecha oligárquica pretendió por muchos años apropiarse de ese símbolo patrio, en un intento por contraponerla con la bandera roja y negra.

Los patrones de la comunicación, también se rasgan las vestiduras porque el gobierno ha mencionado la posibilidad de impulsar una enmienda constitucional con supuestos fines reeleccionistas de Daniel Ortega.

Ya no recuerdan que el «demócrata» Sergio Ramírez, que en los años ochenta gobernó Nicaragua junto a Daniel Ortega, se postuló en 1990 para reelegirse en el cargo.

Otro eje de ataques de la derecha mediática fue la decisión del Frente Sandinista de otorgar el carné de militantes a buena parte de los nicaragüenses que así lo desean y que a la fecha se contabilizan a más de un millón en sus filas.

Para ello, utilizaron al ex miembro de la Dirección Nacional de origen mexicano, Víctor Tirado, conocido popularmente como «Chachalaco», quién en abierto desprecio hacia el pueblo, se refirió a los nuevos militantes como «manadas e ignorantes».

«Deploro que sea de masas ignorantes, no un partido de masas de voluntad propia. No puede darle carné a una cantidad de gente como una manada a la que le das de comer», expresó Tirado.

Con este pensamiento retrógrado, no puedo imaginar que este ex guerrillero sandinista y ex compañero de lucha de Daniel Ortega en la facción tercerista del FSLN, haya pertenecido durante diez años al gobierno revolucionario que lo destacó para atender a la dirigencia de organizaciones y cooperativas del país.

¿Cuánto le habrá costado participar en la celebración del 19 de julio de 1979? ¿Le habrá dado la mano a los líderes campesinos, cuando se reunía con ellos?, ¿Qué habrá tenido que hacer para compartir con los «ignorantes» en la montaña?

«Si la calidad se estudia por volumen pues… usted puede hacer un frente de masas, pero no un frente de cuadros, porque los cuadros no se hacen de la noche a la mañana», agregó Tirado.

Suponía que Víctor Tirado era más humilde y que tenía cierto respeto por las masas populares, que encabezados por el FSLN, derrocaron a Somoza.

Le recuerdo señor Tirado, que no son los cuadros los que conceden los votos a los candidatos y cualquier partido político está obligado a incrementar sus bases para competir en las urnas. Las elecciones no se ganan con minorías selectas de clubes sociales.

Para Tirado y otros ex dirigentes sandinistas, la revolución terminó en 1990, con la derrota electoral.

Eso se lo deberían de preguntar a los miles de beneficiados de los proyectos sociales que ejecuta el gobierno del comandante Ortega, entre ellos, la alfabetización, que ha disminuido sensiblemente el índice de iletrados heredados de los gobiernos neoliberales en los últimos 16 años; y los programas Amor, Hambre Cero, Usura Cero, Calles y Casas para el pueblo, educación y salud gratuita, la masiva entrega de títulos de propiedad, y restitución de la vista a personas de escasos recursos, enviados a practicarse cirugías a Cuba y Venezuela.

No crea en las publicaciones gubernamentales sobre el avance de estos programas sociales, solamente lea el estudio del Instituto para del El Desarrollo y la Democracia (IPADE), que indica que el trabajo del mandatario es visto como positivo por el 52 por ciento de los encuestados.

Todos estos programas y proyectos, señor Tirado, forman parte de los compromisos asumidos por la revolución con los pobres de Nicaragua desde el 19 de julio de 1979.

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